no es lo mismo pelear con guantes que con la mano desnuda
Efectivamente, no lo es. Como tampoco es lo mismo simular una pelea "al punto", sin contacto, que estar habituado a dar y recibir golpes a plena potencia.
Por ello, al boxeador le basta con aprender a abrir las manos y golpear con la base de la palma (estaremos todos de acuerdo en que no es muy complicado, aunque puede llevar un tiempo fijarlo como reflejo), mientras que el artista marcial no habituado al contacto ha de suplir **AÑOS** de habilidades adquiridas a través del combate libre a pleno contacto.
Obviamente, hace falta poco, muy poco, para hacer a un boxeador efectivo en la calle; basta con que aprenda a golpear con la base de la palma (no es preciso cambiar ninguna mecánica corporal, tan sólo la zona de impacto) y a tener en cuenta las patadas a la entrepierna. Sin embargo, para amoldar a un artista marcial "al punto" hacen falta años, casi partir desde cero (ya que, desde la guardia, el repertorio de técnicas y absolutamente todo cambia de forma más que sustancial).
El deportista de contacto en la calle es un conductor al que, de repente, le han puesto a conducir en el Reino Unido; tiene el volante a la derecha, la palanca de cambios a la izquierda y ha de estar atento para circular por el "sentido contrario". Habituarse a ello apenas lleva unos pocos días (unos meses, en tiempo "marcial").
El artista marcial "al punto" es una persona que no posee el carnet de conducir, aunque conoce al dedillo los movimientos a base de practicar en simuladores informáticos. Corregir todo eso y lograr que aprenda a conducir puede llevar semanas, sino meses (unos años, en tiempo "marcial").
Creo que lo que se enseña en la mayoría de deportes de contacto no tiene mucho que ver con una lucha a puño desnudo
Por desgracia, lo que se enseña en la mayoría de artes marciales tiene escaso fundamento a la hora de resolver un altercado callejero. Suelen ser técnicas de bella factura, poco realismo y sin estar pasadas por el tamiz inmisericorde del contacto pleno. Al menos el deportista de contacto tiene la mayor parte del camino ganado.
Y, una vez más, esto no es una carencia de las artes marciales, sino del modo moderno de entrenar las mismas. Hasta los años '70, cualquier practicante de los hoy tan denostados Karate o Taekwondo estaba habituado a entrenamientos rigurosísimos y a combatir de forma algo anárquica pero salvaje. Y tal vez no fuera el mejor de los métodos para evitar lesiones o pulir técnicas preciosistas, pero al menos de allí salían **LUCHADORES**, no figurines de sálón.
Hoy, en parte gracias al impulso de las MMA, una nueva corriente de realismo comienza a inundar las artes marciales, que parecen esatr recuperando el espíritu que siempre tuvieron y que se diluyó en las postrimerías del siglo XX.
, donde si uno de los dos contrincantes tiene un poco de idea, no creo una pelea callejera (para sobrevivir, no para dejar claro que: ¡¡ a mi novia no se le mira, nen!!) se esté más de 30 segundos peleando
Lo que tal vez no te hayas parado a pensar es que, precisamente debido a esa preparación para varios asaltos, el deportista de contacto es capaz de aguantar mucho mejor esos cruciales 30 segundos, y prolongarlos hasta casi el infinito si la situación lo requiere.
Siempre pongo el mismo ejemplo cuando un artista marcial pone las mismas excusas que tú respecto de la eficacia callejera de los deportes de contacto: coge a un practicante de Boxeo o Kickboxing que lleve entrenando más o menos el mismo tiempo que tú y propón realizar un combate amistoso pero con contacto pleno, con un conjunto de reglas tan laxas como desees (una coquilla, un collarín y unas fagas de esquí pueden permitirte golpear sus genitales, garganta y ojos sin peligro. Lo apunto antes de que salga la famosa excusa). Verás la sorpresa que te llevas.
Asimismo, esto también vale en dirección contraria: al deportista de contacto que dude de la eficacia de un arte marcial
bien entrenado le recomiendo que haga un combate como el descrito en el párrafo anterior con un practicante de artes marciales de su misma experiencia y
que esté habituado al combate libre a contacto pleno.
Como vemos, el denominador común es solamente uno: la discriminación de lo funcional a través del combate libre a pleno contacto. El resto son pretextos.