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AIKIDO. MODERNO Y EFICAZ BUDO

Por Alfonso Longueira.
Alfonso Longueira Web Page


Aikido moderno, Aikido eficaz

El tiempo transcurre inexorablemente, la evolución es constante, lo que hoy es moderno, de última generación, mañana será anticuado y trasnochado, haciendo que la máxima "renovarse o morir" conserve su vigencia en todo momento.

Morihei Ueshiba no fue ajeno a ello y creó un Budo moderno; "...por lo que se dedicó a establecer un Arte Marcial que no resultara anacrónico y pudiera hacer frente a las necesidades de sus contemporáneos." (Kisshomaru Ueshiba. El Espíritu del Aikido).

Ueshiba fue, por tanto, un innovador en su tiempo, un hombre a quien los practicantes de la Daito-Ryu criticaron por cambiar el nombre de su Arte Marcial, en el momento en que su maestro, Sokaku Takeda, se encontraba aquejado de una parálisis. Sin embargo, Morihei Ueshiba está hoy considerado como uno de los Artistas Marciales más grandes de todos los tiempos, y la eficacia de sus técnicas fue reconocida por otros grandes Maestros de la época, como Jigoro Kano.

Hoy en día, las Artes Marciales tradicionales han derivado hacia prácticas deportivas de combate, propiciando la creación de nuevos deportes de contacto, que en sí son fruto de la conjunción de los estilos marciales orientales y los deportes occidentales. Tal es el caso del Full-Contact y el Kick-Boxing, en los que la fuerza bruta prima muchas veces sobre la técnica. En este tipo de disciplinas se llega incluso a practicar tan sólo una o dos técnicas hasta la saciedad, buscando la que mejor se adapte al deportista, para lograr la victoria sin importar el resto. Vivimos en los días de los campeonatos del estilo de los ValeTudo, World Fighting Championship, etc, en los cuales, individuos enormemente grandes y musculados, demuestran la eficacia de sus técnicas por medio de la fuerza con un gran despliegue de violencia.

Todo esto hace que, a ojos del profano, el Aikido parezca carente de eficacia. La situación no es nueva. Ya nos hablaba de ella Kisshomaru Ueshiba: "Al ver demostraciones de Aikido, su reacción general (la de los expectadores) es la decepción, porque esperan ver una exhibición de fuerza bruta, combate, violencia e incluso técnicas letales. A primera vista, el Aikido, con sus bellos movimientos circulares, parece no ser violento, e incluso pasivo. Se escuchan frecuentemente comentarios tales como: "Todo parece estar ensayado y planeado". "No hay culminación, no hay clímax en los movimientos". "En una situación crítica sería inservible", y así sucesivamente..." (Kisshomaru Ueshiba. El Espíritu del Aikido).

Al ser el Aikido un Arte Marcial eminentemente espiritual, los maestros hacen generalmente hincapié en ese elevado aspecto del arte, llegando a veces a convertirlo más en una danza que en una disciplina marcial, en la que un UKE, aleccionado por su maestro, atacara de forma contenida y sin intención alguna de herir, y a un gesto de Tori, a pesar de que medie una gran distancia y de no que exista contacto alguno entre ellos, será proyectado apelando a un gran poder del Ki.

¿De veras creen estos señores que un agresor real se comportará en la calle de una forma tan permisiva con ellos? No nos engañemos. ¿A quién creen ustedes que se parecerá más un agresor real, a una persona enfurecida lanzando golpes a diestro y siniestro, o a los Ukes que vemos en las exhibiciones?

Seamos sinceros. En un ataque real, el agresor, aunque no sea experto en Artes Marciales ni practique ningún deporte de contacto, soltará sobre nosotros furiosas combinaciones de golpes con manos y pies sin control ni piedad alguna. Y si ustedes piensan lo contrario es que no han visto desde hace mucho tiempo los telediarios.

Los agresores reales no son "hermanitas de la caridad"; son individuos violentos y acostumbrados a esa violencia; golpean con rabia y sin medida, con la convicción que les dá el no sentirse víctimas, sino agresores.

No debemos olvidar que el Aikido, a pesar de no ser agresivo, debe convencer al agresor de su errónea actitud, para lo cual necesita ser tremendamente disuasorio y, por tanto, sus técnicas deben buscar la máxima EFICACIA para lograr el efecto deseado.

¿Quiere esto decir que hay que cambiar las técnicas de Aikido? ¡NO! No es necesario: "En realidad, el Aikido puede ser "duro", vigoroso y dinámico, con fuertes presas de muñecas y golpes directos "Atemi", y a pesar de lo que pueda creerse, contiene numerosas técnicas devastadoras, especialmente las destinadas a desarmar y someter al enemigo" (Kisshomaru Ueshiba. El Espíritu del Aikido).

Si queremos poder llegar a ser capaces de disuadir a un agresor, debemos practicar ese Aikido efectivo, sin necesidad de cambiar las técnicas del arte, enfocando el trabajo hacia la eficacia de nuestros movimientos. Y para lograr tal objetivo es necesario trabajar con sinceridad; no sobre ataques preestablecidos y controlados, sino sobre ataques decisivos; no tratando de defenderse de golpes aislados, sino de combinaciones ejecutadas con flexibilidad y contundencia, buscando en todo instante una total similitud con lo que pudiera ser una agresión real.

Para explicar mejor cómo llegué al Aikido Eficaz debo remontarme algunos años atrás, concretamente a 1964, cuando llegué a Paris con mis padres a la edad de 11 años, aunque en realidad no tomé contacto con las Artes Marciales hasta los 16 años, en que comencé a aprender el estilo de Karate Shukokai, con el Maestro Suzuki, y posteriormente Karate Sankukai, con el Maestro Nanbu (en el gimnasio de Jéan-Jaures en Boulogne-Billancourt). Fue más tarde cuando me inicié también en la práctica del Aikido, con algunos de los mejores maestros de Europa: Didié, Jean Pierre, Michel, Christian, etc. (Excuso poner sus apellidos por respeto a ellos, ya que no quiero que piensen que me hago publicidad a su costa).

Habiendo practicado anteriormente un Arte Marcial como es el Karate, y después de entrenarme con practicantes de otras disciplinas como el Full Contat, Kung-Fu, Tai, etc., al comenzar a aprender Aikido me surgieron las lógicas dudas acerca de la verdadera eficacia de aquel sistema ante una agresión real, debidas fundamentalmente a la manera en que se practica habitualmente, aunque era consciente del gran potencial que encerraba el arte en sí.

Así, en el Avia Club de Issy-Les Moulineaux (del que fui profesor titular durante varios años, hasta mi regreso a España), comencé a trabajar duramente junto a otros practicantes que tenían mi mismo punto de vista, buscando ese Aikido "duro" y vigoroso del que nos habla Kisshomaru, de forma que nuestro método de práctica fuese lo más real posible sin deformar por ello las técnicas de Aikido, sino más bien tratando de adaptarlas a todo tipo de ataques; con esta idea en la mente, llegamos a la conclusión de que era necesario el efectuar nuestros entrenamientos utilizando protecciones, al objeto de evitar que, por la potencia con la que ejecutábamos los ataques, pudiéramos causarnos lesiones unos a otros en un contacto fortuito. De esta forma pudimos conseguir establecer un tipo de trabajo en el que no era necesario el preestablecer ni el contener los ataques, y lo que es más importante, el no tener que contar con la benevolencia y la permisividad de UKE.

Esto exige un gran dominio de las técnicas, de los desplazamientos, del desequilibrio y de la rapidez de ejecución. De ahí mi recomendación de que este método de trabajo comience a practicarse a partir del grado de 2° Dan, y sólo por aquellos que así lo deseen, pudiendo continuar independientemente con el entrenamiento del Aikido tradicional.

Por motivos personales, hace unos años regresé a España, y en Vigo comencé a formar un grupo integrado por alumnos no iniciados en Aikido. Es decir, que el aprendizaje comenzó desde el principio, a saber: desplazamientos, técnicas de base, etc. Muchos fueron los que empezaron; algunos abandonaron ante la dificultad, otros lo hicieron por motivos de trabajo o por circunstancias personales, y por fin, con un grupo de alumnos incondicionales, creé el Club Aiki, sin más pretensiones que el desarrollo del Aikido, para centrarnos en el entrenamiento en el gimnasio, y acudiendo a cursillos a nivel regional, nacional e internacional. Con el paso del tiempo, algunos de estos alumnos fueron alcanzando un alto nivel de destreza en el Aikido, que les capacitó para la práctica de ese método en el que yo me había concentrado durante mi estancia en Francia. Y por ello, me decidí finalmente a mostrar al grupo ese nuevo enfoque del entrenamiento, esa posibilidad de acción eficaz, encontrando por su parte una cálida acogida y un fervoroso interés.

Dado que mi método de trabajo se apartaba de la idea original con la que había sido concebido el anterior club, decidí ampliar mis objetivos, entre los cuales estaban la práctica de este Aikido Eficaz y la ínternacionalización de este método, para lo cual fundé el Círculo Internacional Longueira-Ryu.

Se le llamó Círculo Internacional porque en sí encierra la idea de agrupar en una sola organización, a todos los practicantes y clubs del mundo entero que estén interesados por esta faceta moderna y efectiva del Aikido, y que deseen aprender este método desarrollado en el Círculo.

Para mí es una verdadera satisfacción el poder mostrar que hay otras formas de practicar Aikido, formas que, sin perder su carácter de no violencia y no resistencia, tienen presente que, para lograr el efecto disuasorio que se busca ante una agresión, deben conjugar eficacia y rapidez. Para ello hay que actuar velozmente y con movimientos cortos, sin efectuar grandes desplazamientos que implicarían un tiempo muy prolongado entre ataque y respuesta, lo cual restaría eficacia. En esta forma de trabajo, es también fundamental el prestar una gran atención a la buena ejecución de la técnica y a una perfecta utilización -del desequilibrio, evitando al máximo el uso de la fuerza.


No debemos olvidar que el Aikido, a pesar de no ser agresivo, debe convencer al agresor de su errónea actitud, para lo cual necesita ser tremendamente disuasorio y, por lo tanto, sus técnicas deberán buscar la máxima EFICACIA


Para lograr la eficacia ante las agresiones reales es absolutamente indispensable el estar acostumbrado a este tipo de entrenamiento. Si no hemos tenido la posibilidad de entrenar nuestra capacidad de reacción ante ataques verdaderamente peligrosos, en una situación real tampoco podemos tener el dominio preciso del gesto, de la rapidez y de la coordinación que se necesitan para controlar el ataque del agresor, sin dar oportunidad a nuevos ataques que pudieran poner en peligro nuestra integridad física.

Soy consciente de que seré incomprendido por muchos, e incluso criticado por más de uno, pero, como O'Sensei decía: "El Aikido no tiene forma ni estilo". De ahí que las posibilidades sean infinitas, lo cual no quiere decir que se deban deformar sus técnicas, sino que, con un absoluto respeto por las mismas, se puede buscar su cara más práctica y eficaz, sin ser por ello irrespetuoso con el legado de O'Sensei.

Aparte de las críticas a mi manera de entender el Aikido, también habrá quien esté convencido de que el Aikido que se practica habitualmente es más que suficiente para poder defenderse de una agresión real. Al que así piense, le sugiero que sea consecuente y honrado consigo mismo, y deje de alentar falsas ilusiones en sus alumnos, no vaya a ser que estos, al encontrarse con una agresión en la calle, puedan resultar gravemente heridos por creer que el entrenamiento normal les capacita para la defensa en una situación verdadera.

Aún después de haber alcanzado un buen nivel de Aikido son necesarios muchos años de entrenamiento con protecciones para acostumbrarse a los ataques contundentes y a los gestos precisos y necesarios en su ejecución para salir bien parado.

Estoy seguro de que mis palabras sonarán a muchos a vanidad y presunción. Como reza el dicho, "el movimiento se demuestra andando". Quedo, por ello, a la disposición de cualquiera para demostrar lo afirmado. Desde aquí quiero alentar a todos los que siempre han deseado practicar buscando la efectividad en el Aikido, para que no cejen en su empeño y sigan en la búsqueda sin preocuparse de aquellos que, autoproclamándose celosos guardianes de la "tradición", no ocultan, a veces, más que desconocimiento e ignorancia, y encima denostan a los que no piensan igual que ellos. Que cada uno practique según sus convicciones, respetando a los demás y tratando de enriquecer aún más, si cabe, el noble arte del Aikido.