Esto estará bastante largo, pero vale la pena leerlo para luego cada quien formular sus propias conclusiones:
Tomado de: http://www.masterkungfu.com.ar
Nota I
Revista El Trainer, año 1, número 2, mayo del año 2000
Las formas modernas y las competencias de Taolu
Las Artes Marciales Chinas se han desarrollado de manera permanente durante toda la historia de ese país. Y como todos sabemos, la historia china se extiende hasta muy atrás en el tiempo. Mas aun, numerosos historiadores se niegan a aceptar como ciertos los datos anteriores al 1766 a. de C., fecha en la que aparece la escritura, lo que le resta a la friolera de algo más de 1.000 años que pasan a ser prehistoria o Periodo Legendario.
Durante el mencionado período, la tradición oral registra la existencia de cinco primeros emperadores, seguidos luego por otros diecisiete pertenecientes a la Dinastía Xia. Entre los mencionados cinco, el emperador Huangdi enseñó el Arte de la Medicina y la fabricación de instrumentos de trabajo, inventó la rueda y derrotó a los bárbaros utilizando armas de jade. De ser reales estas afirmaciones, Huangdi sería también el creador de las Artes Marciales Chinas, o para decirlo de un modo más preciso, de un Arte Marcial. Porque es sabido que en China existen varias modalidades marciales, (y han habido muchas más), que han merecido, por sus características propias, el nombre de Artes.
Cada una de estas modalidades tiene y/o tuvo un nombre propio: Shoupu, Shuaichiao, Bajiquan, Pigüaquan, Tanglangquan, Taijiquan, Shaolinquan, Baguazhang, Xingyiquan, etc. Para referirse en forma genérica a todas ellas, sólo existe en idioma chino un término lógico: WUSHU (Wu = militar, marcial; Shu = arte/s), es decir Artes Marciales. Hasta hace muy pocos años, los chinos no aceptaron ni reconocieron ningún otro término genérico para sus métodos de combate, ni siquiera Gongfu (o Kungfu), cuya traducción es, “habilidad, técnica, arte, referido a actores, artesanos, gimnasias, etc.”. El uso de este término en occidente, fue traído por el sacerdote jesuita Jean-Joseph-Marie Amiot (1718-1793), quien denominó así a los ejercicios de Qigong (Neigong), que había visto realizar en China a los mojes taoístas.
Con el triunfo de la revolución socialista en el año 1949, los maestros chinos de Wushu (en cualquiera de sus ramas) dejaron, por temor o prudencia, de enseñar públicamente. Y era lógico: nadie sabía la actitud que el nuevo sistema, materialista y ateo por definición, tomaría con sistemas antiguos y ligados muchos de ellos creencias religiosas o escuelas filosóficas. En 1950 Maozedong (Maotzetung) llamó, a través de un discurso, a todos los expertos en “Deportes Tradicionales” para que ayudaran al pueblo a “hacer salvaje el cuerpo y dócil la mente”.
Los mejores Maestros de Artes Marciales fueron incorporados entonces al Ministerio de la Salud del Pueblo para que se dedicaran a la enseñanza y la investigación. A partir de ese momento, las formas más antiguas de cada Arte o Estilo fueron llevadas al conocimiento público, y se crearon escuelas Wushu de nivel terciario. Los maestros e inclusive algunos estudiantes o grupos de ellos en estas escuelas, como trabajo o tesis individual, se dedicaron a encontrar datos técnicos de estilos ya desaparecidos, a fin de recuperarlos.
Sin embargo, la enorme cantidad de artes o estilos dificultaba la posibilidad de la difusión masiva. A fin de incorporar la enseñanza en todos los niveles educacionales, era necesario un programa único para todo el país, con la incorporación de formas standard. Buscar dichas formas entre los estilos tradicionales era, a la vez, arduo e injusto, ya que solo algunas de unos pocos estilos tendrían la posibilidad de ser seleccionados. Por esta razón, los Maestros decidieron diseñar nuevas serie para ser enseñadas como base en todo el país, dejando librado en cada lugar a que además se continuara con la enseñanza de las formas tradicionales de cada provincia o minoría étnica.
De este modo, en China comenzaron a coexistir dos modalidades de Wushu, el de los estilos originales y el de las formas standard o “Wushu Moderno”. Las Formas Standard fueron diseñadas de acuerdo a cuatro niveles de dificultad, teniendo como guia las principales técnicas de los estilos más difundidos, y en un principio recibieron el nombre genérico Yanquan (Boxeo Experimental). Los niveles de dificultad son los siguientes: 1) Nianqing (Joven); 2) Chuji (Elemental), denominado comúnmente “Nivel C”; 3)Yizu (Segundo Grupo), o “Nivel B”; 4) Jiazu (Primer Grupo), o “Nivel A”. Para cada uno de esos niveles, de los cuales el último mencionado es el más alto, se crearon secuencias de Chanquan (Boxeo Norteño), Nanquan (Boxeo Sureño), Jian (Espada), Dao (Sable),Gun(Bastón) y Qiang (Lanza).
Cuando a partir de 1953 comenzaron a realizarse torneos nacionales de Wushu en China, quienes se presentaban en ellos con formas tradicionales de los diferentes estilos, se vieron en desventaja frente a los competidores de las formas modernas de “Nivel A”. Por esta razón, los Maestros de cada uno de los Estilos más conocidos diseñaron formas que, respetando las técnicas particulares de los mismos, destacaban las más dificultosas y espectaculares. Estas formas tienen exigencias físicas similares al mayor nivel de las modernas.
En cuanto al Taijiquan, si bien su evolución mas reciente es similar a la de los demás Artes Marciales, las causas que motivaron dicha evolución son diferentes. El gobierno chino supo ver la importancia que el mismo tenía desde el punto de vista de la salud, tanto a nivel preventivo como curativo. Por esta razón, su rápida difusión se consideró casi una cuestión de estado. El diseño del Jianhua Taijiquan (Taijiquan Simplificado) de solo 24 técnicas, logró reunir en una estructura lógica los principales movimientos del Estilo Yang, el más conocido de los cinco tradicionales, quitándole las repeticiones innecesarias y las acciones de mayor exigencia física. Esto permitió la rápida enseñanza a nivel masivo, en especial entre los ciudadanos de mayor edad. El Taijiquan Simplificado se puede ubicar entre las formas de nivel "C'. Luego se diseñó una forma de 48 técnicas, comparable al nivel “B”, y otra de 67 técnicas y alto grado de dificultad, con un nivel asimilable al “A”.
Durante la década del ‘70, ante el auge que las Artes Marciales Chinas tomaron en todo el mundo, el gobierno chino vislumbró la posibilidad de llegar a proponerlas como disciplina olímpica. Para ello era indispensable limitar las categorías de competición y la cantidad de estructuras con las que era posible competir. Hacia 1979 comenzaron a invitar a competidores de otros países, a fin de poder apreciar su nivel. Comprendieron entonces que las formas “A”, que en su mayoría contienen destrezas de gran exigencia atlética, eran demasiado difíciles para los competidores promedio de occidente. Por esta razón diseñaron otro nivel de formas, el Jingsai (Competición) que limitaba la cantidad y dificultad de las destrezas. Las mismas son conocidas como Formas Oficiales, y tienen categorías propias en los torneos de las federaciones internacionales más importantes.
Sin embargo, no todas las formas Jingsai pueden ser denominadas Oficiales. Solo merecen ese nombre nueve de ellas, a saber: 1) Changquan, 2) Nanquan, 3) Dao, 4) Jian, 5) Gun, 6) Qiang, 7) Nandao,

Nangun y 9) Taijiquan (de 42 técnicas, que son las únicas permitidas para esas categorías. Por fuera de éstas, existen formas Jingsai de Taijijian (Taiji con espada), de cuatro de los cinco estilos más conocidos de Taijiquan, de Baguazhang, Xingyiquan, y numerosos estilos de lo que denominamos Kungfu.
Todo lo anterior sirve como argumento a mi opinión de lo que algunos plantean como debate: ¿Es el Wushu Moderno diferente del Tradicional?. A mi juicio, NO. El llamado Wushu Moderno constituye la etapa más nueva en el desarrollo que las Artes Marciales Chinas han tenido a lo largo de más de 3.000 años, y aportaron al Wushu Tradicional aquello que le faltaba para que su difusión, a nivel mundial, se produjera de una manera ordenada y con proyecciones futuras.
Queda para una próxima nota el analizar qué y cuánto debió ser sacrificado para transitar este camino, y si las formas modernas del Wushu poseen la misma calidad marcial que las tradicionales.
Nota II
Revista El Trainer, año 1, número 3, junio del año 2000
Lo ganado y lo perdido
Todo deporte que aspire a alcanzar el status de olímpico necesita reunir, como mínimo 50 países con practicantes masculinos y/o 35 con practicantes femeninos. Cuando los chinos visualizaron la posibilidad de llevar el Wushu a dicho status, estaban lejos aun de llegar a esa cantidad. Era imprescindible lograr una rápida difusión. Hacer conocer las formas standard en aquellos países donde existían escuelas serias de Wushu tradicional era relativamente simple, pero lograrlo en los que el Wushu era totalmente desconocido, o en los que solo existían aventureros y charlatanes, era sumamente dificultoso.
En una primera etapa, comenzaron por enviar a un equipo de sus campeones nacionales para que realizaran demostraciones en los países “centrales” que ya poseían escuelas de Wushu tradicional. La primera exhibición se realizó en Seattle, USA, en 1972, luego que Nixon decidió restablecer relaciones diplomáticas con la República Popular China. Siguieron luego en las principales capitales europeas, Japón y en el sudeste de Asia.
No todos los Maestros chinos aceptaron de buen grado las nuevas formas, por diversas razones a saber: 1) Una gran cantidad de ellos, “chinos de ultramar”, eran opositores al régimen socialista establecido en China desde 1949; 2) Algunos consideraban que esas rutinas se alejaban del espíritu original del Wushu; 3) Otros no querían aprender las formas modernas, o no se sentían capacitados para intentarlo; 4) También habían, entre los más ancianos y prestigiosos, los que consideraban que ya no estaban con edad para regresar a la condición de aprendiz, o que “perdían nivel” al hacerlo. Aun así, los que aceptaron el reto fueron suficientes, y rápidamente recibieron invitaciones para tomar cursos en China, en primer lugar los Maestros y más tarde, los competidores más osados que se atrevieron a presentar formas standard en los torneos locales.
Poquísimos afortunados pudieron permanecer en China durante períodos lo suficientemente prolongados como para incorporarse a una escuela terciaria de Wushu. El resto, luego de un cursillo de nivel turístico de no mas de un mes de duración, en el que difícilmente llegaran a aprender una secuencia completa, regresaban a sus países de origen con libros y videos de las formas modernas. Fue con ese tipo de material didáctico, que los chinos difundieron las nuevas rutinas.
Tradicionalmente, en Artes Marciales, las formas constituían un medio para registrar las técnicas de cada estilo, y permitían a los practicantes estudiarlas y entrenarlas de una manera ordenada junto a sus posibles aplicaciones, desarrollando ciertas cualidades físicas a través de los gestos propios del Arte. Sin embargo, la difusión de las nuevas secuencias tuvieron un efecto inesperado, ya que numerosos competidores e instructores comenzaron a tomar su práctica como un fin. Es decir, para ellos, las formas dejaron de ser una herramienta en el proceso de aprendizaje del Arte Marcial, y se transformaron en simples rutinas, principio y fin de un deporte. Tomadas con semejante óptica, las competencias de Taolu difieren en muy poco de las de gimnasia deportiva.
De hecho, cada técnica de las rutinas oficiales proviene de los estilos tradicionales y tiene también, como en estos, aplicaciones posibles que le dan sentido a la trayectoria, continuidad, terminación, velocidad y fuerza. La mayoría de los nuevos practicantes, alumnos de los instructores que tomaron las formas como fin en sí mismas, desconocía totalmente esas aplicaciones y nunca se las enseñaron. Por esta razón comenzaron a interpretar los movimientos a su gusto y manera, destacando los que mejor lograban, interrumpiendo los movimientos donde más les gustaba, modificando las trayectorias, poniendo fuerza o velocidad donde les venía en gana. Y el problema se agudizaba cuando los movimientos, estudiados de un libro o video, eran analizados por aventureros sin la más mínima base marcial.
En su afán de una difusión más rápida, los chinos aceptaron esta perversión, y hasta la alentaron de una manera suicida para la esencia marcial del Arte. Como no podían ser únicos jueces y parte, se impusieron a sí mismos la obligación de formar árbitros extranjeros, y lo hicieron a través de cursos cortos e ineficientes de unos pocos días, o a veces unas pocas horas de duración.
Muchos de los que participaron en esos cursos ni siquiera conocían las formas, pero aun así recibieron su certificado y los exhibieron en sus propios países. Eso les dio el derecho a ocupar una silla de juez en los siguientes mundiales, con los resultados que podían esperarse. De esos resultados existe al menos una prueba irrefutable: durante el Mundial que la Federación Internacional de Wushu realizó en Baltimore en 1995, el filipino Lester Pimental ganó la categoría espada, a pesar que salteo 18 técnicas de un total de 53 que componen la forma oficial de dicho arma. Salió segundo un mongol que realizó su forma completa y sin errores demasiado notables. Ninguno de los cinco jueces se dio cuenta del “pequeño olvido”, ni los jueces de mesa, ni los entrenadores de los demás competidores de esa categoría. El canal ESPN pasó un resumen del torneo y muchos, como yo, lo tienen grabado; los invito a que lo vean. Y no quiere decir que esa haya sido la única falta que puede observarse en lo proyectado, pero es la más grosera y por ella, Pimental no podía ganar la categoría aunque sus adversarios hubiesen competido maniatados.
Ante críticas como esta, alguien me contestó una vez “Son criterios de los jueces”. Un juez no puede juzgar con criterio propio, sino que es solo un instrumento para aplicar la ley. Quien hablaba conmigo desconocía ese principio, a pesar que era un juez internacional.
Lamento ser pesimista, pero creo que esta situación se agravará. Los chinos no se encuentran en posición de cambiar esa situación, porque ya no son los únicos que opinan. No todas las federaciones nacionales que integran la Federación Internacional están lideradas por personas idóneas, y estas no estarán dispuestas a reconocer su falta de idoneidad. Por esa razón creo que se cumplirá la ley del juego del “teléfono roto”: cuanto más lejos se esté del origen de lo transmitido, mayor será la distorsión. Los alumnos de quienes distorsionaron una forma, la re-distorsionarán, y los jueces de numerosas federaciones nacionales serán formados por los jueces que juzgan como se juzgó en Baltimore.
En la primera parte de esta nota, dejé pendiente la pregunta respecto a si las formas modernas de Wushu poseen la misma calidad marcial que las tradicionales; para mi, la respuesta es un Si rotundo. Pero el diseño de una forma es nada sin el ejecutante, del mismo modo que lo impreso en un libro es nada sin un lector. Sin embargo, si el lector de un libro no entiende lo que lee, lo impreso seguirá siendo nada. Lo mismo sucede con las formas oficiales y con el “Wushu Moderno”. Si los ejecutantes no entienden lo que ejecutan, si quienes los entrenaron, a su vez no lo entendieron, y si los encargados de juzgar no lo entienden tampoco, la calidad marcial de las formas oficiales no importa en absoluto.
Para quienes entraron o entran en el Wushu utilizando solamente la estrecha puerta de las Formas Oficiales, la carrera será muy corta.
Una vez aprendidas de memoria las ocho (o nueve, si además aprenden la de Taijiquan), solo les queda mejorarlas, si son competidores, hasta el tope de su estado físico. En cuanto a los entrenadores (nunca más Shifu o Maestro), el horizonte es aun más limitado.
¿Conclusiones?........
Yo me quedo con el tradicional!
Leopoldo López
Palmayulay