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LA MUSCULACIÓN EN LA ADOLESCENCIA

Por Joaquín Lluciá
Artículo cortesía de Musculo y Salud


Contrariamente a como ocurría en tiempos pasados, en los que se consideraba que el deporte contribuía muy poco e incluso nocivamente al desarrollo intelectual del niño y del adolescente, hoy en día goza de un gran predicamento entre padres, maestros y educadores en general.

Ahora, más bien, la controversia se centra en el tipo de deporte adecuado y cuán lejos se pueden llevar los entrenamientos sin perjudicar el desarrollo físico y el equilibrio psicológico del joven.

Actualmente la competición deportiva obliga a una especialización temprana y se alcanzan los límites del rendimiento a edades impensables hace unos cuantos años.

Muchos son los factores que influyen en los padres a la hora de elegir el deporte más adecuado para sus hijos. Así pues, entre los factores a tener en cuenta, cabe atender a las cualidades físicas y al perfil emocional del niño, su predisposición o preferencias personales, la opinión del entrenador o educador físico, las posibilidades económicas para sufragar los gastos que se deriven de la práctica deportiva, las posibilidades materiales o de acceso a los centros deportivos, la posible influencia de los amigos, etc.

En este artículo vamos a tratar de aclarar una serie de cuestiones que hacen referencia concreta a la práctica de la musculación orientada a los adolescentes y sus posibles repercusiones en el desarrollo tanto físico como emocional para mayor tranquilidad de los padres y educadores físicos en general.

No son pocos los educadores físicos que se muestran contrarios al uso de las pesas por parte de los niños y los adolescentes aduciendo argumentos "científicos" que condenan al joven al mayor de los desastres y tildan de irresponsables a los entrenadores que las aplican en sus programas de preparación física.

Dejadme que os haga una reflexión desde la óptica de un educador físico que ha trabajado con niños, durante muchos años, aplicando la educación física en el ámbito escolar. Por mi experiencia sé que un niño que practica ciertos ejercicios en un supuesto contexto educativo o formativo, sufre más sobrecargas a nivel articular y muscular que efectuando una sesión de musculación correctamente dirigida.

Os pondré algunos ejemplos sin tan siquiera entrar, de momento, en el deporte de alto rendimiento. Cuando un niño de ocho años se carga sobre su espalda a otro niño para realizar una carrera de caballos (ejercicio habitual en cualquier clase de educación física), su espalda soporta una carga para la cual en modo alguno está preparada.

Si, además, tenemos en cuenta que la técnica de transporte no es depurada y el control, debido al ansia competitiva de los practicantes, es deficiente, nos encontramos con un tipo de práctica de alto riesgo para niños de tan corta edad.

Cuando se realiza el ejercicio de la "carretilla" en el que un niño sujeta a otro por los pies mientras éste camina con las manos por el suelo, debemos darnos cuenta de la tremenda carga que soportan sus muñecas y la tensión que experimenta su región lumbar.

Sin hablar de la que soporta el niño que sujeta por los pies al compañero.

Podríamos seguir con más ejemplos de ejercicios habituales en una clase de educación física, pero creo que con estos dos bastará para comprender que en ciertas ocasiones las posturas dogmáticas que pretenden ejemplarizar y aparecer como una guía segura para orientar el desarrollo evolutivo de los niños no constituye precisamente el mejor de los ejemplos.

¿Qué es potencialmente más perjudicial para un niño en edad de crecer, el ejercicio de los caballos o unas extensiones en máquina con una placa de cinco kilos?.

¿Qué es peor para las articulaciones de los brazos, el ejercicio de la carretilla o unas aberturas con dos mancuernas de un kilo?. Creo que la respuesta es obvia y no merece más comentarios.

Si analizamos el deporte de alta competición veremos que el grado de perjuicio que cabe esperar a todos los niveles se dispara exponencialmente.

En un estudio publicado recientemente se ponía de manifiesto que el deporte de alta competición practicado antes de finalizar los procesos de maduración anatoma-fisiológicos y psicomotrices es perjudicial y motivo del tremendo aumento de las lesiones infantiles debido al exceso de horas de práctica deportiva y de entrenamiento, no siempre supervisado por personal suficientemente cualificado.

Además, al factor riesgo se añade el hecho de que el niño posee una capacidad de percepción del riesgo mucho menor que un adulto y ello hace que le sea difícil calibrar el alcance real de una determinada práctica.

Todos los que trabajamos en el ámbito deportivo sabemos que algunos niños "esconden" sus lesiones por temor a ser excluidos de los entrenamientos o las competiciones. Incluso en algunos casos se da la preocupante circunstancia de que el temor nace de la posible represalia por parte de los padres que imponen la práctica deportiva a sus hijos con la esperanza de obtener, en el futuro, posibles beneficios económicos.

Al tratarse de personas en fase de crecimiento y, por tanto, con un sistema músculo-esquelético más vulnerable que el de un adulto, son más susceptibles a las fracturas. En esa época, es fundamental que no haya alteraciones en los cartílagos.

Por eso, un traumatismo repetido, que en un adulto no tendría tanta importancia, puede, en los niños, tener graves consecuencias. Muchos deportes son un claro ejemplo de lo que nunca tendría que ser una práctica saludable y educativa.

La gimnasia artística o la gimnasia rítmica llevadas a la práctica con una orientación competitiva se muestran como claros exponentes de lo dicho.

Restricciones en la alimentación para mantener un peso determinado, duros regímenes de entrenamiento que se extienden por espacio de varias horas al día, la presión por el resultado y las exigencias de los entrenadores, tienen como consecuencia un retraso en el crecimiento, desarreglos hormonales, desequilibrios emocionales y en ciertos casos especialmente graves la aparición de un trastorno de la propia imagen que conduce a la aparición de la anorexia nerviosa o a la bulimia.

Un estudio realizado hace unos años en Oslo reveló que casi un 40% de las integrantes de la selección noruega de gimnasia rítmica seguía un tratamiento por sufrir diferentes grados de anorexia.

Otros estudios alertan sobre el aumento en la incidencia de desordenes alimenticios, amenorrea y osteoporosis en mujeres deportistas, siendo las más susceptibles de sufrir estos problemas las que precisan mantener un peso o una apariencia corporal determinada como gimnastas, patinadoras, amazonas, corredoras de fondo o nadadoras.

También sabemos, gracias a estudios recientes, que el exceso de entrenamiento provoca, en los niños una mayor incidencia de lesiones debidas a sobrecarga. En concreto, las zonas más vulnerables son las rodillas, los codos y los tobillos, sin olvidar los desequilibrios musculares debidos a la práctica deportiva asimétrica (deportes de raqueta, lanzamientos, saltos, etc.) que terminan por afectar a la columna vertebral en forma de desviaciones como la escoliosis o la hiperlordosis.

El culturismo no escapa a esta dinámica y su máximo exponente lo encontramos en la competición y en las categorías junior. Estos atletas por medios poco naturales alcanzan a los 16 ó 17 años, niveles de desarrollo que en modo alguno se corresponden con su edad y grado de madurez biológica.

El resultado de esta política deportiva es una elevada tasa de abandono a los pocos años de haber iniciado la competición. El entrenador debe adoptar una postura sensata tendente a evitar ciertas situaciones que se están dando y que no pueden más que perjudicar al deportista como persona y al deporte en general.

El culturismo es un deporte que se basa en los años de práctica y que por fortuna, nos ofrece la posibilidad de competir a edades muy avanzadas en comparación con otros deportes.

Precipitar las cosas tan solo conduce al fracaso y a la frustración. Nuestra obligación como entrenadores, educadores y deportistas es orientar al joven hacia la práctica saludable favoreciendo su desarrollo tanto biológico, como psicológico y emocional.

Una vez el adolescente ha madurado cabe ya la posibilidad de orientar los entrenamientos con el objeto de alcanzar el máximo rendimiento y el éxito deportivo. Ello será posible si el potencial del individuo lo permite y él lo desea con la suficiente intensidad.

Una pregunta que con frecuencia formulan los padres al monitor de culturismo es a qué edad es adecuado iniciarse en el entrenamiento con pesas.

La respuesta es simple y a la vez entraña una gran responsabilidad. Los catorce años es una buena edad para iniciarse en el entrenamiento culturista, siempre y cuando se aplique con prudencia, respetando el desarrollo biológico del adolescente.

Es importante insistir en la necesidad de complementar las pesas con alguna actividad de tipo cardiovascular que mejore la funcionalidad de los sistemas cardiocirculatorio y respiratorio.

Tres sesiones semanales alternas de práctica culturista, parece lo más razonable para iniciarse. Una vez completado el desarrollo, si el alumno manifiesta un marcado interés por la práctica del culturismo, podemos establecer cuatro o cinco sesiones semanales, sin olvidar jamás el acondicionamiento cardiovascular.

En cuanto a la elección de los ejercicios más adecuados para configurar el programa de entrenamiento, daremos preferencia a aquellos que sean menos agresivos para las articulaciones y en caso de que se utilicen, el peso a manejar será siempre moderado. Por término medio, una intensidad de entrenamiento que ronde el 70% parece lo más razonable, en consecuencia, el número de repeticiones será moderadamente alto, entre 10 y 14 aproximadamente.

Debemos conceder una prioridad absoluta a la adquisición de una correcta técnica de ejecución y dedicar el tiempo que sea necesario al aprendizaje de todos los ejercicios que se incluyan en el programa de entrenamiento.

Durante la adolescencia es muy importante dar un trato prioritario al fortalecimiento de los músculos de la faja abdominal y de la espalda con el objeto de prevenir desviaciones de la postura que con el tiempo derivan en auténticas deformidades estructurales de la columna, siendo las más frecuentes la escoliosis, la cifosis y la hiperlordosis, ésta última más frecuente en las mujeres.

En definitiva, prudencia por parte del monitor y pensar que en nuestras manos está parte del futuro deportivo del adolescente y lamentablemente, esa es una responsabilidad cuya trascendencia escapa a muchos profesionales de las pesas.