Publicado: 12 May 2006 21:33
Lo prometido es deuda:
El miedo es una reacción aprendida, lo que demostró de forma experimental el psicólogo y pionero conductista John Watson. Lo que quiere decir que si el miedo puede aprenderse, puede también desaprenderse.
El miedo puede desaprenderse rápidamente mediante métodos de terapia conductista como la desensibilización sistemática, que consiste en irse exponiendo poco a poco al objeto fuente del miedo. Dicha exposición puede ser al objeto real, o llevarse a cabo mediante la imaginación de dicha exposición.
Biológicamente, ¿dónde reside el miedo, junto con el resto de nuestras emociones? Citaré párrafos de obras del psicólogo Daniel Goleman:
"El sistema límbico, también llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala cerebral (no debemos confundirlas con las de la garganta)"
"Estos centros ya funcionan en los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor o la agresión.
En el ser humano, estos son los centros de la afectividad, es aquí donde se procesan las distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas"
¿Qué pasa cuando la amígdala como comentaba APOKALIPSE se lesiona? Pues que " Los investigadores J. F. Fulton y D. F. Jacobson, de la Universidad de Yale, aportaron además pruebas de que la capacidad de aprendizaje y la memoria requieren de una amígdala intacta: pusieron a unos chimpancés delante de dos cuencos de comida. En uno de ellos había un apetitoso bocado, el otro estaba vacío. Luego taparon los cuencos. Al cabo de unos segundos se permitió a los animales tomar uno de los recipientes cerrados. Los animales sanos tomaron sin dudarlo el cuenco que contenía el apetitoso bocado, mientras que los chimpancés con la amígdala lesionada eligieron al azar; el bocado apetitoso no había despertado en ellos ninguna excitación de la amígdala y por eso tampoco lo recordaban."
Por lo tanto, una amígdala dañada supone no sólo la pérdida del miedo, sino de la capacidad del aprendizaje y hasta de la memoria.
¿Podemos decir entonces que el miedo reside en nuestro sistema límbico? Sí, pero matizando,
"Hace aproximadamente cien millones de años aparecieron los primeros mamíferos superiores. La evolución del cerebro dio un salto cuántico. Por encima del bulbo raquídeo y del sistema límbico la naturaleza puso el neocórtex, el cerebro racional.
A los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente, de comprender las relaciones globales existentes, y de desarrollar un yo consciente y una compleja vida emocional."
"Por otro lado -esto se puso de manifiesto en experimentos con pacientes que tienen el cerebro dañado-, esas sensaciones quedarían anuladas sin la participación del cerebro emocional. Por sí mismo, el neocórtex sólo sería un buen ordenador de alto rendimiento.
Los lóbulos prefrontales y frontales juegan un especial papel en la asimilación neocortical de las emociones. Como ‘manager’ de nuestras emociones, asumen dos importantes tareas:
· en primer lugar, moderan nuestras reacciones emocionales, frenando las señales del cerebro límbico.
· en segundo lugar, desarrollan planes de actuación concretos para situaciones emocionales. Mientras que la amígdala del sistema límbico proporciona los primeros auxilios en situaciones emocionales extremas, el lóbulo prefrontal se ocupa de la delicada coordinación de nuestras emociones.
Cuando nos hacemos cargo de las preocupaciones amorosas de nuestra mejor amiga, tenemos sentimientos de culpa a causa del montón de actas que hemos dejado de lado o fingimos calma en una conferencia, siempre está trabajando también el neocórtex. "
Es decir, cuando trabaja el sistema límbico lo hace en coordinación con el neocórtex; por otra parte sin el sistema límbico, no seriamos más que ordenadores sin sentimientos ni motivación.
Conclusión, el miedo se aprende y desaprende; el cerebro es una máquina muy compleja donde sus varios elementos trabajan en equipo. Podemos tener control sobre nuestro miedo, podemos llegar a ejercer ese control mediante un entrenamiento adecuado.
A Bandura lo dejamos para mejor ocasión, que este ladrillo ya se ha hecho muy plomizo.
Un saludo, amigos.
El miedo es una reacción aprendida, lo que demostró de forma experimental el psicólogo y pionero conductista John Watson. Lo que quiere decir que si el miedo puede aprenderse, puede también desaprenderse.
El miedo puede desaprenderse rápidamente mediante métodos de terapia conductista como la desensibilización sistemática, que consiste en irse exponiendo poco a poco al objeto fuente del miedo. Dicha exposición puede ser al objeto real, o llevarse a cabo mediante la imaginación de dicha exposición.
Biológicamente, ¿dónde reside el miedo, junto con el resto de nuestras emociones? Citaré párrafos de obras del psicólogo Daniel Goleman:
"El sistema límbico, también llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala cerebral (no debemos confundirlas con las de la garganta)"
"Estos centros ya funcionan en los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor o la agresión.
En el ser humano, estos son los centros de la afectividad, es aquí donde se procesan las distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas"
¿Qué pasa cuando la amígdala como comentaba APOKALIPSE se lesiona? Pues que " Los investigadores J. F. Fulton y D. F. Jacobson, de la Universidad de Yale, aportaron además pruebas de que la capacidad de aprendizaje y la memoria requieren de una amígdala intacta: pusieron a unos chimpancés delante de dos cuencos de comida. En uno de ellos había un apetitoso bocado, el otro estaba vacío. Luego taparon los cuencos. Al cabo de unos segundos se permitió a los animales tomar uno de los recipientes cerrados. Los animales sanos tomaron sin dudarlo el cuenco que contenía el apetitoso bocado, mientras que los chimpancés con la amígdala lesionada eligieron al azar; el bocado apetitoso no había despertado en ellos ninguna excitación de la amígdala y por eso tampoco lo recordaban."
Por lo tanto, una amígdala dañada supone no sólo la pérdida del miedo, sino de la capacidad del aprendizaje y hasta de la memoria.
¿Podemos decir entonces que el miedo reside en nuestro sistema límbico? Sí, pero matizando,
"Hace aproximadamente cien millones de años aparecieron los primeros mamíferos superiores. La evolución del cerebro dio un salto cuántico. Por encima del bulbo raquídeo y del sistema límbico la naturaleza puso el neocórtex, el cerebro racional.
A los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente, de comprender las relaciones globales existentes, y de desarrollar un yo consciente y una compleja vida emocional."
"Por otro lado -esto se puso de manifiesto en experimentos con pacientes que tienen el cerebro dañado-, esas sensaciones quedarían anuladas sin la participación del cerebro emocional. Por sí mismo, el neocórtex sólo sería un buen ordenador de alto rendimiento.
Los lóbulos prefrontales y frontales juegan un especial papel en la asimilación neocortical de las emociones. Como ‘manager’ de nuestras emociones, asumen dos importantes tareas:
· en primer lugar, moderan nuestras reacciones emocionales, frenando las señales del cerebro límbico.
· en segundo lugar, desarrollan planes de actuación concretos para situaciones emocionales. Mientras que la amígdala del sistema límbico proporciona los primeros auxilios en situaciones emocionales extremas, el lóbulo prefrontal se ocupa de la delicada coordinación de nuestras emociones.
Cuando nos hacemos cargo de las preocupaciones amorosas de nuestra mejor amiga, tenemos sentimientos de culpa a causa del montón de actas que hemos dejado de lado o fingimos calma en una conferencia, siempre está trabajando también el neocórtex. "
Es decir, cuando trabaja el sistema límbico lo hace en coordinación con el neocórtex; por otra parte sin el sistema límbico, no seriamos más que ordenadores sin sentimientos ni motivación.
Conclusión, el miedo se aprende y desaprende; el cerebro es una máquina muy compleja donde sus varios elementos trabajan en equipo. Podemos tener control sobre nuestro miedo, podemos llegar a ejercer ese control mediante un entrenamiento adecuado.
A Bandura lo dejamos para mejor ocasión, que este ladrillo ya se ha hecho muy plomizo.
Un saludo, amigos.

