Mi profesor de Taichi Chuan insiste, a veces con execrable obstinación, que cuando nos dejamos golpear en un combate, la culpa, única y exclusivamente, es nuestra. Y esa misma responsabilidad la extrapola a la vida diaria; si alguien nos engaña mediante añagaza verbales para actuar de una determinada forma, nos estamos dejando manipular. Debemos, pues, afinar nuestro instinto hasta límites insospechados.
Hoy, antes de entrar en el trabajo, en una reunión con los representantes de las empresas del entresuelo comercial donde prestamos nuestros servicios, que en breve van a ser reformadas, un astuto ingeniero me pidió, con no poca picardía, que me encargase de solicitar el permiso de obras en el Ayuntamiento (sección Negociado de Obras). Como un ingenuo, le dije que no había problema, pero ahora me estoy dando cuenta de que puede ser una trampa para que asuma responsibilides innecesarias. Hum... ¿me estará engañando mi instinto?
Un saludo,
Fer


