a partir de ahi si alguien quiere pagar por un diploma es su problema, si me alguien se puede forrar con la gente que tiene diplomatitis pues casi me parece de puta madre.
Enfocado así, Sajite, tendrías toda la razón, por supuesto. Sin embargo, todo espejo tiene dos caras, y es desde la perspectiva del "otro lado" desde la que he de disentir en parte. Verás, en mi opinión, dudo mucho que alguien quiera pagar la cantidad de dinero que sea a cambio de un diploma, por el mero hecho de tenerlo colgado en una pared; si tal fuese la situación, si todo se quedase en ese punto, por mí también perfecto. Como bien dices, sería su problema el haberse gastado un dineral en un cuadrito para su despacho que a fin de cuentas, y bien mirado, resulta mucho menos decorativo que cualquier reproducción medianamente decente de un Velázquez o un Monet, pongo por caso.

En el fondo, si se rasca el bolsillo es porque espera sacarle un cierto beneficio a su "inversión", esto es, porque para él tiene un valor crematístico, y confía en rentabilizar de alguna manera la cuantía del desembolso que ha efectuado. Y está claro que el título de "Monitor" de un Arte Marcial se capitaliza... dando clases de dicho Arte Marcial, ¿verdad?

Ahí, desde mi punto de vista, radica el meollo del asunto: si yo soy un novato en este mundillo, ando buscando algo que practicar, y entro en el gimnasio de Fulanito de Tal, a quien le avala un sinnúmero de diplomas (todos con una muy respetable apariencia de "oficialidad", ni que decir tiene, por mucho que en realidad sean papel mojado), otorgándole los más altos grados en múltiples y variopintas disciplinas... pues es harto probable que, en mi bisoñez, me sienta abrumado por los aparentes "conocimientos" de este personaje y me ponga en sus manos... o caiga en sus ávidas garras, que viene a ser lo mismo.

Al fin y al cabo, todos hemos sido alguna vez jóvenes, inexpertos y fácilmente impresionables por hábiles charlatanes y embaucadores de todo jaez... y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Dependiendo de muchos factores aleatorios, este pobre novato tardará más o menos tiempo en caer en la cuenta de que está siendo engañado y en abandonar al vividor en cuestión, pero durante ese periodo puede haber estado practicando ejercicios y técnicas mal explicadas (puesto que el responsable de ello jamás supo el modo correcto de ejecutarlas, el muy ladino

), por ende mal realizadas... y que han incidido muy negativamente sobre su salud.

Puede que tarde mucho en recuperarse de esas perniciosas secuelas... y, en el peor de los casos, quizá de algunas no se termine de recuperar jamás.

Sí, sé que estoy siendo muy fatalista, pero estas cosas suceden de cuando en cuando, y siempre me han parecido de lo más lamentable.

Además, para colmo, como bien señala Antonio, estos individuos van creando con su deplorable comportamiento una imagen negativa y distorsionada del Arte que dicen enseñar, arrastrándolo por el fango y causándole daños, si no irreparables, sí de larga y difícil enmienda.

En fin, que a mi entender es un tema complejo, delicado y con diversas ramificaciones que es preciso considerar muy cuidadosamente. A fuer de sincero, no sé hasta qué punto habría que dejar campar por sus respetos a estos instructores de opereta... si bien a mí, desde luego, no se me ocurre ninguna solución satisfactoria, y bien que lo lamento.
Creo que quien ama profundamente las aa.mm. se siente satisfecho por el hecho mismo de practicarlas. Es una de esas cosas que debes hacer siempre para ti; lo cual no quita que puedas lucrarte en la enseñanza, pero si pierdes ese entusiasmo, ni siquiera serás un buen trasmisor.
O eso creo yo.
Shihan Barrera, discípulo de EL MAESTRO Raymond Thomas, insistía en que el verdadero practicante debe actuar guiado por el Mushotoku (sin meta ni espíritu de provecho). Las cosas debemos hacerlas por el placer de hacerlas, como un fin en sí mismas.
Completamente de acuerdo con vosotros, UNO y Porky.

Por eso mismo me adhiero de todo corazón a lo que Týr ha expresado muchas veces sobre su reticencia a impartir clases, pues convertir tu devoción en obligación puede terminar por dar al traste con el entusiasmo que antaño mostraste. Lo cual no tiene por qué suceder, ni que decir tiene, pero los que no sentimos una acusada vocación didáctica sí es probable que seamos más proclives a que nos pase.
