....yo oí claramente el crack de mi codo y mi hombro, me paré y el instructor me dijo que siguiera, le explico que me he hecho un poco de daño y el me contesta: "Esto no es para flojos, si no vales te apuntas a sevillanas"
Lo cual nos sirve como ejemplo ilustrativo de las diferencias existentes entre un gilipollas y un entrenador como es debido.
Se puede decir más alto, pero no más claro. El que se basa en el número de lesionados de su gimnasio para determinar la dureza de sus entrenamientos, es por lo general un pésimo entrenador y además un imbécil.
Y de paso, esos que se pasan la clase gritando e insultando a los alumnos. A mi me pasó con unos profesores "invitados". En cuanto comenzaron los gritos, saludé y me retiré del tatami. A gritos me preguntaron que donde

pensaba ir.
Mi respuesta, con un tono de voz deliberadamente bajo y calmado fue simple. "He empezado a entrenar dos horas antes de que se iniciara la clase (y teniendo en cuenta que era Domingo y las 10:00 de la mañana...). Entreno siempre con bastante intensidad, siempre por el gusto de hacerlo, lo que me pides que haga, contiene errores de forma y estrategia (no practicaban exactamente nuestro estilo). Si además me insultas y gritas, es mejor que me marche por que si no, te voy a tener que dar un par de hostias."
A pesar de que me aseguraron que no había mala intención y que lo hacían para "motivarnos", me marché, no sin explicarles antes, que en el pais de origen de su estilo, gritar e insultar a la gente es un ofensa grave y que se suele saldar con un precio muy alto.
Un buen profesional, te hace progresar, pero vela por tu salud. Y cuando te da la oportunidad de "traspasar los límites", te deja muy claros los riesgos junto con la libertad para correrlos o no.
Antonio.