Martínez tiene sed de gloria
Publicado: 16 Mar 2012 10:03
En un oficio tan arduo como el del pugilismo, resulta a menudo muy ingrato el modo en que se miden los logros de sus participantes. No son pocos los que privilegian los títulos mundiales (por decorativos o poco merecidos que estos sean, a veces), y están también quienes miden con mayor recelo las cifras de ingresos económicos o de audiencias televisivas como sinónimo de éxito. Pero están también los selectos observadores que se toman la molestia de hilar fino y evaluar a cada campeón por sus logros en el mundo real.
Y cuando hablamos de logros en el mundo real, no hablamos de victorias localistas ni padrinazgos mágicos y sobreprotectores. No hablamos tampoco de protección excesiva por parte de los poderes de turno, ni de las preferencias espurias de los poderes televisivos y promocionales. Cuando hablamos de logros reales, hablamos de victorias contundentes ante púgiles invictos y ex campeones mundiales. Hablamos de choques en pesos superiores a la división natural de un boxeador, disputados con éxito aún a pesar de ser realizados continuamente en tierras extranjeras. Hablamos, en definitiva, de razones suficientes como para pasar de estar perdido en el mundo del boxeo, sin manager y sin mayores prospectos futuros, a ser considerado uno de los tres mejores peleadores del mundo en todos los pesos en menos de cuatro años. Hablamos, en definitiva, del argentino Sergio Martínez, una de las últimas pruebas vivientes de que el boxeo sigue siendo ese lugar donde las oportunidades le llegan a quienes ponen todo su empeño y dejan todo en cada presentación.
Es por eso que debe ser frustrante para Sergio Martínez (48-2-2, 27 KOs), actual campeón del mundo en el peso mediano, sufrir las constantes comparaciones con un hábil y sólido pero poco probado Julio César Chávez Jr., monarca mediano por mérito propio, pero que ha disfrutado de un ascenso meteórico escoltado por promotores, organismos rectores, medios de prensa y fanáticos excesivamente entusiastas ante un potencial tan limitado. Nada de eso sería un pecado mayor, si no fuese porque ese reconocimiento (o parte de él, para ser justos) debería también recaer sobre los hombros del zurdo Martínez, un púgil que nunca rehuyó un desafío digno de su talento y que se ha hecho de un nombre al enfrentar a peleadores que otros boxeadores (Chávez, entre ellos) se rehusaban a enfrentar por ser demasiado peligrosos. Y es esa frustración la que vuelca Martínez en cada uno de sus comentarios respecto de este tema en los días previos a su combate ante el británico/irlandés Matthew Macklin en el Madison Square Garden neoyorquino.
"La verdad es que estoy muy bien, porque no pienso en otra cosa que no sea el día 17 de marzo", aseveró Martínez en una entrevista reciente, cuando se le consultó sobre su posible y esperado combate ante Chávez Jr. "Como digo siempre, después del 17 puedo hablar de cualquier otro rival, y Chávez no tampoco un boxeador excepcional como para pensar en él, ¿sabes?".
Subestimar a Chávez como potencial oponente es apenas una más de las tácticas que ha usado el púgil argentino para intentar atraer la atención de Junior hacia un choque que le resultaría muy lucrativo a ambos. Otra de sus tácticas es ensayar un comentario sobre lo oneroso que sería, por el contrario, que ese esperado encuentro no se cristalice.
"Si no se hace el combate, a mí me afecta porque no me devuelven el cinturón y se me escapa la oportunidad de volver a tener ese cinturón", afirma Martínez, en referencia a la faja ecuménica del Consejo Mundial de Boxeo, hoy en poder de Chávez Jr. tras una serie de ardides y movidas políticas que terminaron con la designación de Martínez como "campeón emérito de diamante" y con su faja de campeón en manos del joven púgil azteca. "Y a Chávez le afecta porque cada día que pasa pierde más credibilidad, si es que algo le queda".
Y por su parte, lo que le queda a Martínez después de ese entuerto no es poco. En sus manos está hoy el título linear de peso mediano, un campeonato sin corona palpable pero con un reconocimiento universal muy superior, que defenderá este próximo sábado 17 ante Macklin (28-3, 19 KOs), un retador legítimo y de gran valía, que viene de ser robado descaradamente en su primer chance mundialista en Alemania ante el local Félix Sturm. Antes de eso, Martínez había derrotado a dos retadores invictos como Serhiy Dzinziruk y Darren Barker, dos púgiles mucho más peligrosos que los rivales previos de Chávez Jr. (Marco Antonio Rubio y Sebastian Zbik) pero que no le representan ni por asomo el nivel de reconocimientos o ingresos que le generaría un pleito con Chávez Jr. Pero aún así, la percepción general es que Martínez está haciendo las peleas de menor atractivo, y que su motivación sufrirá o se erosionará ante la negativa de los demás campeones que rodean su división (entre los que se incluyen Miguel Cotto, Floyd Mayweather y muchos otros) a enfrentarlo. Pero eso no parece quitarle concentración ni sueño al monarca mediano.
"La verdad que no pienso hoy en eso", afirma Martínez, en relación a esos combates que podrían llegar a definir su carrera a futuro. "Sé que algún combate con alguno de ellos va a salir, pero tampoco me preocupa demasiado. En estos momentos mi mayor preocupación es Matthew Macklin, y no puedo pensar en otra cosa que no sea Matthew Macklin. ¡Demasiado trabajo voy a tener con él!"
Es probable que así sea. Pero la percepción general sigue siendo que solamente Chávez Jr. le dará un desafío digno de su talento, y hasta que no llegue ese día, Martínez deberá buscar fuentes de inspiración en estos combates de menor porte en lo económico y de mucho mayor envergadura en lo boxístico, y apostar a que el mundo continúe descubriéndolo, golpe a golpe y pelea por pelea.
"Va a depender pura y exclusivamente de mí", especula Martínez, hablando sobre la posible llegada de ese reconocimiento. "Y mientras mejor haga yo las cosas, mi nombre va a seguir sonando y mi presencia va a seguir subiendo".
El objetivo de esa continuidad puede ser percibido por muchos como apenas una manera de continuar desafiando a Chávez Jr. a que se mida con él, pero es también una manera de indicarle al joven púgil mexicano que los planes de Martínez tienen por objetivo demostrar mucho más que su habilidad para vencer a Chávez Jr. en ese combate tan esperado.
"Que sigo estando entre los mejores tres libra por libra. Y que en cualquier momento paso a ser el primero. En cualquier momento", afirma Martínez, dándole entidad a su anhelo, y quizás soslayando los montos de sus bolsas y las ganancias que pueda generar ante Chávez para privilegiar los desafíos que lo ayuden a comprobar esa teoría y ese objetivo.
Porque ser campeón tiene su precio. Pero para todo lo demás, está Martínez.
Un saludo, Iván Galindo
Y cuando hablamos de logros en el mundo real, no hablamos de victorias localistas ni padrinazgos mágicos y sobreprotectores. No hablamos tampoco de protección excesiva por parte de los poderes de turno, ni de las preferencias espurias de los poderes televisivos y promocionales. Cuando hablamos de logros reales, hablamos de victorias contundentes ante púgiles invictos y ex campeones mundiales. Hablamos de choques en pesos superiores a la división natural de un boxeador, disputados con éxito aún a pesar de ser realizados continuamente en tierras extranjeras. Hablamos, en definitiva, de razones suficientes como para pasar de estar perdido en el mundo del boxeo, sin manager y sin mayores prospectos futuros, a ser considerado uno de los tres mejores peleadores del mundo en todos los pesos en menos de cuatro años. Hablamos, en definitiva, del argentino Sergio Martínez, una de las últimas pruebas vivientes de que el boxeo sigue siendo ese lugar donde las oportunidades le llegan a quienes ponen todo su empeño y dejan todo en cada presentación.
Es por eso que debe ser frustrante para Sergio Martínez (48-2-2, 27 KOs), actual campeón del mundo en el peso mediano, sufrir las constantes comparaciones con un hábil y sólido pero poco probado Julio César Chávez Jr., monarca mediano por mérito propio, pero que ha disfrutado de un ascenso meteórico escoltado por promotores, organismos rectores, medios de prensa y fanáticos excesivamente entusiastas ante un potencial tan limitado. Nada de eso sería un pecado mayor, si no fuese porque ese reconocimiento (o parte de él, para ser justos) debería también recaer sobre los hombros del zurdo Martínez, un púgil que nunca rehuyó un desafío digno de su talento y que se ha hecho de un nombre al enfrentar a peleadores que otros boxeadores (Chávez, entre ellos) se rehusaban a enfrentar por ser demasiado peligrosos. Y es esa frustración la que vuelca Martínez en cada uno de sus comentarios respecto de este tema en los días previos a su combate ante el británico/irlandés Matthew Macklin en el Madison Square Garden neoyorquino.
"La verdad es que estoy muy bien, porque no pienso en otra cosa que no sea el día 17 de marzo", aseveró Martínez en una entrevista reciente, cuando se le consultó sobre su posible y esperado combate ante Chávez Jr. "Como digo siempre, después del 17 puedo hablar de cualquier otro rival, y Chávez no tampoco un boxeador excepcional como para pensar en él, ¿sabes?".
Subestimar a Chávez como potencial oponente es apenas una más de las tácticas que ha usado el púgil argentino para intentar atraer la atención de Junior hacia un choque que le resultaría muy lucrativo a ambos. Otra de sus tácticas es ensayar un comentario sobre lo oneroso que sería, por el contrario, que ese esperado encuentro no se cristalice.
"Si no se hace el combate, a mí me afecta porque no me devuelven el cinturón y se me escapa la oportunidad de volver a tener ese cinturón", afirma Martínez, en referencia a la faja ecuménica del Consejo Mundial de Boxeo, hoy en poder de Chávez Jr. tras una serie de ardides y movidas políticas que terminaron con la designación de Martínez como "campeón emérito de diamante" y con su faja de campeón en manos del joven púgil azteca. "Y a Chávez le afecta porque cada día que pasa pierde más credibilidad, si es que algo le queda".
Y por su parte, lo que le queda a Martínez después de ese entuerto no es poco. En sus manos está hoy el título linear de peso mediano, un campeonato sin corona palpable pero con un reconocimiento universal muy superior, que defenderá este próximo sábado 17 ante Macklin (28-3, 19 KOs), un retador legítimo y de gran valía, que viene de ser robado descaradamente en su primer chance mundialista en Alemania ante el local Félix Sturm. Antes de eso, Martínez había derrotado a dos retadores invictos como Serhiy Dzinziruk y Darren Barker, dos púgiles mucho más peligrosos que los rivales previos de Chávez Jr. (Marco Antonio Rubio y Sebastian Zbik) pero que no le representan ni por asomo el nivel de reconocimientos o ingresos que le generaría un pleito con Chávez Jr. Pero aún así, la percepción general es que Martínez está haciendo las peleas de menor atractivo, y que su motivación sufrirá o se erosionará ante la negativa de los demás campeones que rodean su división (entre los que se incluyen Miguel Cotto, Floyd Mayweather y muchos otros) a enfrentarlo. Pero eso no parece quitarle concentración ni sueño al monarca mediano.
"La verdad que no pienso hoy en eso", afirma Martínez, en relación a esos combates que podrían llegar a definir su carrera a futuro. "Sé que algún combate con alguno de ellos va a salir, pero tampoco me preocupa demasiado. En estos momentos mi mayor preocupación es Matthew Macklin, y no puedo pensar en otra cosa que no sea Matthew Macklin. ¡Demasiado trabajo voy a tener con él!"
Es probable que así sea. Pero la percepción general sigue siendo que solamente Chávez Jr. le dará un desafío digno de su talento, y hasta que no llegue ese día, Martínez deberá buscar fuentes de inspiración en estos combates de menor porte en lo económico y de mucho mayor envergadura en lo boxístico, y apostar a que el mundo continúe descubriéndolo, golpe a golpe y pelea por pelea.
"Va a depender pura y exclusivamente de mí", especula Martínez, hablando sobre la posible llegada de ese reconocimiento. "Y mientras mejor haga yo las cosas, mi nombre va a seguir sonando y mi presencia va a seguir subiendo".
El objetivo de esa continuidad puede ser percibido por muchos como apenas una manera de continuar desafiando a Chávez Jr. a que se mida con él, pero es también una manera de indicarle al joven púgil mexicano que los planes de Martínez tienen por objetivo demostrar mucho más que su habilidad para vencer a Chávez Jr. en ese combate tan esperado.
"Que sigo estando entre los mejores tres libra por libra. Y que en cualquier momento paso a ser el primero. En cualquier momento", afirma Martínez, dándole entidad a su anhelo, y quizás soslayando los montos de sus bolsas y las ganancias que pueda generar ante Chávez para privilegiar los desafíos que lo ayuden a comprobar esa teoría y ese objetivo.
Porque ser campeón tiene su precio. Pero para todo lo demás, está Martínez.
Un saludo, Iván Galindo