Para los principiantes de cualquier arte marcial
Moderadores: moderador suplente, admin
Rei (Respeto)
Se agachó todo lo que pudo para entrar al cenador por la improvisada puerta que se había montado en el paso a la construcción. Dentro, colgados de la pared, el kanji de primavera y un ikebana de flores de almendro adornaban la habitación. En el centro, una mesa baja con una taza, cinco servilletas de tela y una tetera de cerámica china sin adornos esperaban a los últimos invitados. Finalmente y tras Yoshinaga entraron dos criados que, sin mirar a ninguno de los presentes, se colocaron en dos extremos del quiosco.
La puertezuela que obligaba a todos a agachar la cabeza tenía un significado oculto que, sin embargo, todos conocían; todos serían iguales dentro del cenador y durante la ceremonia.
Transcurrió en silencio. Sentados uno al lado de otro, Yoshinaga Takeda, Ume Takeda, Kumamatsu Miyamoto, Ryoko Nakamori y Daisuke Tomomori se pasaron la taza de té ordenada y disciplinadamente, girándola después de beber un pequeño sorbo del amargo líquido verde que guardaba para ellos, haciendo honor a la estación de la Primavera.
Los colores de cada uno de los doce kimonos de Ume y de la dama Ryoko estaban cuidadosamente elegidos para la ocasión y al finalizar, los criados, ataviados también, por supuesto, colocaron piezas de sushi sobre la mesa, que, ahora abandonado el silencio, degustaron los siete, criados incluidos.
De alguna forma, la tensión se hacía presente, dada la situación de Ume y Daisuke, y así lo hizo saber Yoshinaga de forma explícita al anunciar su intención de enviar a ambos a Edo. Al parecer el shogun Tokugawa había expresado su deseo de nombrar a Daisuke Kogi Kaishakunin, pero ni siquiera tal honor alegró al maestro de espadas. Uno de los criados, Toshiaki, alzó la voz por vez primera:
- Sería un honor cumplir con tal tarea, Daisuke- sama, para cualquier samurai. Debéis sentiros profundamente halagado.
Daisuke le miró en cierta angustiado y ligeramente molesto, pero no hizo sino responder con moderación recordando dónde se encontraban:
- Sí, Toshiaki, pero a pesar de eso algo me dice que mi lugar está junto a Yoshinaga-tono.
Yoshinaga no levantó la mirada del plato de saké que llevaba a sus labios rodeados de la espesa barba aún negra azabache en gran parte, pero gruñó significativamente. Frunció el ceño. Se sentía halagado, pero no podía mostrar más que cierto enfado, pues su siervo estaba insinuando desobediencia al deseo del shogun. La dama Ryoko, mujer que llevaba muchos años junto al señor Takeda, salió en descarga del joven Tomomori.
- Daisuke- san, sabéis mejor que cualquiera de nosotros cuál es vuestro deber y todos los aquí reunidos daríamos un dedo por jurar que cumpliréis vuestro cometido cuando llegue la hora de la elección.
El anciano Miyamoto, general ya retirado que había consagrado su vida a la guerra y a su señor Yoshinaga rió con fuerza:
- ¡Lo hará, lo hará, Ryoko- sama!- gritó acusando un poco el exceso de saké - ¡No presionéis al muchacho! Suficiente hace guardando las apariencias.¡Su corazón rebosa alegría por el honor de tal deseo del shogun, y amargura por igual a causa de la partida!¿No es así Ume- chan?
Ume se puso de repente tan colorada que la capa de polvo de arroz que cubría su rostro no pudo camuflar su sonrojo. Con palabras temblorosas pero afiladas y sin levantar los ojos de la mesa, trató de responder al pícaro Kumamatsu:
- Tomomori- sama es un samurai comprometido con su señor y su deber- Daisuke se empezó a sonrojar por igual, pero controló su reacción- Sólo hay que ver las tablas de su hakama .
Las sonoras carcajadas de Yoshinaga y Kumamatsu ascendieron hasta el cielo nocturno poblado de estrellas.
- ¡Sí, sí!- afirmó el daimyo - Es un gran samurai- y palmeó con firmeza y camaradería la espalda de Daisuke. En sus ojos todos apreciaron el brillo de la admiración y la amistad que ambos se profesaban. Y sin embargo, un tinte de envidia asomó a los ojos del daimyo .
Continuará...
Se agachó todo lo que pudo para entrar al cenador por la improvisada puerta que se había montado en el paso a la construcción. Dentro, colgados de la pared, el kanji de primavera y un ikebana de flores de almendro adornaban la habitación. En el centro, una mesa baja con una taza, cinco servilletas de tela y una tetera de cerámica china sin adornos esperaban a los últimos invitados. Finalmente y tras Yoshinaga entraron dos criados que, sin mirar a ninguno de los presentes, se colocaron en dos extremos del quiosco.
La puertezuela que obligaba a todos a agachar la cabeza tenía un significado oculto que, sin embargo, todos conocían; todos serían iguales dentro del cenador y durante la ceremonia.
Transcurrió en silencio. Sentados uno al lado de otro, Yoshinaga Takeda, Ume Takeda, Kumamatsu Miyamoto, Ryoko Nakamori y Daisuke Tomomori se pasaron la taza de té ordenada y disciplinadamente, girándola después de beber un pequeño sorbo del amargo líquido verde que guardaba para ellos, haciendo honor a la estación de la Primavera.
Los colores de cada uno de los doce kimonos de Ume y de la dama Ryoko estaban cuidadosamente elegidos para la ocasión y al finalizar, los criados, ataviados también, por supuesto, colocaron piezas de sushi sobre la mesa, que, ahora abandonado el silencio, degustaron los siete, criados incluidos.
De alguna forma, la tensión se hacía presente, dada la situación de Ume y Daisuke, y así lo hizo saber Yoshinaga de forma explícita al anunciar su intención de enviar a ambos a Edo. Al parecer el shogun Tokugawa había expresado su deseo de nombrar a Daisuke Kogi Kaishakunin, pero ni siquiera tal honor alegró al maestro de espadas. Uno de los criados, Toshiaki, alzó la voz por vez primera:
- Sería un honor cumplir con tal tarea, Daisuke- sama, para cualquier samurai. Debéis sentiros profundamente halagado.
Daisuke le miró en cierta angustiado y ligeramente molesto, pero no hizo sino responder con moderación recordando dónde se encontraban:
- Sí, Toshiaki, pero a pesar de eso algo me dice que mi lugar está junto a Yoshinaga-tono.
Yoshinaga no levantó la mirada del plato de saké que llevaba a sus labios rodeados de la espesa barba aún negra azabache en gran parte, pero gruñó significativamente. Frunció el ceño. Se sentía halagado, pero no podía mostrar más que cierto enfado, pues su siervo estaba insinuando desobediencia al deseo del shogun. La dama Ryoko, mujer que llevaba muchos años junto al señor Takeda, salió en descarga del joven Tomomori.
- Daisuke- san, sabéis mejor que cualquiera de nosotros cuál es vuestro deber y todos los aquí reunidos daríamos un dedo por jurar que cumpliréis vuestro cometido cuando llegue la hora de la elección.
El anciano Miyamoto, general ya retirado que había consagrado su vida a la guerra y a su señor Yoshinaga rió con fuerza:
- ¡Lo hará, lo hará, Ryoko- sama!- gritó acusando un poco el exceso de saké - ¡No presionéis al muchacho! Suficiente hace guardando las apariencias.¡Su corazón rebosa alegría por el honor de tal deseo del shogun, y amargura por igual a causa de la partida!¿No es así Ume- chan?
Ume se puso de repente tan colorada que la capa de polvo de arroz que cubría su rostro no pudo camuflar su sonrojo. Con palabras temblorosas pero afiladas y sin levantar los ojos de la mesa, trató de responder al pícaro Kumamatsu:
- Tomomori- sama es un samurai comprometido con su señor y su deber- Daisuke se empezó a sonrojar por igual, pero controló su reacción- Sólo hay que ver las tablas de su hakama .
Las sonoras carcajadas de Yoshinaga y Kumamatsu ascendieron hasta el cielo nocturno poblado de estrellas.
- ¡Sí, sí!- afirmó el daimyo - Es un gran samurai- y palmeó con firmeza y camaradería la espalda de Daisuke. En sus ojos todos apreciaron el brillo de la admiración y la amistad que ambos se profesaban. Y sin embargo, un tinte de envidia asomó a los ojos del daimyo .
Continuará...
pregunta
La respuesta del porqué de las cosas, se encuentra casi siempre en las mismas cosas... más que en motivos remotos. La mejor explicación es la mas simple (no la mas simplista) y natural.
UNA PREGUNTA
Cierta vez, hace ya tiempo, un joven extranjero desembarcó en una gran ciudad de Europa. Nada sabía de Occidente ni de sus costumbres, y todo era nuevo para él... por eso una y otra vez se hacía una y mil preguntas sobre el por qué de todas las nuevas cosas que veía.
Pero una pregunta le atormentaba especialmente... ¿Por qué hay ricos y pobres? ¿Por qué hay aquí esa diferencia tan abismal? ¿Por qué hay unos pocos, los ricos, que lo tienen todo, mientras que muchos otros, los pobres, no tienen nada...?
Preguntó al dueño de una taberna y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque tiene que haber de todo. Es de sentido común, hay altos y bajitos, buenos y malos, blancos y negros, guapos y feos, listos y tontos, ricos y pobres. En la vida tiene que haber de todo.
Preguntó a un oficial del puerto y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque en esta vida todo el mundo tiene que obedecer. Los hijos obedecen al padre, y los marineros obedecen al capitán. Los ricos dan trabajo a los pobres, y los pobres tienen que obedecer y respetar a los ricos, pues así pueden trabajar y vivir.
Preguntó a un sacerdote y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque tiene que ser así, porque Dios ha querido establecerlo de ésa manera. La Propiedad Privada es de Derecho Natural.
Preguntó a un maestro de escuela y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque el que no estudia no será nunca nada en la vida. Si un muchacho es aplicado y estudioso, y aprovecha las oportunidades que se le dan, el día de mañana será Ingeniero y tendrá que cobrar más que los peones.
Preguntó a un hombre rico y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque los ricos hemos tenido que luchar y esforzarnos mucho para llegar a ser ricos. El hombre que trabaja y ahorra llegará a conquistar una buena posición. Pero el hombre haragán y borracho gastará más de lo que pueda ganar, y tendrá que vivir de limosna.
Preguntó a un mendigo vagabundo y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque en este mundo todo es relativo, y las cosas son grandes o pequeñas según la regla que uses para medirlas. Para tí un grano de arroz es muy pequeño, pero para una hormiga es enorme. Sólo puede ser feliz el hombre que se contente con su suerte.
Preguntó a un viejo filósofo y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres debido a la Ley Universal del Karma. El Karma quiere decir que todas las causas tienen su efecto, y todos los actos del Hombre tienen tarde o temprano su consecuencia. Si un hombre ha llevado en sus vidas anteriores una existencia justa y piadosa, cuando se reencarne nacerá en una familia noble y rica. En cambio, el hombre mezquino y egoísta se reencarnará como pobre.
Preguntó a muchas otras personas, y le dieron muchas otras respuestas, pero no le dieron la respuesta. Hasta que una noche conversó con un joven albañil que volvía de su trabajo...
-Tu pregunta es muy fácil de responder, y no necesitas consultar a un sabio, ni a un filósofo ni a un brujo, por que puedes verlo por tí mismo. No hace falta que seas listo ni que tengas estudios, basta con que sepas contar con los dedos.
Mira, a un maestro de obras le mandan construir una casa, y le pagan DIEZ por la casa. Se gasta TRES en los materiales de construcción, y nos paga DOS a los obreros que hemos hecho toda la casa. Entonces los CINCO que quedan se los queda todos para él solito, aunque sómos nosotros quienes los hemos conseguido con nuestro trabajo. Por eso, ellos son ricos mientras que nosotros somos pobres.

UNA PREGUNTA
Cierta vez, hace ya tiempo, un joven extranjero desembarcó en una gran ciudad de Europa. Nada sabía de Occidente ni de sus costumbres, y todo era nuevo para él... por eso una y otra vez se hacía una y mil preguntas sobre el por qué de todas las nuevas cosas que veía.
Pero una pregunta le atormentaba especialmente... ¿Por qué hay ricos y pobres? ¿Por qué hay aquí esa diferencia tan abismal? ¿Por qué hay unos pocos, los ricos, que lo tienen todo, mientras que muchos otros, los pobres, no tienen nada...?
Preguntó al dueño de una taberna y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque tiene que haber de todo. Es de sentido común, hay altos y bajitos, buenos y malos, blancos y negros, guapos y feos, listos y tontos, ricos y pobres. En la vida tiene que haber de todo.
Preguntó a un oficial del puerto y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque en esta vida todo el mundo tiene que obedecer. Los hijos obedecen al padre, y los marineros obedecen al capitán. Los ricos dan trabajo a los pobres, y los pobres tienen que obedecer y respetar a los ricos, pues así pueden trabajar y vivir.
Preguntó a un sacerdote y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque tiene que ser así, porque Dios ha querido establecerlo de ésa manera. La Propiedad Privada es de Derecho Natural.
Preguntó a un maestro de escuela y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque el que no estudia no será nunca nada en la vida. Si un muchacho es aplicado y estudioso, y aprovecha las oportunidades que se le dan, el día de mañana será Ingeniero y tendrá que cobrar más que los peones.
Preguntó a un hombre rico y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque los ricos hemos tenido que luchar y esforzarnos mucho para llegar a ser ricos. El hombre que trabaja y ahorra llegará a conquistar una buena posición. Pero el hombre haragán y borracho gastará más de lo que pueda ganar, y tendrá que vivir de limosna.
Preguntó a un mendigo vagabundo y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres porque en este mundo todo es relativo, y las cosas son grandes o pequeñas según la regla que uses para medirlas. Para tí un grano de arroz es muy pequeño, pero para una hormiga es enorme. Sólo puede ser feliz el hombre que se contente con su suerte.
Preguntó a un viejo filósofo y éste le dijo:
-Hay ricos y pobres debido a la Ley Universal del Karma. El Karma quiere decir que todas las causas tienen su efecto, y todos los actos del Hombre tienen tarde o temprano su consecuencia. Si un hombre ha llevado en sus vidas anteriores una existencia justa y piadosa, cuando se reencarne nacerá en una familia noble y rica. En cambio, el hombre mezquino y egoísta se reencarnará como pobre.
Preguntó a muchas otras personas, y le dieron muchas otras respuestas, pero no le dieron la respuesta. Hasta que una noche conversó con un joven albañil que volvía de su trabajo...
-Tu pregunta es muy fácil de responder, y no necesitas consultar a un sabio, ni a un filósofo ni a un brujo, por que puedes verlo por tí mismo. No hace falta que seas listo ni que tengas estudios, basta con que sepas contar con los dedos.
Mira, a un maestro de obras le mandan construir una casa, y le pagan DIEZ por la casa. Se gasta TRES en los materiales de construcción, y nos paga DOS a los obreros que hemos hecho toda la casa. Entonces los CINCO que quedan se los queda todos para él solito, aunque sómos nosotros quienes los hemos conseguido con nuestro trabajo. Por eso, ellos son ricos mientras que nosotros somos pobres.

la rosa
En nuestra tradición mística occidental, La Rosa es el símbolo de la inmolación y la tragedia.
Es para nosotros como el Sakura.
La Letra de Amanda MacBroom (THE ROSE) es un modelo de inspiración, y he traducido el trozo que mas me motiva, el más fuerte...
Some say love, it is a river
That drowns the tender reed
Some say love, it is a razor
That leaves your soul to bleed
Some say love, it is a hunger
An endless aching need
I say love, it is a flower
And you, its only seed
It's the heart, afraid of breaking
That never learns to dance
It's the dream, afraid of waking
That never takes the chance
It's the one who won't be taken
Who cannot seem to give
And the soul, afraid of dying
That never learns to live
When the night has been too lonely
And the road has been too long
And you think that love is only
For the lucky and the strong
Just remember in the winter
Far beneath the bitter snow
Lies the seed that with the sun's love,
in the spring becomes the rose
...Y EL ALMA TEME LA MUERTE,
SI NUNCA APRENDIÓ A VIVIR.

Es para nosotros como el Sakura.
La Letra de Amanda MacBroom (THE ROSE) es un modelo de inspiración, y he traducido el trozo que mas me motiva, el más fuerte...
Some say love, it is a river
That drowns the tender reed
Some say love, it is a razor
That leaves your soul to bleed
Some say love, it is a hunger
An endless aching need
I say love, it is a flower
And you, its only seed
It's the heart, afraid of breaking
That never learns to dance
It's the dream, afraid of waking
That never takes the chance
It's the one who won't be taken
Who cannot seem to give
And the soul, afraid of dying
That never learns to live
When the night has been too lonely
And the road has been too long
And you think that love is only
For the lucky and the strong
Just remember in the winter
Far beneath the bitter snow
Lies the seed that with the sun's love,
in the spring becomes the rose
...Y EL ALMA TEME LA MUERTE,
SI NUNCA APRENDIÓ A VIVIR.

Yu (Valor)
Las lágrimas desbordaban el corazón de Daisuke mientras veía a su señor vestido con la armadura impoluta montado a caballo junto a él, oteando el horizonte. Sabían muy bien ambos que tras su llegada a Edo su separación se sellaría definitivamente. En sus rostros sólo había decisión y firmeza y ejecutaban sus movimientos de forma perfecta, ordenando a unos y otros ashigaru en la formación de la escolta de la comitiva que partía en los albores de la Primavera y que no regresaría hasta pasada la corte de Invierno.
Cabalgaron toda la mañana hasta que el sol se elevó justo sobre sus cabezas. Los caballos boqueaban a causa del calor húmedo y Yoshinaga, aconsejado por uno de sus hombres decidió hacer un alto para comer.
- Tenemos tiempo aún- comentaba a Daisuke mientras desmontaba- y hay cosas que debes saber antes de llegar a Edo.
- Tono- sama? No comprendo...
- Calla- le interrumpió con gesto serio- Después del almuerzo hablaremos. Ahora, mientras busco a Ryoko- san y a Ume, haz que preparen las telas para un campamento de dos horas.
- Hai, Tono !
Comieron los cuatro junto a Kumamatsu Miyamoto y a la guardia personal del daimyo , cinco samurai armados con el característico daisho y los recios y asimétricos yumi . Al término de la agradable, frugal y veloz comida campestre, Yoshinaga se acercó a Daisuke y le requirió para adelantarse a caballo mientras todo se ponía en marcha tras ellos.
- Mi señor Yoshinaga...- adelantó Daisuke
- No eres un bobo, Dai- chan- replicó amigablemente el señor feudal- El shogun ha requerido tus servicios, pero excusaba decirme que su verdadero interés es otro, y es ese interés por el que quiero que me prestes mayor atención que nunca.
- No entiendo, mi señor...
- ¡Silencio y escúchame ahora!- Yoshinaga le miró con unos ojos que Daisuke solo había visto en la batalla- ¡Sé lo que te pasará por la cabeza cuando te pida esto, pero es una orden de tu daimyo y no debes desobedecerla!
- ¡Jamás me atrevería, mi Señor!- contestó preocupado Daisuke- ¿Pero de qué se trata? ¿Qué órdenes tenéis? ¿Qué ha pedido el Shogun que provoca esta reacción en mi amigo?
Yoshinaga aplacó su mirada y apoyó una mano en el sode izquierdo de Daisuke:
- El Shogun tiene un gran interés en emparentar a un allegado suyo con nuestro clan, y lo hará por medio de un matrimonio con una de nuestras damas.
- ¿Me habláis de Ume?
- ¿Ves como no eres un necio?- respondió de inmediato el daimyo .- Espero que eso no te moleste- remarcó esa palabra- en absoluto.
- No, mi señor- contestó tranquilo el samurai - Los deseos de mi señor y del Shogun son órdenes a cumplir, no a contrariar.
Yoshinaga pareció confundido. Y a la vez sorprendido.
- Pero, Daisuke, ¿Ume y tu...?
Daisuke miró a los ojos de su amigo con una sonrisa amarga. Aunque le temblaba el ánimo, su coraje le hizo superar tal prueba:
- ¿Acaso eso importa, mi señor? De lo que se trata aquí no es de mi o de Ume sino de lo que se ordena a un siervo- Yoshinaga hizo un esfuerzo por aguantar una lágrima- Jamás me habría atrevido a ponerle una mano encima a Ume. Os conozco demasiado bien y os estimo demasiado como para arriesgar vuestro favor.
- ¡Vaya!- musitó el daimyo - ¡Desvaríos de un viejo samurai que ha pasado demasiado tiempo en la batalla! ¡Veía traiciones dónde no las había!
- Mi señor, os seré fiel hasta el día en que yo muera- hizo un a pausa- Y eso incluye vuestra muerte, si se produjera antes que la mía.
Yoshinaga agitó la mano apoyada en el sode de la armadura de su amigo para disimular un ligero temblor de manos y le miró sonriente como el sol de la mañana.
- Entonces, Daisuke-sama, os debéis a ella en calidad de protector- ordenó con solemnidad- Mis órdenes son que la llevéis sana y salva ante su prometido en Edo. ¡Y que seáis el mejor Kogi kaishakunin de la historia del Shogunato !
- Así lo haré mi señor...
Yoshinaga Takeda y Daisuke Tomomori disminuyeron el paso de sus caballos y la comitiva les alcanzó al fin.
El palanquín de la dama Ume quedaba algo separado de la cabeza del séquito y Daisuke tuvo que dirigir su caballo hacia la parte de atrás, unas cinco filas de soldados antes de cerrarla.
- Ume- san, haremos noche en la frontera de nuestra provincia de Kai con Musashi - habló Daisuke- Creo que nuestro señor, Yoshinaga querrá hablar con vos esta noche.
- ¿Acerca de qué motivo, Daisuke- san?- preguntó ella, asomando por uno de los laterales del palanquín
Daisuke desvió la mirada para sobreponerse a una extraña sensación de pérdida.
- No es propio de mi rango hacer tal pregunta- contestó cortante- Eso es algo que deberéis tratar ambos.
- Daisuke- san...- dejó resbalar la doncella dolida mientras contemplaba el cabalgar del caballo del samurai
Las lágrimas desbordaban el corazón de Daisuke mientras veía a su señor vestido con la armadura impoluta montado a caballo junto a él, oteando el horizonte. Sabían muy bien ambos que tras su llegada a Edo su separación se sellaría definitivamente. En sus rostros sólo había decisión y firmeza y ejecutaban sus movimientos de forma perfecta, ordenando a unos y otros ashigaru en la formación de la escolta de la comitiva que partía en los albores de la Primavera y que no regresaría hasta pasada la corte de Invierno.
Cabalgaron toda la mañana hasta que el sol se elevó justo sobre sus cabezas. Los caballos boqueaban a causa del calor húmedo y Yoshinaga, aconsejado por uno de sus hombres decidió hacer un alto para comer.
- Tenemos tiempo aún- comentaba a Daisuke mientras desmontaba- y hay cosas que debes saber antes de llegar a Edo.
- Tono- sama? No comprendo...
- Calla- le interrumpió con gesto serio- Después del almuerzo hablaremos. Ahora, mientras busco a Ryoko- san y a Ume, haz que preparen las telas para un campamento de dos horas.
- Hai, Tono !
Comieron los cuatro junto a Kumamatsu Miyamoto y a la guardia personal del daimyo , cinco samurai armados con el característico daisho y los recios y asimétricos yumi . Al término de la agradable, frugal y veloz comida campestre, Yoshinaga se acercó a Daisuke y le requirió para adelantarse a caballo mientras todo se ponía en marcha tras ellos.
- Mi señor Yoshinaga...- adelantó Daisuke
- No eres un bobo, Dai- chan- replicó amigablemente el señor feudal- El shogun ha requerido tus servicios, pero excusaba decirme que su verdadero interés es otro, y es ese interés por el que quiero que me prestes mayor atención que nunca.
- No entiendo, mi señor...
- ¡Silencio y escúchame ahora!- Yoshinaga le miró con unos ojos que Daisuke solo había visto en la batalla- ¡Sé lo que te pasará por la cabeza cuando te pida esto, pero es una orden de tu daimyo y no debes desobedecerla!
- ¡Jamás me atrevería, mi Señor!- contestó preocupado Daisuke- ¿Pero de qué se trata? ¿Qué órdenes tenéis? ¿Qué ha pedido el Shogun que provoca esta reacción en mi amigo?
Yoshinaga aplacó su mirada y apoyó una mano en el sode izquierdo de Daisuke:
- El Shogun tiene un gran interés en emparentar a un allegado suyo con nuestro clan, y lo hará por medio de un matrimonio con una de nuestras damas.
- ¿Me habláis de Ume?
- ¿Ves como no eres un necio?- respondió de inmediato el daimyo .- Espero que eso no te moleste- remarcó esa palabra- en absoluto.
- No, mi señor- contestó tranquilo el samurai - Los deseos de mi señor y del Shogun son órdenes a cumplir, no a contrariar.
Yoshinaga pareció confundido. Y a la vez sorprendido.
- Pero, Daisuke, ¿Ume y tu...?
Daisuke miró a los ojos de su amigo con una sonrisa amarga. Aunque le temblaba el ánimo, su coraje le hizo superar tal prueba:
- ¿Acaso eso importa, mi señor? De lo que se trata aquí no es de mi o de Ume sino de lo que se ordena a un siervo- Yoshinaga hizo un esfuerzo por aguantar una lágrima- Jamás me habría atrevido a ponerle una mano encima a Ume. Os conozco demasiado bien y os estimo demasiado como para arriesgar vuestro favor.
- ¡Vaya!- musitó el daimyo - ¡Desvaríos de un viejo samurai que ha pasado demasiado tiempo en la batalla! ¡Veía traiciones dónde no las había!
- Mi señor, os seré fiel hasta el día en que yo muera- hizo un a pausa- Y eso incluye vuestra muerte, si se produjera antes que la mía.
Yoshinaga agitó la mano apoyada en el sode de la armadura de su amigo para disimular un ligero temblor de manos y le miró sonriente como el sol de la mañana.
- Entonces, Daisuke-sama, os debéis a ella en calidad de protector- ordenó con solemnidad- Mis órdenes son que la llevéis sana y salva ante su prometido en Edo. ¡Y que seáis el mejor Kogi kaishakunin de la historia del Shogunato !
- Así lo haré mi señor...
Yoshinaga Takeda y Daisuke Tomomori disminuyeron el paso de sus caballos y la comitiva les alcanzó al fin.
El palanquín de la dama Ume quedaba algo separado de la cabeza del séquito y Daisuke tuvo que dirigir su caballo hacia la parte de atrás, unas cinco filas de soldados antes de cerrarla.
- Ume- san, haremos noche en la frontera de nuestra provincia de Kai con Musashi - habló Daisuke- Creo que nuestro señor, Yoshinaga querrá hablar con vos esta noche.
- ¿Acerca de qué motivo, Daisuke- san?- preguntó ella, asomando por uno de los laterales del palanquín
Daisuke desvió la mirada para sobreponerse a una extraña sensación de pérdida.
- No es propio de mi rango hacer tal pregunta- contestó cortante- Eso es algo que deberéis tratar ambos.
- Daisuke- san...- dejó resbalar la doncella dolida mientras contemplaba el cabalgar del caballo del samurai
Gi (Justicia)
La noche cayó cálida y clara en la campiña de Kai . Cenaron temprano y al término, Daisuke se alejó en busca de un río cercano para desempolvar el sable de su padre practicando Iaido junto al curso de agua cristalina. Contemplaba las pequeñas olas que hacían los peces al nadar cuando todos sin excepción desaparecieron de su vista.
Se giró como alertado por un ruido que sus propios oídos fueron incapaces de percibir. Su mente se perdió entonces entre los fuegos negros de mil sombras que llovían de los árboles. ‘¡Enemigos de Takeda y del Shogun!‘, pensó velozmente Daisuke. Corrió hacia el campamento, y cuando llegó la escena era penosa. Un séquito preparado para un viaje de cortesía era masacrado dentro de sus propias tierras, al paso por la frontera hacia la provincia de la capital del Imperio.
En el lado próximo a la ribera del río Yoshinaga y Kumamatsu, hacían espalda contra espalda junto a tres de los guardias del daimyo , pero el anciano general estaba cansado y herido ya de muerte y los guardias de armadura esmeralda y roja parecían sobrepasados por el número de los atacantes, un grupo de samurai enfrascados en armaduras de negro mate y entrenados para la guerra en campo cerrado. Daisuke desenfundó la katana de su padre y comenzó a sesgar miembros y cuerpos y cabezas a un lado y a otro.
Daisuke se abría paso entre los agresores cuando vio a Ume rodeada por tres o cuatro ashigaru mal armados y más entregados a su labor y a su señora que hábiles con la lanza y la espada. Al más joven de ellos le habían atravesado un costado y el yoroi le caía por ese lado tintado en rojo sangre.
- ¡Protege a Ume!- oyó las palabras de Yoshinaga- ¡¿Me oyes?! ¡Salva a Ume!
Daisuke miró a uno y a otro. El último guardaespaldas de Ume había caído cuando se oyeron los cascos de las monturas de una compañía que avanzaba por el camino del oeste en dirección a ellos. Daisuke vio el estandarte del Shogun aparecer por un recodo del camino y diez o doce hombres armados se abrieron paso entre los guerreros de negro en dirección al pequeño estandarte que había junto al palanquín maltrecho de Ume.
- ¡Daisuke Tomomori!- gritó Yoshinaga enfurecido como el mismo Señor del Reino del Yomi - ¡Llévatela!¡Ponla a salvo!
Daisuke se había quedado congelado entre los dos grupos. Ume estaba sola en el suelo ante un agresor y Yoshinaga, de rodillas y apoyado en su espada, clavada en el terreno estaba a merced de uno de los hombres de negro que se acercaba a la carrera hacia él. El corazón estalló en el pecho de Daisuke Tomomori y derramando lagrimas aflojó el agarre de su mano izquierda.
- ¡Hazlo ahora, maldito seas!- chillo una vez más el daimyo .
Daisuke soltó su katana y recogió un yumi y una flecha del suelo, tendió la cuerda cargada y el joven kensei hizo su elección.
Continuará...
La noche cayó cálida y clara en la campiña de Kai . Cenaron temprano y al término, Daisuke se alejó en busca de un río cercano para desempolvar el sable de su padre practicando Iaido junto al curso de agua cristalina. Contemplaba las pequeñas olas que hacían los peces al nadar cuando todos sin excepción desaparecieron de su vista.
Se giró como alertado por un ruido que sus propios oídos fueron incapaces de percibir. Su mente se perdió entonces entre los fuegos negros de mil sombras que llovían de los árboles. ‘¡Enemigos de Takeda y del Shogun!‘, pensó velozmente Daisuke. Corrió hacia el campamento, y cuando llegó la escena era penosa. Un séquito preparado para un viaje de cortesía era masacrado dentro de sus propias tierras, al paso por la frontera hacia la provincia de la capital del Imperio.
En el lado próximo a la ribera del río Yoshinaga y Kumamatsu, hacían espalda contra espalda junto a tres de los guardias del daimyo , pero el anciano general estaba cansado y herido ya de muerte y los guardias de armadura esmeralda y roja parecían sobrepasados por el número de los atacantes, un grupo de samurai enfrascados en armaduras de negro mate y entrenados para la guerra en campo cerrado. Daisuke desenfundó la katana de su padre y comenzó a sesgar miembros y cuerpos y cabezas a un lado y a otro.
Daisuke se abría paso entre los agresores cuando vio a Ume rodeada por tres o cuatro ashigaru mal armados y más entregados a su labor y a su señora que hábiles con la lanza y la espada. Al más joven de ellos le habían atravesado un costado y el yoroi le caía por ese lado tintado en rojo sangre.
- ¡Protege a Ume!- oyó las palabras de Yoshinaga- ¡¿Me oyes?! ¡Salva a Ume!
Daisuke miró a uno y a otro. El último guardaespaldas de Ume había caído cuando se oyeron los cascos de las monturas de una compañía que avanzaba por el camino del oeste en dirección a ellos. Daisuke vio el estandarte del Shogun aparecer por un recodo del camino y diez o doce hombres armados se abrieron paso entre los guerreros de negro en dirección al pequeño estandarte que había junto al palanquín maltrecho de Ume.
- ¡Daisuke Tomomori!- gritó Yoshinaga enfurecido como el mismo Señor del Reino del Yomi - ¡Llévatela!¡Ponla a salvo!
Daisuke se había quedado congelado entre los dos grupos. Ume estaba sola en el suelo ante un agresor y Yoshinaga, de rodillas y apoyado en su espada, clavada en el terreno estaba a merced de uno de los hombres de negro que se acercaba a la carrera hacia él. El corazón estalló en el pecho de Daisuke Tomomori y derramando lagrimas aflojó el agarre de su mano izquierda.
- ¡Hazlo ahora, maldito seas!- chillo una vez más el daimyo .
Daisuke soltó su katana y recogió un yumi y una flecha del suelo, tendió la cuerda cargada y el joven kensei hizo su elección.
Continuará...
Hola buenas tardes,
TSUJIGIRI
Mucho tiempo atrás existían luchadores desvergonzados que probaban sus habilidades cometiendo tsujigiri, es decir, probando la propia espada sobre personas vivas, víctimas inocentes.
Esta es una historia que data de cuando Takamatsu Sensei tenía 18 años de edad.
En la fábrica de su padre se necesitaban cerca de mil quinientos litros de agua limpia cada día, y cada mañana, usando una pértiga con cuatro soportes, jutaro (Takamatsu) llevaba toda el agua a la fábrica. Era una proeza que nadie más podía realizar ya que el agua provenía de la boca de una tortuga de piedra de la cual manaba agua cristalina y que se hallaba a medio camino de la montaña de Maruyama, a unos setecientos u ochocientos metros de la fábrica. Cada carga pesaba aproximadamente doscientos treinta y ocho kilos, y se necesitaba un total de cinco viajes a la tortuga para recoger toda esa cantidad de agua. Jutaro decía que esto era perfecto para entrenar sus piernas y su cintura.
Un día un trabajador de la fábrica le dijo:
- Joven maestro, esta noche me ha sucedido una cosa terrible. Estaba trabajando solo en el puente de Shin Bashi cuando un hombre me bloqueó el camino. Si yo me movía hacia la derecha para sobrepasarlo, él se movía para cerrarme el paso y lo mismo hacía si me movía hacia la izquierda. Entonces me agarró por el cuello y me lanzó al agua. Pensé que me iba a matar. Joven maestro, no quiero volver a hacer recados a ese lugar una vez haya oscurecido.-
Habiendo entreoído esta conversación, otro trabajador añadió:
-¿De veras?- A mí también me ocurrió lo mismo. Esto se parece a los tsujigiris de la antigüedad.
Oyendo esto, Jutaro dijo:
- Dejad que me ocupe de este asunto.
El puente de Shin Bashi se halla justo donde el río entra desde la costa de Akashi. Los marineros amarran aquí sus pequeñas embarcaciones a los barcos y desde ahí se hacen a la mar. En las riberas hay diecisiete o dieciocho burdeles.
Aquella noche Jutaro cruzó el puente de Shin Bashi cuatro o cinco veces sin que nada sucediese. Al día siguiente hizo lo mismo con igual resultado y Jutaro se dijo a sí mismo:
- Tal vez este rufián es alguien que me conoce.
Así pues la noche siguiente se disfrazó y se fue hacia el puente. Tal y como esperaba, cuando estaba a mitad del puente, un hombre con un sombrero que ocultaba sus ojos se dirigió hacia él. Jutaro se movió hacia la izquierda para sobrepasarlo, pero el individuo se movió en su dirección. Lo mismo ocurrió cuando él se movió hacia la derecha. Entonces cogió a Jutaro por el cuello e intentó lanzarlo con una proyección de cadera. Jutaro concentró su Hara y dejó sus brazos colgando inermes. El hombre intentaba lanzarlo persistentemente; entonces lanzó un puñetazo a Jutaro y luego una patada, pero todos sus golpes y patadas golpearon al aire. Cuando el hombre estuvo ya confundido, Jutaro lo lanzó boca abajo gritando un Kiai. El sombrero salió despedido por los aires y el hombre quedó tendido en el suelo, boca abajo, como una araña muerta. Jutaro volvió al hombre boca arriba para ver su cara y aplicarle el arte de la reanimación. Era uno de los alumnos de Mizuta Sensei, Miyata, que poseía un grado medio de jujutsu. Jutaro le reprimió coléricamente:
-¿CÓMO HAS PODIDO DESHONRAR TU ESCUELA DE ESTA MANERA? - ¡DEBERÍAS AVERGONZARTE POR ELLO!
Un saludo
Buffu ikkan
[/b]
TSUJIGIRI
Mucho tiempo atrás existían luchadores desvergonzados que probaban sus habilidades cometiendo tsujigiri, es decir, probando la propia espada sobre personas vivas, víctimas inocentes.
Esta es una historia que data de cuando Takamatsu Sensei tenía 18 años de edad.
En la fábrica de su padre se necesitaban cerca de mil quinientos litros de agua limpia cada día, y cada mañana, usando una pértiga con cuatro soportes, jutaro (Takamatsu) llevaba toda el agua a la fábrica. Era una proeza que nadie más podía realizar ya que el agua provenía de la boca de una tortuga de piedra de la cual manaba agua cristalina y que se hallaba a medio camino de la montaña de Maruyama, a unos setecientos u ochocientos metros de la fábrica. Cada carga pesaba aproximadamente doscientos treinta y ocho kilos, y se necesitaba un total de cinco viajes a la tortuga para recoger toda esa cantidad de agua. Jutaro decía que esto era perfecto para entrenar sus piernas y su cintura.
Un día un trabajador de la fábrica le dijo:
- Joven maestro, esta noche me ha sucedido una cosa terrible. Estaba trabajando solo en el puente de Shin Bashi cuando un hombre me bloqueó el camino. Si yo me movía hacia la derecha para sobrepasarlo, él se movía para cerrarme el paso y lo mismo hacía si me movía hacia la izquierda. Entonces me agarró por el cuello y me lanzó al agua. Pensé que me iba a matar. Joven maestro, no quiero volver a hacer recados a ese lugar una vez haya oscurecido.-
Habiendo entreoído esta conversación, otro trabajador añadió:
-¿De veras?- A mí también me ocurrió lo mismo. Esto se parece a los tsujigiris de la antigüedad.
Oyendo esto, Jutaro dijo:
- Dejad que me ocupe de este asunto.
El puente de Shin Bashi se halla justo donde el río entra desde la costa de Akashi. Los marineros amarran aquí sus pequeñas embarcaciones a los barcos y desde ahí se hacen a la mar. En las riberas hay diecisiete o dieciocho burdeles.
Aquella noche Jutaro cruzó el puente de Shin Bashi cuatro o cinco veces sin que nada sucediese. Al día siguiente hizo lo mismo con igual resultado y Jutaro se dijo a sí mismo:
- Tal vez este rufián es alguien que me conoce.
Así pues la noche siguiente se disfrazó y se fue hacia el puente. Tal y como esperaba, cuando estaba a mitad del puente, un hombre con un sombrero que ocultaba sus ojos se dirigió hacia él. Jutaro se movió hacia la izquierda para sobrepasarlo, pero el individuo se movió en su dirección. Lo mismo ocurrió cuando él se movió hacia la derecha. Entonces cogió a Jutaro por el cuello e intentó lanzarlo con una proyección de cadera. Jutaro concentró su Hara y dejó sus brazos colgando inermes. El hombre intentaba lanzarlo persistentemente; entonces lanzó un puñetazo a Jutaro y luego una patada, pero todos sus golpes y patadas golpearon al aire. Cuando el hombre estuvo ya confundido, Jutaro lo lanzó boca abajo gritando un Kiai. El sombrero salió despedido por los aires y el hombre quedó tendido en el suelo, boca abajo, como una araña muerta. Jutaro volvió al hombre boca arriba para ver su cara y aplicarle el arte de la reanimación. Era uno de los alumnos de Mizuta Sensei, Miyata, que poseía un grado medio de jujutsu. Jutaro le reprimió coléricamente:
-¿CÓMO HAS PODIDO DESHONRAR TU ESCUELA DE ESTA MANERA? - ¡DEBERÍAS AVERGONZARTE POR ELLO!
Un saludo
Buffu ikkan
[/b]
Chugo (Lealtad)
- Daisuke Tomomori- habló en alto y con voz solemne el yoriki del Shogun- Se os encuentra culpable de la pena de desobediencia y fallo en el cumplimiento de vuestro deber para con el Shogunato. En consecuencia se os conmina a que expiéis vuestros errores cometiendo seppukku .
Daisuke vestía de ceremonia rigurosa y posaba sus ojos al frente, su mirada perdida en algún punto de quién sabe donde. Desde lo alto del tokonoma , los oficiales del shogunato , Yoshinaga Takeda, de gesto circunspecto y el mismísimo Shogun Tokugawa presenciaban en solitario la escena del juicio.
- Daisuke- san- comentó el Shogun- vuestro daimyo y señor siempre habló maravillas de vuestro servicio, vuestra técnica con la katana y el respeto al código del Bushido .- se interrumpió para pensar. Su gesto era más extrañado y compungido que enfadado- Permitidme que os pregunte esto: ¿por qué? ¿Por qué elegisteis de esa forma? ¿Qué os llevó a desobedecer la orden de vuestro amo?
Daisuke se inclinó hasta que su frente tocó el suelo y comenzó a hablar en voz alta y resuelta. Una tónica de amargura y angustia contenidas tintaron las palabras que volaban como flechas al corazón de Yoshinaga:
- Ieyasu- kô . Si vuestra excelencia me permite hablar con completa sinceridad diré que de cualquier forma habría fallado en el camino del samurai- Tuvo que detener su explicación. La emoción superaba sus tragaderas y anudaba su garganta.
- ¡Levantad la cabeza, samurai, y explicaos ante Ue-sama !- susurró Yoshinaga frío como el acero templado.
- Mi señor, me avergüenza miraros a los ojos- Daisuke hablaba con total sinceridad. La vergüenza colmaba su corazón.- No quiero que lo que pueda decir sea interpretado como una excusa ante mis actos.
- Será interpretado como el Monchujô lo interprete- habló Tokugawa.
- Mi padre siempre me habló de la lealtad al maestro y al señor. Mi padre fue mi maestro, y durante mi vida no he tenido más señor que Takeda- tono.
Tokugawa pareció complacido por tal explicación, pero no satisfecho en absoluto.
- Eso no os da derecho a desobedecerle, en todo caso.- sugirió uno de los oficiales.
- ¡No!- a Daisuke se le quebró la voz- ¡Jamás pretendí significar tal cosa, ni mi padre me obligó a ello! Sencillamente tuve que elegir entre romper una orden o fallar a la lealtad hacia mi amado daimyo , Tokugawa- dono. Mi corazón ama a mi señor como sólo el perfecto servidor puede hacerlo. Un samurai no puede servir hasta la muerte a nadie si no le profesa amor filial. Para mí Kai- no- Kami fue el padre que perdí siendo ya adulto, presa de unas fiebres.
Yoshinaga ahogó un sollozo y una lágrima solitaria corrió por su rostro. Dio gracias por estar sentado en seiza tras el Shogun y los oficiales.
Daisuke fue llevado al palacio del Shogun en Edo, donde pasaría los dos días hasta la fecha de la ceremonia del seppukku .
- Daisuke Tomomori- habló en alto y con voz solemne el yoriki del Shogun- Se os encuentra culpable de la pena de desobediencia y fallo en el cumplimiento de vuestro deber para con el Shogunato. En consecuencia se os conmina a que expiéis vuestros errores cometiendo seppukku .
Daisuke vestía de ceremonia rigurosa y posaba sus ojos al frente, su mirada perdida en algún punto de quién sabe donde. Desde lo alto del tokonoma , los oficiales del shogunato , Yoshinaga Takeda, de gesto circunspecto y el mismísimo Shogun Tokugawa presenciaban en solitario la escena del juicio.
- Daisuke- san- comentó el Shogun- vuestro daimyo y señor siempre habló maravillas de vuestro servicio, vuestra técnica con la katana y el respeto al código del Bushido .- se interrumpió para pensar. Su gesto era más extrañado y compungido que enfadado- Permitidme que os pregunte esto: ¿por qué? ¿Por qué elegisteis de esa forma? ¿Qué os llevó a desobedecer la orden de vuestro amo?
Daisuke se inclinó hasta que su frente tocó el suelo y comenzó a hablar en voz alta y resuelta. Una tónica de amargura y angustia contenidas tintaron las palabras que volaban como flechas al corazón de Yoshinaga:
- Ieyasu- kô . Si vuestra excelencia me permite hablar con completa sinceridad diré que de cualquier forma habría fallado en el camino del samurai- Tuvo que detener su explicación. La emoción superaba sus tragaderas y anudaba su garganta.
- ¡Levantad la cabeza, samurai, y explicaos ante Ue-sama !- susurró Yoshinaga frío como el acero templado.
- Mi señor, me avergüenza miraros a los ojos- Daisuke hablaba con total sinceridad. La vergüenza colmaba su corazón.- No quiero que lo que pueda decir sea interpretado como una excusa ante mis actos.
- Será interpretado como el Monchujô lo interprete- habló Tokugawa.
- Mi padre siempre me habló de la lealtad al maestro y al señor. Mi padre fue mi maestro, y durante mi vida no he tenido más señor que Takeda- tono.
Tokugawa pareció complacido por tal explicación, pero no satisfecho en absoluto.
- Eso no os da derecho a desobedecerle, en todo caso.- sugirió uno de los oficiales.
- ¡No!- a Daisuke se le quebró la voz- ¡Jamás pretendí significar tal cosa, ni mi padre me obligó a ello! Sencillamente tuve que elegir entre romper una orden o fallar a la lealtad hacia mi amado daimyo , Tokugawa- dono. Mi corazón ama a mi señor como sólo el perfecto servidor puede hacerlo. Un samurai no puede servir hasta la muerte a nadie si no le profesa amor filial. Para mí Kai- no- Kami fue el padre que perdí siendo ya adulto, presa de unas fiebres.
Yoshinaga ahogó un sollozo y una lágrima solitaria corrió por su rostro. Dio gracias por estar sentado en seiza tras el Shogun y los oficiales.
Daisuke fue llevado al palacio del Shogun en Edo, donde pasaría los dos días hasta la fecha de la ceremonia del seppukku .
Meiyo (Honor)
El día del ritual, Yoshinaga descorrió el panel de arroz y entró silenciosamente en el cuarto donde Daisuke escribía con lentitud un haiku para el momento del seppukku y adoptó la postura de seiza tras de su siervo.
- Daisuke- murmuró Yoshinaga. El joven dio un respingo y se volvió inmediatamente con una triste sonrisa en el bello rostro.- Al final parece que sí eres tan bobo como creía.
- ¡Mi Señor!- dijo Daisuke tendiendo su frente en el suelo- ¡Creí que no vendríais nunca!
- No seas más bobo aún. He venido para ofrecerte mi wakizashi y mis servicios como Kaishaku .
Los ojos de Daisuke se colmaron de lágrimas. No pudo contenerlas. Al final de sus días, Daisuke había conseguido la felicidad de una forma bastante alejada de lo que siempre imaginó de niño, pero que no difería en lo más absoluto de sus pretensiones como guerrero. Habría dejado este mundo con la certeza de tener el favor de su señor.
Vestía de blanco aquél día de primavera. Volvían a caer las flores de cerezo por todos los alrededores y no podía evitar fijar la mirada en alguna de ellas mientras esperaba la llegada de los miembros del Monchujô y del Kaishakunin , Yoshinaga Takeda. A la cabeza apareció un estandarte con el mon del Shogun Ieyasu Tokugawa, algunos samurai que reconoció como parte de la Shitsu- Kingo , la guardia personal del Shogun. Tras ellos Tokugawa Ieyasu en persona, seguido por los oficiales del jurado y finalmente Yoshinaga Takeda, vestido con su mejor kataginu blanco en señal de luto y los dos guardias que habían sobrevivido al ataque de aquella noche.
Daisuke Tomomori esperaba en la postura de seiza , de rodillas, flanqueado por dos guardias de la Shitsu- Kingo y todos ellos rodeados por tres paredes de tela blanca con el mon del clan Takeda, el de la familia Tomomori, y el mon personal de Daisuke. En un silencio casi sepulcral, Yoshinaga se colocó de pie en el lado izquierdo de Daisuke. No cruzaron sus miradas. Daisuke ya estaba concentrado en el Vacío. El Shogun y su guardia se sentaron frente a él y tras ellos los dos componentes delegados del Monchujô .
Yoshinaga se recogió las mangas del keikogi con una cinta de blanco riguroso. Frente a Daisuke, sobre una mesita de caoba negra, una cinta blanca y el wakizashi de Yoshinaga, envuelto parcialmente en un paño esperaba a que se le diera su funesto uso. Bajo él, había dejado un pergamino con un haiku escrito.
Nadie dijo ni una palabra. Daisuke cogió la banda blanca y se ató los pies a la altura de los tobillos. Levantó el wakizashi y abrió el haori blanco con la mano libre. Llevó el wakizashi envuelto en el paño a la altura de su vientre y apoyó la punta en su abdomen. Estaba frío. El rostro de Daisuke no mostraba ningún sentimiento.
Empujó la hoja con decisión y no se movió ni un milímetro. Sintió la sangre empapar el paño blanco mientras llevaba la hoja hacia el lado derecho de su vientre. Escuchó perfectamente cómo Yoshinaga desenfundaba a Yuki , la katana que forjó hace años el anterior maestro espadero del daimyo , e intuyó cómo se cuadraba en hasso- no- kamae .
Volvió a mover el wakizashi . Todo le daba vueltas, pero su cuerpo no se movía. Tampoco sentía dolor alguno aún. La hoja llegó hasta aproximadamente la zona media del abdomen. Algo más abajo que antes. Contemplaba como caían las flores blancas y rosas...
Llevó el sable hasta el lado izquierdo nuevamente, y notó que se derrumbaba lentamente. El mundo se desdibujaba. De repente todo se volvió oscuro.
Yoshinaga dejó caer la hoja de la katana en un gesto impecable al tiempo que una lágrima rodaba por ella hasta confundirse con la sangre de Daisuke.
Fallé a mi Señor.
Fracasé en mi misión.
Mas siempre le amé.
Daisuke Tomomori.
FIN
El día del ritual, Yoshinaga descorrió el panel de arroz y entró silenciosamente en el cuarto donde Daisuke escribía con lentitud un haiku para el momento del seppukku y adoptó la postura de seiza tras de su siervo.
- Daisuke- murmuró Yoshinaga. El joven dio un respingo y se volvió inmediatamente con una triste sonrisa en el bello rostro.- Al final parece que sí eres tan bobo como creía.
- ¡Mi Señor!- dijo Daisuke tendiendo su frente en el suelo- ¡Creí que no vendríais nunca!
- No seas más bobo aún. He venido para ofrecerte mi wakizashi y mis servicios como Kaishaku .
Los ojos de Daisuke se colmaron de lágrimas. No pudo contenerlas. Al final de sus días, Daisuke había conseguido la felicidad de una forma bastante alejada de lo que siempre imaginó de niño, pero que no difería en lo más absoluto de sus pretensiones como guerrero. Habría dejado este mundo con la certeza de tener el favor de su señor.
Vestía de blanco aquél día de primavera. Volvían a caer las flores de cerezo por todos los alrededores y no podía evitar fijar la mirada en alguna de ellas mientras esperaba la llegada de los miembros del Monchujô y del Kaishakunin , Yoshinaga Takeda. A la cabeza apareció un estandarte con el mon del Shogun Ieyasu Tokugawa, algunos samurai que reconoció como parte de la Shitsu- Kingo , la guardia personal del Shogun. Tras ellos Tokugawa Ieyasu en persona, seguido por los oficiales del jurado y finalmente Yoshinaga Takeda, vestido con su mejor kataginu blanco en señal de luto y los dos guardias que habían sobrevivido al ataque de aquella noche.
Daisuke Tomomori esperaba en la postura de seiza , de rodillas, flanqueado por dos guardias de la Shitsu- Kingo y todos ellos rodeados por tres paredes de tela blanca con el mon del clan Takeda, el de la familia Tomomori, y el mon personal de Daisuke. En un silencio casi sepulcral, Yoshinaga se colocó de pie en el lado izquierdo de Daisuke. No cruzaron sus miradas. Daisuke ya estaba concentrado en el Vacío. El Shogun y su guardia se sentaron frente a él y tras ellos los dos componentes delegados del Monchujô .
Yoshinaga se recogió las mangas del keikogi con una cinta de blanco riguroso. Frente a Daisuke, sobre una mesita de caoba negra, una cinta blanca y el wakizashi de Yoshinaga, envuelto parcialmente en un paño esperaba a que se le diera su funesto uso. Bajo él, había dejado un pergamino con un haiku escrito.
Nadie dijo ni una palabra. Daisuke cogió la banda blanca y se ató los pies a la altura de los tobillos. Levantó el wakizashi y abrió el haori blanco con la mano libre. Llevó el wakizashi envuelto en el paño a la altura de su vientre y apoyó la punta en su abdomen. Estaba frío. El rostro de Daisuke no mostraba ningún sentimiento.
Empujó la hoja con decisión y no se movió ni un milímetro. Sintió la sangre empapar el paño blanco mientras llevaba la hoja hacia el lado derecho de su vientre. Escuchó perfectamente cómo Yoshinaga desenfundaba a Yuki , la katana que forjó hace años el anterior maestro espadero del daimyo , e intuyó cómo se cuadraba en hasso- no- kamae .
Volvió a mover el wakizashi . Todo le daba vueltas, pero su cuerpo no se movía. Tampoco sentía dolor alguno aún. La hoja llegó hasta aproximadamente la zona media del abdomen. Algo más abajo que antes. Contemplaba como caían las flores blancas y rosas...
Llevó el sable hasta el lado izquierdo nuevamente, y notó que se derrumbaba lentamente. El mundo se desdibujaba. De repente todo se volvió oscuro.
Yoshinaga dejó caer la hoja de la katana en un gesto impecable al tiempo que una lágrima rodaba por ella hasta confundirse con la sangre de Daisuke.
Fallé a mi Señor.
Fracasé en mi misión.
Mas siempre le amé.
Daisuke Tomomori.
FIN
Hola buenas tardes,
EL SECRETO DE LA EFICACIA
Ito Ittosai, incluso después de haberse convertido en un experto y maestro famoso en el arte del sable, no estaba satisfecho de su nivel. A pesar de sus esfuerzos, tenía conciencia de que desde hacia algún tiempo no conseguía progresar. En efecto, los sutras cuentan que el buda se sentó bajo una higuera para meditar con la firme resolución de no moverse hasta que no recibiera la comprensión última de la existencia del Universo. Determinado a morir en ese mismo sitio antes que renunciar, el Buda realizó su voto: despertó la Suprema Verdad.
Ito Ittosai se dirigió pues a un templo con el fin de descubrir el secreto del arte del sable. Durante 7 días y 7 noches estuvo consagrado a la meditación.
Al alba del octabo día, exhausto y desalentado por no haber conseguido saber algo más se resignó a volver a su casa, abandonando toda esperanza de penetrar el famoso secreto.
Después de salir del templo tomó una carretera rodeada de árboles. Cuando apenas había dado unos pasos, sintió de pronto una presencia amenazante detrás de él y sin reflexionar se volvió al mismo tiempo que desenvainaba el sable.
Entonces se dio cuenta que su gesto espontáneo acababa de salvarle la vida. Un bandido yacía a sus pies con un sable en la mano.
Un saludo
Buffu ikkan
EL SECRETO DE LA EFICACIA
Ito Ittosai, incluso después de haberse convertido en un experto y maestro famoso en el arte del sable, no estaba satisfecho de su nivel. A pesar de sus esfuerzos, tenía conciencia de que desde hacia algún tiempo no conseguía progresar. En efecto, los sutras cuentan que el buda se sentó bajo una higuera para meditar con la firme resolución de no moverse hasta que no recibiera la comprensión última de la existencia del Universo. Determinado a morir en ese mismo sitio antes que renunciar, el Buda realizó su voto: despertó la Suprema Verdad.
Ito Ittosai se dirigió pues a un templo con el fin de descubrir el secreto del arte del sable. Durante 7 días y 7 noches estuvo consagrado a la meditación.
Al alba del octabo día, exhausto y desalentado por no haber conseguido saber algo más se resignó a volver a su casa, abandonando toda esperanza de penetrar el famoso secreto.
Después de salir del templo tomó una carretera rodeada de árboles. Cuando apenas había dado unos pasos, sintió de pronto una presencia amenazante detrás de él y sin reflexionar se volvió al mismo tiempo que desenvainaba el sable.
Entonces se dio cuenta que su gesto espontáneo acababa de salvarle la vida. Un bandido yacía a sus pies con un sable en la mano.
Un saludo
Buffu ikkan
Hola buenas tardes,
Sexto sentido
Tajima no kami paseabas por su jardín una hermosa tarde de primavera. Parecía completamente absorto en la contemplación de los cerezos al sol. A algunos pasos detrás de él, un joven servidor le seguía llevando su sable. Una idea atravesó el espíritu del joven:
"A pesar de toda la habilidad de mi Maestro en el manejo del sable, en este momento sería fácil atacarle por detrás, ahora que parece tan fascinado con las flores del cerezo".
En ese preciso instante, Tajima no kami se volvió y comenzó a buscar algo alrededor de sí, como si quisiera descubrir a alguien que se hubiera escondido. Inquieto, se puso a escudriñar todos los rincones del jardín. Al no encontrar a nadie, se retiró a su habitación muy preocupado. El servidor acabó por preguntarle si se encontraba bien y si deseaba algo. Tajima respondió:
- Estoy profundamente turbado por un incidente extraño que no puedo explicarme. Gracias a mi larga práctica de las artes marciales, puedo presentir cualquier pensamiento agresivo contra mí. Justamente cuando estaba en el jardín me ha sucedido esto. Pero aparte de tí no había nadie, ni siquiera un perro. Estoy descontento conmigo mismo, ya que no puedo justificar mi percepción.
El joven servidor, después de saber esto, se acercó al Maestro y le confesó la idea que había tenido, cuando se encontraba detrás de él. Humildemente le pidió perdón.
Tajima no kami se sintió aliviado y satisfecho, y volvió al jardín.
Un saludo
Buffu ikkan
Sexto sentido
Tajima no kami paseabas por su jardín una hermosa tarde de primavera. Parecía completamente absorto en la contemplación de los cerezos al sol. A algunos pasos detrás de él, un joven servidor le seguía llevando su sable. Una idea atravesó el espíritu del joven:
"A pesar de toda la habilidad de mi Maestro en el manejo del sable, en este momento sería fácil atacarle por detrás, ahora que parece tan fascinado con las flores del cerezo".
En ese preciso instante, Tajima no kami se volvió y comenzó a buscar algo alrededor de sí, como si quisiera descubrir a alguien que se hubiera escondido. Inquieto, se puso a escudriñar todos los rincones del jardín. Al no encontrar a nadie, se retiró a su habitación muy preocupado. El servidor acabó por preguntarle si se encontraba bien y si deseaba algo. Tajima respondió:
- Estoy profundamente turbado por un incidente extraño que no puedo explicarme. Gracias a mi larga práctica de las artes marciales, puedo presentir cualquier pensamiento agresivo contra mí. Justamente cuando estaba en el jardín me ha sucedido esto. Pero aparte de tí no había nadie, ni siquiera un perro. Estoy descontento conmigo mismo, ya que no puedo justificar mi percepción.
El joven servidor, después de saber esto, se acercó al Maestro y le confesó la idea que había tenido, cuando se encontraba detrás de él. Humildemente le pidió perdón.
Tajima no kami se sintió aliviado y satisfecho, y volvió al jardín.
Un saludo
Buffu ikkan
Hola buenas tardes,
VIEJO SAMURAI
Jingaro sentado confortablemente delante de la chimenea se encontraba rodeado por sus juveniles nietos. Había servido en el Ejército del Emperador por largos 20 años recibiendo los más altos honores por sus meritorios servicios en los campos de batalla. Comenzó como simple soldado hasta convertirse en sabio y respetado consejero no sólo en asuntos militares sino de alta política.
Ahora, cargado de medallas y de años, pasaba las horas recordando su vida y experiencias para sus traviesos nietos, los cuales se deleitaban al escuchar las entretenidas historias, las cuales enriquecían su cultura y conocimientos, claro está, a menudo interrumpían a su abuelo consultándole acerca de tantas parábolas. Como el caso, cuando uno de sus nietos exclamó... ¡Abuelo, no puedo comprender el sentido!
-¿Qué es lo que no entiendes Hara... repplicó el venerable anciano.
-¿Por qué abuelo el Samurai, confió en eel otro hombre... Cómo podía saber que era una buena persona... Es que algunas veces debemos usar otros caminos, si queremos tener éxito en nuestras apreciaciones.. Abuelo? ¿Cómo puedes conocer lo que no se puede ver?
El anciano lo tomó afectuosamente, lo atrajo hacia sí y le acarició su cabeza mientras le decía...
-Cierra tus ojos, querido hijito. -ordennó Jingaro-. Ahora dime ¿puedes verme?
-¡No, abuelo!, exclamó el niño.
-Pero tú sabes que yo estoy aquí, responndió Jingaro.
Los niños soltaron la risa abriendo los ojos y exclamando:
-Por supuesto que lo sabíamos, nosotros te vimos antes de cerrar los ojos, además podíamos escucharte.
-Pero aún sin verme u oírme, yo estaría aún aquí... respondió el anciano.
Los jóvenes asintieron con la cabeza.
-Y ahora, díganme ¿de qué otro modo podíían saber que yo me encuentro aquí?
El silencio fue la respuesta. Sólo después de transcurrido un tiempo, la voz de Hana se escuchó... "Yo creo que podría sentir que estás cerca de nosotros, abuelo".
-¿Qué tratas de decirme...?, respondió JJingaro.
-¡Qué puedo verte aún con los ojos cerraados, abuelo!
Los otros niños empezaron a reírse, pero el anciano con un gesto los detuvo.
-Escuchen mis hijos. Existen muchas maneeras de conocer cosas sin verlas con los ojos o escucharlas en nuestros oídos. Estas habilidades son importantes. Pero valiosas... por ejemplo, el Alma... si ustedes se esfuerzan concentrándose correctamente pueden llegar a desarrollar un nuevo tipo de visión. Entonces ustedes estarán más allá de los límites de vuestros ojos y oídos.
Habían transcurrido varios días de aquella conversación, cuando Jingaro, sentado en su silla preferida reparaba una antigua arma; su pelo gris y cara surcada de arrugas reflejaban los años de dura labor, y aunque pasaba los 60, el viejo Samurai aún lucía el vigor y la energía de hombres mucho más jóvenes.. Los quietos pensamientos del anciano fueron de improviso interrumpidos por los gritos de su nuera y los relinchos de numerosos caballos que se acercaban.
-¡¡¿Qué está sucediendo?, preguntó secamente el anciano... ¡Qué pasa... pero qué es lo que ocurre?, inquiría una y otra vez. Luego, dirigiendo la vista al patio, sólo vio oscuridad.
De pronto su nuera, gimiendo y llorando, entró al cuarto y llena de angustia exclamó.
-¡Abuelo... abuelo! Por favor, cuide a llos niños... Monjiro y sus bandidos han venido a robarnos, pero no sólo se llevaron el dinero, también han tomado prisioneros a Hana y han colgado a mi esposo y se aprestan a asesinarlo... Colgándose de las ropas del anciano, le suplicó ¡Debes tomar los niños y correr tratando de salvar sus vidas!
Jingaro comprendió que la huida no era el camino correcto, reacciono como había sido entrenado años atrás. Instintivamente tomó su arma que colgaba en la pared. Luego se dirigió al exterior. Aún en ese momento crucial, para el anciano fue un agrado tomar nuevamente su arma (Kama-Hoz), de cuyo extremo pendía una cadena (Kusarigama). Jingaro escuchó los lamentos de la familia de su hijo y la terrible risa de los bandidos. El cielo estaba oscuro y caminó rápidamente al centro del patio. De inmediato voces a su alrededor cesaron y todos dirigieron su atención hacia el anciano que erguido los observó lentamente uno a uno.
-¡¡¡Viejo -exclamó en forma burlona uno de los bandidos-. ¿Qué crees tú que puedes hacer con esa arma? Los ancianos no pueden combatir y ni siquiera puedes ver de noche... esa arma que traes necesita ser usada por un guerrero diestro, no por un anciano decrépito.
Jingaro, sin perder la calma, murmuró. "Tomen lo que desean y dejad mi familia en paz. Si Uds. rehúsan hacerlo tendré que matarlos". Dos de los hombres se acercaron ondeando sus espadas sobre la solitaria figura, pero cuando se encontraban a una distancia adecuada, Jingaro atacó con su Kusarigama y en forma simultánea golpeó a uno de ellos en el cuello con la cadena y al otro hirió mortalmente con la hoja afilada de su Kama (Hoz). Los dos hombres cayeron heridos de muerte y nuevamente la voz del jefe de los bandidos se escuchó: "Así que eres un verdadero guerrero. Lamentablemente para tí está demasiado oscuro y nos hubieras dado muchos problemas de haber contado con la claridad necesaria. Quedamos cuatro hombres, y todos tenemos excelente vista. Prepárate a morir anciano."
Jingaro no replicó y se preparó para el siguiente ataque, escuchando cuidadosamente los movimientos de sus enemigos. Rápidamente tres de ellos tomaron posiciones rodeándole, él respondió haciendo girar su cadena; en pocos segundos el extremo de la cadena se había convertido en un peligroso proyectil que giraba a una velocidad increíble. Jingaro haciendo un movimiento con su brazo hizo que la cadena alcanzara a su adversario más próximo, al cual destrozó la cara, luego saltando al costado, el veterano combatiente enrolló la cadena alrededor de la espada de uno de los bandidos y haciéndole perder el equilibrio lo atrajo hacia él, matándole con la afilada hoja de su Kama. Antes que pudiese retomar su Kusarigama, el tercer asesino asestó un terrible golpe con su espada en la espalda del anciano Jingaro, sintiendo que el frío acero invadía su cuerpo, recorrió a sus muchos años de Yoroikumi-Uchi y volviéndose rápidamente con un poderoso movimiento envolvente, con sus piernas derribó a su sorprendido adversario para después, con veloz movimiento de su corta espada, terminar la técnica abriendo el cuello a su enemigo. Jingaro cubierto de sangre y mortalmente herido, enfrentó al líder de los bandidos Monjiro, el cual expresó: "Has llegado al final del camino, anciano guerrero". Luego montando su caballo cargó contra el anciano, el cual lo esperaba con su ensangrentada Kusarigama. Monjiro a medida que se acercaba blandía furiosamente su espada, pero Jingaro presintiendo el ataque, saltaba en el último instante, evitando así los terrible golpes; el caballo volví una y otra vez, pero el anciano, el cual llegando casi al límite de sus fuerzas, dobló sus rodillas en el suelo esperando el último y decisivo ataque.
Al verlo arrodillado el bandido se acercó y levantando su espada se aprontó a descargar el último y mortal golpe. Jingaro decidido a salvar su familia y su honor de Samurai, reuniendo sus últimas energías se levantó lentamente del suelo mientras escuchaba el galope del caballo que se acercaba y en el momento apropiado evitó el ataque de la espada del bandido; luego con su cadena alcanzó el brazo del atacante derribándole del corcel y finalmente con un golpe con la empuñadura de madera de su arma eliminó al último de sus enemigos.
Jingaro permaneció parado por breves instantes saboreando su más importante triunfo en su larga y brillante carrera de guerrero. Su hijo, nuera y nietos que se habían liberado de sus ataduras, lo alcanzaron en el preciso instante que se desplomaba al suelo. Jingaro trató de ver el cielo pero solamente vio tinieblas; los nietos lloraban desconsoladamente, pero el anciano sonriendo, expresó: "Niños, por favor, recuerden lo que les he dicho, deben de tratar de ver más allá de sus ojos, cierren los ojos y escuchen mi corazón".
Entonces, Jingaro, ese anciano guerrero que había perdido la vista desde hacía más de 20 años, cerró sus ojos por última vez.
Un saludo
Buffu ikkan
VIEJO SAMURAI
Jingaro sentado confortablemente delante de la chimenea se encontraba rodeado por sus juveniles nietos. Había servido en el Ejército del Emperador por largos 20 años recibiendo los más altos honores por sus meritorios servicios en los campos de batalla. Comenzó como simple soldado hasta convertirse en sabio y respetado consejero no sólo en asuntos militares sino de alta política.
Ahora, cargado de medallas y de años, pasaba las horas recordando su vida y experiencias para sus traviesos nietos, los cuales se deleitaban al escuchar las entretenidas historias, las cuales enriquecían su cultura y conocimientos, claro está, a menudo interrumpían a su abuelo consultándole acerca de tantas parábolas. Como el caso, cuando uno de sus nietos exclamó... ¡Abuelo, no puedo comprender el sentido!
-¿Qué es lo que no entiendes Hara... repplicó el venerable anciano.
-¿Por qué abuelo el Samurai, confió en eel otro hombre... Cómo podía saber que era una buena persona... Es que algunas veces debemos usar otros caminos, si queremos tener éxito en nuestras apreciaciones.. Abuelo? ¿Cómo puedes conocer lo que no se puede ver?
El anciano lo tomó afectuosamente, lo atrajo hacia sí y le acarició su cabeza mientras le decía...
-Cierra tus ojos, querido hijito. -ordennó Jingaro-. Ahora dime ¿puedes verme?
-¡No, abuelo!, exclamó el niño.
-Pero tú sabes que yo estoy aquí, responndió Jingaro.
Los niños soltaron la risa abriendo los ojos y exclamando:
-Por supuesto que lo sabíamos, nosotros te vimos antes de cerrar los ojos, además podíamos escucharte.
-Pero aún sin verme u oírme, yo estaría aún aquí... respondió el anciano.
Los jóvenes asintieron con la cabeza.
-Y ahora, díganme ¿de qué otro modo podíían saber que yo me encuentro aquí?
El silencio fue la respuesta. Sólo después de transcurrido un tiempo, la voz de Hana se escuchó... "Yo creo que podría sentir que estás cerca de nosotros, abuelo".
-¿Qué tratas de decirme...?, respondió JJingaro.
-¡Qué puedo verte aún con los ojos cerraados, abuelo!
Los otros niños empezaron a reírse, pero el anciano con un gesto los detuvo.
-Escuchen mis hijos. Existen muchas maneeras de conocer cosas sin verlas con los ojos o escucharlas en nuestros oídos. Estas habilidades son importantes. Pero valiosas... por ejemplo, el Alma... si ustedes se esfuerzan concentrándose correctamente pueden llegar a desarrollar un nuevo tipo de visión. Entonces ustedes estarán más allá de los límites de vuestros ojos y oídos.
Habían transcurrido varios días de aquella conversación, cuando Jingaro, sentado en su silla preferida reparaba una antigua arma; su pelo gris y cara surcada de arrugas reflejaban los años de dura labor, y aunque pasaba los 60, el viejo Samurai aún lucía el vigor y la energía de hombres mucho más jóvenes.. Los quietos pensamientos del anciano fueron de improviso interrumpidos por los gritos de su nuera y los relinchos de numerosos caballos que se acercaban.
-¡¡¿Qué está sucediendo?, preguntó secamente el anciano... ¡Qué pasa... pero qué es lo que ocurre?, inquiría una y otra vez. Luego, dirigiendo la vista al patio, sólo vio oscuridad.
De pronto su nuera, gimiendo y llorando, entró al cuarto y llena de angustia exclamó.
-¡Abuelo... abuelo! Por favor, cuide a llos niños... Monjiro y sus bandidos han venido a robarnos, pero no sólo se llevaron el dinero, también han tomado prisioneros a Hana y han colgado a mi esposo y se aprestan a asesinarlo... Colgándose de las ropas del anciano, le suplicó ¡Debes tomar los niños y correr tratando de salvar sus vidas!
Jingaro comprendió que la huida no era el camino correcto, reacciono como había sido entrenado años atrás. Instintivamente tomó su arma que colgaba en la pared. Luego se dirigió al exterior. Aún en ese momento crucial, para el anciano fue un agrado tomar nuevamente su arma (Kama-Hoz), de cuyo extremo pendía una cadena (Kusarigama). Jingaro escuchó los lamentos de la familia de su hijo y la terrible risa de los bandidos. El cielo estaba oscuro y caminó rápidamente al centro del patio. De inmediato voces a su alrededor cesaron y todos dirigieron su atención hacia el anciano que erguido los observó lentamente uno a uno.
-¡¡¡Viejo -exclamó en forma burlona uno de los bandidos-. ¿Qué crees tú que puedes hacer con esa arma? Los ancianos no pueden combatir y ni siquiera puedes ver de noche... esa arma que traes necesita ser usada por un guerrero diestro, no por un anciano decrépito.
Jingaro, sin perder la calma, murmuró. "Tomen lo que desean y dejad mi familia en paz. Si Uds. rehúsan hacerlo tendré que matarlos". Dos de los hombres se acercaron ondeando sus espadas sobre la solitaria figura, pero cuando se encontraban a una distancia adecuada, Jingaro atacó con su Kusarigama y en forma simultánea golpeó a uno de ellos en el cuello con la cadena y al otro hirió mortalmente con la hoja afilada de su Kama (Hoz). Los dos hombres cayeron heridos de muerte y nuevamente la voz del jefe de los bandidos se escuchó: "Así que eres un verdadero guerrero. Lamentablemente para tí está demasiado oscuro y nos hubieras dado muchos problemas de haber contado con la claridad necesaria. Quedamos cuatro hombres, y todos tenemos excelente vista. Prepárate a morir anciano."
Jingaro no replicó y se preparó para el siguiente ataque, escuchando cuidadosamente los movimientos de sus enemigos. Rápidamente tres de ellos tomaron posiciones rodeándole, él respondió haciendo girar su cadena; en pocos segundos el extremo de la cadena se había convertido en un peligroso proyectil que giraba a una velocidad increíble. Jingaro haciendo un movimiento con su brazo hizo que la cadena alcanzara a su adversario más próximo, al cual destrozó la cara, luego saltando al costado, el veterano combatiente enrolló la cadena alrededor de la espada de uno de los bandidos y haciéndole perder el equilibrio lo atrajo hacia él, matándole con la afilada hoja de su Kama. Antes que pudiese retomar su Kusarigama, el tercer asesino asestó un terrible golpe con su espada en la espalda del anciano Jingaro, sintiendo que el frío acero invadía su cuerpo, recorrió a sus muchos años de Yoroikumi-Uchi y volviéndose rápidamente con un poderoso movimiento envolvente, con sus piernas derribó a su sorprendido adversario para después, con veloz movimiento de su corta espada, terminar la técnica abriendo el cuello a su enemigo. Jingaro cubierto de sangre y mortalmente herido, enfrentó al líder de los bandidos Monjiro, el cual expresó: "Has llegado al final del camino, anciano guerrero". Luego montando su caballo cargó contra el anciano, el cual lo esperaba con su ensangrentada Kusarigama. Monjiro a medida que se acercaba blandía furiosamente su espada, pero Jingaro presintiendo el ataque, saltaba en el último instante, evitando así los terrible golpes; el caballo volví una y otra vez, pero el anciano, el cual llegando casi al límite de sus fuerzas, dobló sus rodillas en el suelo esperando el último y decisivo ataque.
Al verlo arrodillado el bandido se acercó y levantando su espada se aprontó a descargar el último y mortal golpe. Jingaro decidido a salvar su familia y su honor de Samurai, reuniendo sus últimas energías se levantó lentamente del suelo mientras escuchaba el galope del caballo que se acercaba y en el momento apropiado evitó el ataque de la espada del bandido; luego con su cadena alcanzó el brazo del atacante derribándole del corcel y finalmente con un golpe con la empuñadura de madera de su arma eliminó al último de sus enemigos.
Jingaro permaneció parado por breves instantes saboreando su más importante triunfo en su larga y brillante carrera de guerrero. Su hijo, nuera y nietos que se habían liberado de sus ataduras, lo alcanzaron en el preciso instante que se desplomaba al suelo. Jingaro trató de ver el cielo pero solamente vio tinieblas; los nietos lloraban desconsoladamente, pero el anciano sonriendo, expresó: "Niños, por favor, recuerden lo que les he dicho, deben de tratar de ver más allá de sus ojos, cierren los ojos y escuchen mi corazón".
Entonces, Jingaro, ese anciano guerrero que había perdido la vista desde hacía más de 20 años, cerró sus ojos por última vez.
Un saludo
Buffu ikkan
Hola buenos días,
CAMBIO DE MENTE
Una figura vestida de negro trepó gradualmente por encima del muro que rodeaba el jardín tranquilo y se dejó caer sin ruido al suelo. Apretó la espalda contra el muro ensombrado y se quedó inmóvil mientras esperaba que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Miró al cielo y dio las gracias a los dioses por haber mandado unas nubes negras para cubrir a la luna.
Mientras su ojos no pudiesen ayudarle, forzó a sus oídos para detectar cualquier sonido de peligro y olfateo el aire para los olores humanos. Satisfecho que los guardias no le habían visto ni oído, se desplazo cuidadosamente a lo largo de la pared, sus sandalias forradas amortiguaron el sonido de sus pasos. Se agarró con una mano a la espada corta, colgada de su espalda, para prevenir que chocara contra las piedras salientes.
A la medida que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad, pudo detectar la silueta de la construcción de madera y tejas de barro que era el palacio del señor de la guerra Nakamura. Había entrado al jardín en su punto más próximo a la casa, pero todavía le faltaba una gran distancia para llegar al lecho del señor Nakamura.
Acercarse a la casa no sería fácil. Aunque estaba escondido en la oscuridad, él sabía que había un estanque grande, salpicado de islitas pequeñas, que debía ser cruzado. El puente estrecho estaría guardado y sería un obstáculo formidable. Y aunque habría árboles alrededor de la ruta que tomara que pudieran seguirle para esconderse, estaría en campo abierto durante la mayor parte de la distancia y podría ser visto si la luna saliera de las nubes.
Escucho los sonidos de los grillos y respiró profundamente el olor dulce de los crisantemos en flor mientras sacaba el alambre delgado y largo del fajín alrededor de su cintura. Mataría esta noche. Mataría más que una vez en este escenario que parecía más apropiado para la contemplación de la vida y la belleza. Se envolvió las extremidades del alambre alrededor de los guantes que cubrían sus manos, se agachó muy bajo y empezó a moverse hacia el palacio.
El señor Nakamura deslizó el panel de la pared de su lecho y miró hacía el jardín oscuro. Ël, también escucho a los grillos y respiró el mismo perfume fuerte de los crisantemos, pero estaba demasiado absorbido con sus propios pensamientos para ser afectado por el sonido y olor agradable.
Se vistió un kimono sencillo blanco que colgó sueltamente sobre su figura macilenta. Su pelo, tan oscuro como la noche, estaba desatado y llegó pasado sus hombros. Sus ojos eran fríos, sus labios delgados y crueles. Su cara era el espejo de sus muchos años como un señor de la guerra. No se reflejaba allí ningún signo de piedad ni compasión.
“Está allí fuera, ¿verdad?” – dijo como si fuera pensando en voz alta.
“Me está mirando en este mismo momento.”
Su samurai más confiado se acerco hacia su señor, manteniéndose cerca de la pared para no ser visto por alguien desde el jardín.
“Es la hora que acordamos, “ –susurró. “Él ha sido bien pagado. Estoy seguro que está allí ya.”
Nakamura cerró el panel y entró de nuevo en la habitación.
“¿No hay ninguna posibilidad que los guardias sepan que viene?, no le deben parar antes de alcanzar esta habitación.”
“Solamente usted y yo sabemos del arreglo, “ – le aseguró el samurai. “Los guardias fuera de su habitación han sido informados que usted había tenido una visión de la muerte y que deben estar aún más alertas. Dentro de poco les llamaré aquí dentro de su habitación y les ordenaré a quedarse conmigo a su lado a lo largo de la noche. También ordenaré que uno de ellos ocupe su cama. No dejaremos nada a la suerte. En lo referido a los guardias del jardín, no les han dicho nada.”
Nakamura indicó su entendimiento con la cabeza mientras se sentaba enfrente del taburete pequeño de vestir cerca de su cama.
“Me ha servido usted bien.” –dijo sin mirar hacia arriba. “Ahora dígame, ¿quién es este ninja que usted ha alquilado para matarme?”.
CONTINUARA.........
Un saludo
Buffu ikkan
CAMBIO DE MENTE
Una figura vestida de negro trepó gradualmente por encima del muro que rodeaba el jardín tranquilo y se dejó caer sin ruido al suelo. Apretó la espalda contra el muro ensombrado y se quedó inmóvil mientras esperaba que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Miró al cielo y dio las gracias a los dioses por haber mandado unas nubes negras para cubrir a la luna.
Mientras su ojos no pudiesen ayudarle, forzó a sus oídos para detectar cualquier sonido de peligro y olfateo el aire para los olores humanos. Satisfecho que los guardias no le habían visto ni oído, se desplazo cuidadosamente a lo largo de la pared, sus sandalias forradas amortiguaron el sonido de sus pasos. Se agarró con una mano a la espada corta, colgada de su espalda, para prevenir que chocara contra las piedras salientes.
A la medida que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad, pudo detectar la silueta de la construcción de madera y tejas de barro que era el palacio del señor de la guerra Nakamura. Había entrado al jardín en su punto más próximo a la casa, pero todavía le faltaba una gran distancia para llegar al lecho del señor Nakamura.
Acercarse a la casa no sería fácil. Aunque estaba escondido en la oscuridad, él sabía que había un estanque grande, salpicado de islitas pequeñas, que debía ser cruzado. El puente estrecho estaría guardado y sería un obstáculo formidable. Y aunque habría árboles alrededor de la ruta que tomara que pudieran seguirle para esconderse, estaría en campo abierto durante la mayor parte de la distancia y podría ser visto si la luna saliera de las nubes.
Escucho los sonidos de los grillos y respiró profundamente el olor dulce de los crisantemos en flor mientras sacaba el alambre delgado y largo del fajín alrededor de su cintura. Mataría esta noche. Mataría más que una vez en este escenario que parecía más apropiado para la contemplación de la vida y la belleza. Se envolvió las extremidades del alambre alrededor de los guantes que cubrían sus manos, se agachó muy bajo y empezó a moverse hacia el palacio.
El señor Nakamura deslizó el panel de la pared de su lecho y miró hacía el jardín oscuro. Ël, también escucho a los grillos y respiró el mismo perfume fuerte de los crisantemos, pero estaba demasiado absorbido con sus propios pensamientos para ser afectado por el sonido y olor agradable.
Se vistió un kimono sencillo blanco que colgó sueltamente sobre su figura macilenta. Su pelo, tan oscuro como la noche, estaba desatado y llegó pasado sus hombros. Sus ojos eran fríos, sus labios delgados y crueles. Su cara era el espejo de sus muchos años como un señor de la guerra. No se reflejaba allí ningún signo de piedad ni compasión.
“Está allí fuera, ¿verdad?” – dijo como si fuera pensando en voz alta.
“Me está mirando en este mismo momento.”
Su samurai más confiado se acerco hacia su señor, manteniéndose cerca de la pared para no ser visto por alguien desde el jardín.
“Es la hora que acordamos, “ –susurró. “Él ha sido bien pagado. Estoy seguro que está allí ya.”
Nakamura cerró el panel y entró de nuevo en la habitación.
“¿No hay ninguna posibilidad que los guardias sepan que viene?, no le deben parar antes de alcanzar esta habitación.”
“Solamente usted y yo sabemos del arreglo, “ – le aseguró el samurai. “Los guardias fuera de su habitación han sido informados que usted había tenido una visión de la muerte y que deben estar aún más alertas. Dentro de poco les llamaré aquí dentro de su habitación y les ordenaré a quedarse conmigo a su lado a lo largo de la noche. También ordenaré que uno de ellos ocupe su cama. No dejaremos nada a la suerte. En lo referido a los guardias del jardín, no les han dicho nada.”
Nakamura indicó su entendimiento con la cabeza mientras se sentaba enfrente del taburete pequeño de vestir cerca de su cama.
“Me ha servido usted bien.” –dijo sin mirar hacia arriba. “Ahora dígame, ¿quién es este ninja que usted ha alquilado para matarme?”.
CONTINUARA.........
Un saludo
Buffu ikkan
Hola buenas noches,
CONTINUACIÓN...
CAMBIO DE MENTE
“Su nombre es Tahishi” –dijo el samurai. “Es de Iga y ha hecho muchas hazañas notables. Era él quien penetró el Kogushu del Palacio Imperial y trajo noticias de los planes del Regente Nobunaga por medio de escuchar inadvertido la reunión que mantuvo con sus señores de la guerra.
“Ha matado muchas veces y ha servido a muchos señores de la guerra. Hasta el propio Nobunaga le ha empleado.“
“Entonces a elegido usted bien al hombre correcto,” –dijo Nakamura. “Es bueno que Nobunaga le reconozca cuando enseñemos su cuerpo y los samurais que ha matado en su intento de asesinato. Nobunaga nunca creería que tan meritorio ninja era parte de un complot diseñado por mi. Tal evidencia le convencerá al Regente que tengo peticiones justas contra el señor Nagamasa. Creerá que Nagamasa mandó a Tahishi a matarme y no se interpondrá en mi camino cuando busque la venganza. Dentro de poco controlare las tierras y riquezas de Nagamasa y estaré el segundo a Nobunaga en el poder. Y tal vez, algún día, mi poder podría exceder al del Regente.
“Solamente siento tristeza,” –añadió Nakamura sarcásticamente, “porque no podré premiar a este meritorio ninja por el gran servicio que me hace al intentar asesinarme.”
Tahishi alcanzó el primer guardia antes que pudiera dar la alarma. La gaza de alambre fina se pasaba por encima de su cabeza y, tirando fuertemente alrededor del cuello, atravesó fácilmente su carne y casi cegó la cabeza del tronco. Una mirada de sorpresa se congeló en la cara del guerrero mientras el ninja le bajó lenta y sigilosamente al suelo. La tranquilidad el hermoso jardín apenas había sido perturbado.
Tahishi retiró el alambre y lo puso alrededor de su cintura debajo de su obi (fajín). No prestó ninguna atención al samurai joven y muerto, cuya sangre filtro de la herida fina y empapo la tierra. Esta muerte ya era del pasado. Nunca más debería ser considerado. Ahora él debía ocuparse solamente del próximo obstáculo.
El segundo guardia estaba más alerta. Estaba situado cerca del puente que cruzaba el estanque, su cabeza moviéndose lentamente de un lado para otro a la medida que escudriñaba el jardín, su mano derecha posaba encima de la empuñadura de su espada larga. Era un hombre grande con hombros fuertes y anchos. Será un oponente formidable, pensó Tahishi, uno que a lo mejor no podría vencer en un combate libre. La astucia, no la fuerza, sería necesaria para conquistar a este hombre.
Escondiéndose detrás de los cipreses, Tahishi podía acercarse hasta unos diez metros del guardia. El estanque prevenía que el ninja pudiera rodearle. Y no podía acercarse de frente sin ser visto. Habrá que desviar su atención y luego cruzar estos últimos diez metros antes de que pueda recuperarse el samurai.
Rápida y silenciosamente el ninja se desnudó. Eligió de su arsenal dos shaken y una navaja afilada, que colocó en sus dientes. Se preparó contra el árbol que le escondía, apuntó cuidadosamente y envió el primer shaken silbando hasta el poste del puente, cerca de la cabeza del samurai. Asustado, el guardia giró hacia la dirección del ruido, presentando así la parte trasera de su cabeza a Tahishi.
Un instante después, el segundo shaken salió de la mano del ninja... y logró su objetivo, el área blanda del cuello a la base del cráneo del samurai.
Tahishi empezó a correr al momento que la estrella puntiaguda estaba en el aire. El ninja sabía que los shaken no mataban. El choque inicial pasará rápidamente y el samurai podría recuperase suficientemente para pedir socorro. Debe ser detenido silenciosamente y deprisa. El grito no debe salir de su garganta.
Tahishi se dirigió rápidamente a través del claro y saltó encima de la espada samurai, una mano cercando su cabeza para tapar la boca, mientras la otra mano llevo la navaja afilada al cuello. El cuerpo del samuirai se estremeció violentamente a la medida que su vida surgió de la herida. Sus brazos se sacudieron frenéticamente mientras intentó librase del ogro invisible de su espalda, pero Tahishi aguantó con toda su energía, manteniendo tapada la boca del samurai mientras su fuerza disminuía para que el único ruido que escapara de su cuerpo fuera el gorgoteo grave y suave de la muerte.
Tahishi se cayó agotado al lado del cuerpo de su segunda victima. Sintió unas dolencias agudas en su pecho y hombros y se dio cuenta que también tenía heridas. El shaken clavado en el cuello del samurai había hecho unos cortes profundos en sui cuerpo durante la lucha.
Baño sus heridas en el agua fresca del estanque y aplicó unas hiervas curativas que llevaba consigo antes de vestirse. Ahora deseaba que su misión hubiera terminado. Le hubiera gustado dejarlo ya pero había hecho su juramento y le había pagado bien.
Cruzando el puente, Tahishi atravesó la distancia hasta el palacio muy velozmente y sin interferencias. El lecho de Nakamura era fácil de localizar. Le había informado con exactitud el samurai le pagó pos sus servicios.
Se arrastró cerca de la delgado pared y se tumbó postrado durante mucho rato, escuchando con sus oídos entrenados para los ruidos que emanaban de la habitación. Cuando niño, había pasado muchos meses retirado en los bosques y había desarrollado un sentido tan agudo de audiencia que podía escuchar con facilidad el ruido de una hoja cayéndose o de un pequeño insecto gateando sobre una hoja de hierva.
Mientras escuchaba, oyó la respiración rápida que alguien al izquierda de la entrada del jardín al lecho. Era demasiado acelerada para ser alguien que dormía. De la derecha oyó el ruido del cambio de postura. Había más de una persona en la habitación. Había otros ruidos, más tenues, desde otras partes del lecho. Eran tres, cuatro, no, cinco personas en la habitación. Todas despiertas. Todas alertas. Todas esperándoles. Era una trampa.
CONTINUARÁ....
Un saludo
Buffu ikkan
CONTINUACIÓN...
CAMBIO DE MENTE
“Su nombre es Tahishi” –dijo el samurai. “Es de Iga y ha hecho muchas hazañas notables. Era él quien penetró el Kogushu del Palacio Imperial y trajo noticias de los planes del Regente Nobunaga por medio de escuchar inadvertido la reunión que mantuvo con sus señores de la guerra.
“Ha matado muchas veces y ha servido a muchos señores de la guerra. Hasta el propio Nobunaga le ha empleado.“
“Entonces a elegido usted bien al hombre correcto,” –dijo Nakamura. “Es bueno que Nobunaga le reconozca cuando enseñemos su cuerpo y los samurais que ha matado en su intento de asesinato. Nobunaga nunca creería que tan meritorio ninja era parte de un complot diseñado por mi. Tal evidencia le convencerá al Regente que tengo peticiones justas contra el señor Nagamasa. Creerá que Nagamasa mandó a Tahishi a matarme y no se interpondrá en mi camino cuando busque la venganza. Dentro de poco controlare las tierras y riquezas de Nagamasa y estaré el segundo a Nobunaga en el poder. Y tal vez, algún día, mi poder podría exceder al del Regente.
“Solamente siento tristeza,” –añadió Nakamura sarcásticamente, “porque no podré premiar a este meritorio ninja por el gran servicio que me hace al intentar asesinarme.”
Tahishi alcanzó el primer guardia antes que pudiera dar la alarma. La gaza de alambre fina se pasaba por encima de su cabeza y, tirando fuertemente alrededor del cuello, atravesó fácilmente su carne y casi cegó la cabeza del tronco. Una mirada de sorpresa se congeló en la cara del guerrero mientras el ninja le bajó lenta y sigilosamente al suelo. La tranquilidad el hermoso jardín apenas había sido perturbado.
Tahishi retiró el alambre y lo puso alrededor de su cintura debajo de su obi (fajín). No prestó ninguna atención al samurai joven y muerto, cuya sangre filtro de la herida fina y empapo la tierra. Esta muerte ya era del pasado. Nunca más debería ser considerado. Ahora él debía ocuparse solamente del próximo obstáculo.
El segundo guardia estaba más alerta. Estaba situado cerca del puente que cruzaba el estanque, su cabeza moviéndose lentamente de un lado para otro a la medida que escudriñaba el jardín, su mano derecha posaba encima de la empuñadura de su espada larga. Era un hombre grande con hombros fuertes y anchos. Será un oponente formidable, pensó Tahishi, uno que a lo mejor no podría vencer en un combate libre. La astucia, no la fuerza, sería necesaria para conquistar a este hombre.
Escondiéndose detrás de los cipreses, Tahishi podía acercarse hasta unos diez metros del guardia. El estanque prevenía que el ninja pudiera rodearle. Y no podía acercarse de frente sin ser visto. Habrá que desviar su atención y luego cruzar estos últimos diez metros antes de que pueda recuperarse el samurai.
Rápida y silenciosamente el ninja se desnudó. Eligió de su arsenal dos shaken y una navaja afilada, que colocó en sus dientes. Se preparó contra el árbol que le escondía, apuntó cuidadosamente y envió el primer shaken silbando hasta el poste del puente, cerca de la cabeza del samurai. Asustado, el guardia giró hacia la dirección del ruido, presentando así la parte trasera de su cabeza a Tahishi.
Un instante después, el segundo shaken salió de la mano del ninja... y logró su objetivo, el área blanda del cuello a la base del cráneo del samurai.
Tahishi empezó a correr al momento que la estrella puntiaguda estaba en el aire. El ninja sabía que los shaken no mataban. El choque inicial pasará rápidamente y el samurai podría recuperase suficientemente para pedir socorro. Debe ser detenido silenciosamente y deprisa. El grito no debe salir de su garganta.
Tahishi se dirigió rápidamente a través del claro y saltó encima de la espada samurai, una mano cercando su cabeza para tapar la boca, mientras la otra mano llevo la navaja afilada al cuello. El cuerpo del samuirai se estremeció violentamente a la medida que su vida surgió de la herida. Sus brazos se sacudieron frenéticamente mientras intentó librase del ogro invisible de su espalda, pero Tahishi aguantó con toda su energía, manteniendo tapada la boca del samurai mientras su fuerza disminuía para que el único ruido que escapara de su cuerpo fuera el gorgoteo grave y suave de la muerte.
Tahishi se cayó agotado al lado del cuerpo de su segunda victima. Sintió unas dolencias agudas en su pecho y hombros y se dio cuenta que también tenía heridas. El shaken clavado en el cuello del samurai había hecho unos cortes profundos en sui cuerpo durante la lucha.
Baño sus heridas en el agua fresca del estanque y aplicó unas hiervas curativas que llevaba consigo antes de vestirse. Ahora deseaba que su misión hubiera terminado. Le hubiera gustado dejarlo ya pero había hecho su juramento y le había pagado bien.
Cruzando el puente, Tahishi atravesó la distancia hasta el palacio muy velozmente y sin interferencias. El lecho de Nakamura era fácil de localizar. Le había informado con exactitud el samurai le pagó pos sus servicios.
Se arrastró cerca de la delgado pared y se tumbó postrado durante mucho rato, escuchando con sus oídos entrenados para los ruidos que emanaban de la habitación. Cuando niño, había pasado muchos meses retirado en los bosques y había desarrollado un sentido tan agudo de audiencia que podía escuchar con facilidad el ruido de una hoja cayéndose o de un pequeño insecto gateando sobre una hoja de hierva.
Mientras escuchaba, oyó la respiración rápida que alguien al izquierda de la entrada del jardín al lecho. Era demasiado acelerada para ser alguien que dormía. De la derecha oyó el ruido del cambio de postura. Había más de una persona en la habitación. Había otros ruidos, más tenues, desde otras partes del lecho. Eran tres, cuatro, no, cinco personas en la habitación. Todas despiertas. Todas alertas. Todas esperándoles. Era una trampa.
CONTINUARÁ....
Un saludo
Buffu ikkan




