Sacado del retorno de los charlatanes
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la información sobre el LHC no siempre era de pata negra, había numerosas tonterías, malentendidos de reporteros de orgullosa ignorancia, traducciones para echarse a llorar y confusiones como para repartir soplamocos entre los responsables pero, bueno, pensaba uno, al menos entre tanta oratez se colaban datos reales y relevantes que llamaban la atención del público hacia lo que hacen los científicos (para que la gente deje de creer, por ejemplo, que la ristra de falacias que escupe el doctor José Cabrera tiene algo que ver con la "ciencia").
Cierto, parte del meneo informativo se debía a la delirante, estúpida e irresponsable acusación lanzada sólo por dos pelagatos, Walter Wagner y Luis Sancho, que aseguran, porque se les ocurrió y suena guay, que el LHC causará el fin del mundo, y muchos medios, con similar irresponsabilidad y una ignorancia que no están dispuestos a contaminar con hechos y datos, retomaron sus rebuznos hablando de un "debate científico" (que no existe, como veremos) y repitiendo el tema del "fin del mundo" pero no porque les pareciera guay, sino porque vende periódicos y revistas, y atrae público televidente y radioescucha.
Por supuesto, uno esperaría que los dos irresponsables fueran ante la justicia para responder por su participación en la muerte de esta inocente. Pero sabemos bien que Walter Wagner y Luis Sancho podrán seguir con su promoción de diversos delirios para salir en los medios.
Esta chica no estaría muerta si los medios no le hubieran hecho caso a la dupla letal Wagner-Sancho, o si al menos hubieran preguntado realmente en qué se basa la campaña del miedo lanzada por estos dos chupaflautas. Si se hubieran interesado en enterarse habrían visto rápidamente que Sancho y Wagner no tienen ninguna base, ninguna justificación para su rollo