Ayer, mientras paseaba, en una de esas salidas al campo con la familia, por un paraje bucólico de Segovia, a un gay llamado Bear se le ocurrió apropiarse de nuestra merienda.
Maldita la gracia que nos hizo a mis primos y a mí que un peludino de tamaña envergadura nos chafase el manduco. Obviamente le dimos una pequeña lección.
Un saludo,
Loup
