"Colegas" a la fuerza
Publicado: 29 Mar 2005 12:13
Hola a todos:
No, no me refiero -con un título tan aparentamente familiar- a esa galería de mitos de las AA.MM. y Deportes de Contacto, que, desde los comienzos de mi andadura en el arduo e inacabable camino de las Artes Disciplinarias, han figurado en mi panteón personal de dioses como referencia idealizada del artista marcial íntegro -Bruce Lee, Gichin Funakoshi, Morihei Ueshiba, Chen Fake, Sogaku Takeda, Yip Man, Helio Gracie, etc.- que destaca, entre sus coetáneos, por su faceta en un determinado campo (docente, combativo, artístico, investigador..); ojalá tratara este post de esas figuras señeras que han marcado un camino a seguir para todos aquellos que nos dedicamos a las AA.MM. Con mi mensaje pretendo rendir un homenaje a esos compañeros de entrenamiento, que tanto abundan en los dojos, kwoons, dojangs y gimnasios de nuestro territorio hispano. Me explicaré: cuando nos matriculamos en una determinada escuela, comenzamos a convivir -al menos unas cuatro horas semanales- con una serie de compañeros que practican el mismo arte marcial o sistema de combate que nosotros. Unos nos aventajan en veteranía, al iniciar su senda marcial antes que nosotros; otros parten de la misma base, entrenando al mismo ritmo que nosotros; y los menos, pasan por la escuela como flor que lleva el viento, dándose de baja a los pocos meses.
En todo caso, desde el principio -y sobre este extremo podrían ilustrarnos mejor los sociólogos- uno se percata al pisar el tatami de entrenamiento que entre nuestros compañeros se forman grupitos de personas, con una afinidad especial, que comparten impresiones tanto dentro como fuera del gimnasio, no siendo raro que se reúnan para disfrutar de su tiempo de ocio juntos. Los alumnos más antiguos, por tanto, suelen abrogarse una serie de prebendas, por mor de su experiencia; en contraposición a estos, hay una serie de alumnos -digamos que segregados del grupito dominante- que rivalizan por acaparar la atención del docente para avanzar en el arte; el resto, pues... tenemos que ir aprendiendo la lección.
En mi caso personal, puedo confesar, ni rubor en mis mejillas, que rápidamente congenié con ambas facciones, siéndome revelados secretillos de la organización y administración del gimnasio. Pero, claro, era de prever que, tarde o temprano, las suspicacias brotasen entre mis compañeros (¿cómo puede este lobillo conseguir ser aceptado en todos los cenáculos?), que hoy me han demostrado que, para ser uno de ellos, debo posicionarme en uno u otro lado. Hasta ahora, cuando me reunía con el grupo alfa (por denominarlo de una forma científica, jajajaja...) me reía de sus comentarios sobre el grupo beta, y viceversa. De esta manera mi neutralidad estaba asegurada.
Pero es evidente que en la guerra, desconfía y acertarás. Seguro que ambos grupitos tienen un ego descomunal, que no les cabe en el cuerpo, pero en el fondo no dejan de ser unas personas inseguras que precisan de la fuerza del grupo para autoafirmarse. Y, para refrendar mis suposiciones, hoy una de mis fieles amigas del grupo alfa me ha lanzado una pulla (algo así como que era un chivatillo, jo, ¡qué fuerte!, como diría Jorge Javier Vázquez), porque, seguro que sin darme cuenta, comenté algo con el lugarteniente del grupo beta, que se había hablado en una asamblea del grupo alfa. El caso es que, tras zaherirme con su insidioso comentario, el grupito empezó a mirarme de forma distinta, provocarme con salidas de tono... y, jejeje, incluso a ignorarme...
En fin, que el clima está un poco tenso... Y es que la falta de seguridad en uno mismo obliga a las personas a ser desconfiadas... Espero que el tiempo les haga ver que no soy una amenaza para ellos... Jojojo... Y si no, ¡que les den morcilla! Desde luego, a partir de ahora sé que son unos cabritos, que según el día te pueden dar una cornada...
No me importa, intentaré resistir en capear que me viene encima, sin plantar cara, porque el enfrentamiento es lo que buscan... Y, hay que tener astucia (lupina, por supuesto), evitando darles a toda costa lo que buscan, un excusa para lanzarse a mi yugular. Tai sabaki, decía mi antiguo profesor de Tai Jitsu.
Quizá con el tiempo sea yo quien aferre con mis caninos sus cuellos...

Un saludo,
Fer
No, no me refiero -con un título tan aparentamente familiar- a esa galería de mitos de las AA.MM. y Deportes de Contacto, que, desde los comienzos de mi andadura en el arduo e inacabable camino de las Artes Disciplinarias, han figurado en mi panteón personal de dioses como referencia idealizada del artista marcial íntegro -Bruce Lee, Gichin Funakoshi, Morihei Ueshiba, Chen Fake, Sogaku Takeda, Yip Man, Helio Gracie, etc.- que destaca, entre sus coetáneos, por su faceta en un determinado campo (docente, combativo, artístico, investigador..); ojalá tratara este post de esas figuras señeras que han marcado un camino a seguir para todos aquellos que nos dedicamos a las AA.MM. Con mi mensaje pretendo rendir un homenaje a esos compañeros de entrenamiento, que tanto abundan en los dojos, kwoons, dojangs y gimnasios de nuestro territorio hispano. Me explicaré: cuando nos matriculamos en una determinada escuela, comenzamos a convivir -al menos unas cuatro horas semanales- con una serie de compañeros que practican el mismo arte marcial o sistema de combate que nosotros. Unos nos aventajan en veteranía, al iniciar su senda marcial antes que nosotros; otros parten de la misma base, entrenando al mismo ritmo que nosotros; y los menos, pasan por la escuela como flor que lleva el viento, dándose de baja a los pocos meses.
En todo caso, desde el principio -y sobre este extremo podrían ilustrarnos mejor los sociólogos- uno se percata al pisar el tatami de entrenamiento que entre nuestros compañeros se forman grupitos de personas, con una afinidad especial, que comparten impresiones tanto dentro como fuera del gimnasio, no siendo raro que se reúnan para disfrutar de su tiempo de ocio juntos. Los alumnos más antiguos, por tanto, suelen abrogarse una serie de prebendas, por mor de su experiencia; en contraposición a estos, hay una serie de alumnos -digamos que segregados del grupito dominante- que rivalizan por acaparar la atención del docente para avanzar en el arte; el resto, pues... tenemos que ir aprendiendo la lección.
En mi caso personal, puedo confesar, ni rubor en mis mejillas, que rápidamente congenié con ambas facciones, siéndome revelados secretillos de la organización y administración del gimnasio. Pero, claro, era de prever que, tarde o temprano, las suspicacias brotasen entre mis compañeros (¿cómo puede este lobillo conseguir ser aceptado en todos los cenáculos?), que hoy me han demostrado que, para ser uno de ellos, debo posicionarme en uno u otro lado. Hasta ahora, cuando me reunía con el grupo alfa (por denominarlo de una forma científica, jajajaja...) me reía de sus comentarios sobre el grupo beta, y viceversa. De esta manera mi neutralidad estaba asegurada.
Pero es evidente que en la guerra, desconfía y acertarás. Seguro que ambos grupitos tienen un ego descomunal, que no les cabe en el cuerpo, pero en el fondo no dejan de ser unas personas inseguras que precisan de la fuerza del grupo para autoafirmarse. Y, para refrendar mis suposiciones, hoy una de mis fieles amigas del grupo alfa me ha lanzado una pulla (algo así como que era un chivatillo, jo, ¡qué fuerte!, como diría Jorge Javier Vázquez), porque, seguro que sin darme cuenta, comenté algo con el lugarteniente del grupo beta, que se había hablado en una asamblea del grupo alfa. El caso es que, tras zaherirme con su insidioso comentario, el grupito empezó a mirarme de forma distinta, provocarme con salidas de tono... y, jejeje, incluso a ignorarme...
En fin, que el clima está un poco tenso... Y es que la falta de seguridad en uno mismo obliga a las personas a ser desconfiadas... Espero que el tiempo les haga ver que no soy una amenaza para ellos... Jojojo... Y si no, ¡que les den morcilla! Desde luego, a partir de ahora sé que son unos cabritos, que según el día te pueden dar una cornada...
No me importa, intentaré resistir en capear que me viene encima, sin plantar cara, porque el enfrentamiento es lo que buscan... Y, hay que tener astucia (lupina, por supuesto), evitando darles a toda costa lo que buscan, un excusa para lanzarse a mi yugular. Tai sabaki, decía mi antiguo profesor de Tai Jitsu.
Quizá con el tiempo sea yo quien aferre con mis caninos sus cuellos...

Un saludo,
Fer
