A propósito del sexto sentido, la semana pasada tuve una corazonada que, por increíble que parezca, ha condicionado mi conducta. Mientras ojeaba una revista, encontré una fotografía de una persona por que no siento demasiada simpatía -me ha clavado demasiados puñales por culpa de su deseo de entrometerse en la vida ajena-; a los pocos minutos recibí una llamada de mi jefe, invitándome a unas jornadas a celebrar durante el fin de semana. Lo curioso es que mi mente empezó a realizar cábalas hipotéticas, dando por supuesto que ese sujeto non grato asistiría al curso en cuestión. Desconozco la razón por la cual siempre presto especial atención a éte tipo de corazonadas. El caso fue que revisé, accediendo a través de Internet, la relación de admitidos al curso, encontrando su nombre y apellidos.
Mi reacción entonces se limitó a buscar una disculpa mínimamente congruente, a fin de quedar como una persona responsable en el trabajo, y evitar, en última instancia, toparme con ese elemento, que bien podría reportarme una serie de problemas. ¿Intuición o trastorno mental? Jejeje, venga: espero vuestras opiniones.

Un saludo,
Fer


