Mi planteamiento és el siguiente : (en especial para Týr por ser un maestro agrupando palabras).
En un primer momento... ¿las palabras qué pronunciemos no són definitivas?, ¿el significado de nuestro mens no puede hacer meditar a nuestro oponente?, ¿la fuerza o el contenido de este no pueden ser determinantes?.
Hemos leido las experiencias en puertas de locales extremadamente conflictivos...y yo me pregunto :
¿Con dos palabras bien dichas en el momento idoneo no se podría evitar el contacto?.
Mantener una actitud correcta es **fundamental** para evitar desencadenar una agresión inminente. En multitud de ocasiones he asistido a despliegues verbales que, bien fuera por su contundencia, bien fuera por lo inesperado, atajaron de raíz cualquier intento de agresión.
Lo complicado es hacerlo en el momento idóneo (un simple "¿tienes hora" cuando el otro se desgañita ante nuestras narices puede desconcertar al más pintado y ofrecernos una magnífica oportunidad para huir, rebajar el tono de la conversación o, sencillamente, ocupar el cerero del otro durante unas milésimas de segundo, tiempo suficiente para estamparle contra la pared) y con el tono adecuado (en ocasiones, hacer uso de un tono demasiado agresivo es lo peor que uno puede hacer, mientras que en otras tratar de parecer un psicópata será al alternativa idónea).
Lo malo de todo esto es que, como dice el anuncio de Aquarius, el ser humano es imprevisible y cualquier intento por predecir el comportamiento de un individuo está destinado al fracaso. Solamente la experiencia previa puede ayudarnos a dar con el término medio necesario para poder evitar un altercado en ciernes.
En ocasiones, puede que un "si te ha parecido que te miraba fijamente es porque me gustas y no sabía cómo decírtelo" puede hacer huir al otro con el rabo entre las piernas (o es posible que se enfurezca más todavía); y en otras puede que un "¡¡¡déjame en paz o te destripo aquí mismo hijo de la gran puta!!!" haga replantearse al otro su actitud, o que justamente logremos el efecto contrario.
No hay que desestimar el poder de la palabra, ya que es enorme. Y conviene entrenar situaciones simuladas en las que el compañero nos acose y nosotros tengamos que tratar de calmarle usando tan sólo nuestros recursos verbales (sin perder de vista una guardia disimulada... por si acaso).
Hay veces en las que, después de un entrenamiento así, el compañero comenta:"dabas miedo, tío", o "si llegas a hacerme esto en la calle te arreo un bofetón que te parto la mandíbula".
Creo que has sacado a la luz un tema sumamente interesante e injustamente olvidado en muchos entrenamientos. Sigamos con él...
PD. Mucho ojo con el individuo que permanece callado y casi impasible ante las amenazas y que, en lugar de enrojecer (como suele pasar a aquellos que se desgañitan y van inflando su ego a cada segundo), se queda súbitamente pálido (señal de que el cuerpo está desviando sangre a los órganos importantes y, en general, se está preparando para al **MUY** serio. Repito: mucho, mucho, mucho cuidado con esta clase de individuos.