Son un desayuno perfecto, si eres capaz de tragártelos. Yo hace tiempo los dejé por imposibles, era un suplicio auténtico, y me quedé en el escalón inferior (pan integral, aceite de oliva y leche). Probaré a calentarlos junto con la leche, a ver si así se tornan comestibles.
Pues debo ser el unico al que no le desagradan los copos. Tomo marca Dickens. Y los mezclo con zumo de naranja natural. No es que sean mi debilidad pero tampoco me resultan malos.