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AKITA
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Mensaje por AKITA »

Hola buenas tardes,

IGUAL QUE EL CAMINO MARCIAL
Dice una leyenda que, en una ocasión, un hombre joven se acercó a Buda para preguntarle qué debía hacer para alcanzar el objetivo final.

Durante años había estado asistiendo diariamente a las enseñanzas de Buda. Le había oído hablar de la tolerancia. Había dedicado tiempo a meditar sobre unos principios que nunca había puesto en práctica.
Algunas personas podrían interpretar esta actitud como resistencia, rebeldia o enfado, pero más bien parecía que nunca encontró la oportunidad para llevar a cabo las enseñanzas que se le impartieron.

Cierta tarde hizo acopio del suficiente valor para formular a Buda una pregunta:

- ¡Oh, Sabio Señor!, empezó diciendo,- durante años he escuchado vuestras enseñanzas. He intentado aprender cuáles son los caminos que conducen a la iluminació, pero ello no ha modificado mi vida en ningún sentido.

- Entonces, inquirió Buda,- ¿Cuál es tu pregunta?

- A lo largo de los años, dijo el joven,- he visto a muchas personas asistir a sus enseñanzas. Algunas se quedan, otras se marchan. Entre ellas hay monjes y monjas, ricos y pobres, hombres, mujeres y niños.
Algunas parecen haber alcanzado su objetivo. Demuestran un sentimiento de paz interior. Cuidan de los demás. Viven con alegria y felicidad. Pero no con todas las personas sucede lo mismo; es más, a la mayoria no le sucede esto. Diría que la mayor parte de personas siguen siendo las mismas que cuando vinieron por primera vez. Incluso para algunas, las circunstancias de sus vidas han empeorado. Obviamente, usted es un gran maestro. Es caritativo y bondadoso con esa gente. ¿Por qué no utiliza su poder para ayudarles? ¿Por qué no les indica la forma de alcanzar su objetivo final?

La expresión de Buda era compasiva, pero su respuesta pareció intrascendente. El hombre pensó que no habia captado el planteamiento de su pregunta.

- ¿Dónde está tu hogar?, preguntó Buda.

El hombre le dijo el nombre de la ciudad y del Estado donde se encontraba su hogar. Le habló del sitio donde nació y creció. También le explicó cómo, unos años antes, habia emigrado para buscar un empleo.

- ¿Sigues acudiendo a tu hogar?, preguntó Buda.

- Si con tanta frecuencia como puedo, le dijo el joven hombre.- Mi familia todavia vive allí. Tengo muchos amigos con llos que me crié. Incluso tengo una novia con la que espero casarme algún día.

Entonces, observó Buda,- ¿Si viajas cn tanta frecuencia, debes conocer muy bien el camino?.

- Lo conozco como la palma de mi mano, replicó el joven hombre. Tan bien que creo que podría ir con los ojos vendados, bromeó.

- Si tan bien lo conoces, ¿podrías describírselo a alguien que fuera a emprender el camino por su cuenta? ¿Sería tu descripción fidedigna y clara?

- Sí, naturalmente. A menudo he descrito la ruta a quien me lo ha preguntado, y he procurado hacerlo con la máxima claridad posible. No tendría ningun sentido darles unas indicaciones erróneas.

- De las personas que te han preguntado por el camino, inquirió Buda, ¿todas tenían la intención de emprender el viaje?

- No, contestó el joven hombre.- Muchos preguntan, pero no todos tienen el propósito de viajar. Algunos nunca encuentran el momento o no tienen la intención. A otros les gustaría, pero no se deciden.

- Buda siguió preguntando: Entre los que se deciden, ¿cuántos llegan al destino final?

- Bueno, dijo el joven hombre,- normalmente sólo quienes se han fijado mi ciudad natal como objetivo. El camino no es sencillo y algunos desisten durante el viaje. otros tienen como objetivo algún destino a mitad del trayecto.

- Entonces, dijo Buda,- Ambos tenemos una experiencia similar. Las personas acuden a mí, viéndome como alguien que ha hecho un particular viaje y que conoce bien el camino. Me piden que se lo explique. Disfrutan con la descripción que hago del camino, y les gusta la forma como hablo de ello, pero no todas las personas se adentran en él. Entre quienes inician el viaje, no todos optan por recorrer el camino hasta el final, y en consecuencia, no todos alcanzan el objetivo final.

- Como tú, prosiguió Buda,- he intentado describir el camino de la forma más clara y fidedigna posible, pero no puedo empujar o tirar de alguien u obligarle a que recorra el camino. Todo lo que puedo decir es: "Yo he recorrido el trayecto. Durante el mismo he aprendido cosas. Esta es mi experiencia. Soy feliz de compartirla contigo. No puedo hacer más. Si quieres alcanzar tu objetivo, debes ser tú quien recorra el camino".

Un saludo
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albar
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Mensaje por albar »

Las tres rejas
El joven discípulo de un sabio filósofo llegó a casa de éste y le dice:

-Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! lo interrumpe el filósofo-. ¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno ni necesario, enterrémoslo en el olvido.
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porky
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la mensajera

Mensaje por porky »

LA MENSAJERA
1.

Los invasores llevavan muchos días intentando forzar la entrada del barrio por el Sector Este. Aunque una ciudad entera quede reducida a ruinas, no está vencida hasta que no se ocupa físicamente, hasta que las ruedas y las botas se plantan en ella, se limpia casa por casa, y se destruyen los túneles que haya debajo.
Mas no iban a lograr su propósito, aunque sus medios fuesen abrumadores. El barrio no se rinde, y resiste un ataque tras otro. La estrategia de los agresores es siempre la misma, mandan delante los carros, y tras ellos las escuadras de infantería apoyando a los carros.
El carro cargó contra la barricada, pero los defensores les estaban esperando con un lanzagranadas desde la esquina...
La granada de carga hueca pegó en el centro del carro, el dardo de fuego fundió el blindaje y lo reventó por dentro como una patata asada.

-¡Toma! Ese ya no vuelve.

Pero quedaba algo, la escuadra de tiradores que iba apoyando el carro. Las ráfagas barrieron toda la calle.

-¡Te cubro! Ve para atrás.

Entonces sintió una quemadura en la frente, una de las balas de los agresores le había rozado la cabeza. Su compañero, el del lanzagranadas, estaba en el suelo con varias heridas de bala en el pecho. Una nueva escuadra salió del portal de atrás, tiró contra los agresores y los hizo retirarse.

-¡Huyen! ¡Huyen los perros! ¡Victoria!

2.

Les trasladaron al sótano de una casa tres calles mas abajo. El garaje servía de hospital improvisado, y tendieron a su compañero en una mesa de camping. Sobre ella había un armazón con unos faros conectados a una batería.

-Por los pelos... menos mal que lo han traído pronto...

Entonces vio a aquella mujer, de pie frente a él. Tendría menos de cuarenta años. Pálida, muy pálida, con las ojeras amoratadas y sin dejar de llorar.

-¿Por qué lloras?
-Lloro por él. Lloro por los que van a morir.
-¿Eres la Muerte...?
-No, sólo soy una mensajera.
-¿Vienes por mí?
-No... lo tuyo es poca cosa, la bala sólo te ha rozado la cabeza. Vengo a por el que iba contigo.
-Todavía pueden salvarle.
-Me han enviado para anunciar una muerte. Hace muchos años fuí mujer, y madre de un guerrero que murió por su pueblo. Cuando un hombre muere combatiendo, su voluntad de luchar lo ata a la tierra, y tiempo después vuelven a nacer para volver a luchar. Yo les acompaño en su camino.
-Aún no está muerto.
-Me han enviado a anunciar una muerte, y no puedo volver sin llevarles un compañero.
-Ya han muerto dos hermanos suyos, y su padres se quedarán solos.
-¡El destino ya está escrito!
-Llévame a mí en su lugar.
-No, no puedo hacerlo...

La mensajera fue mujer y fue la madre de un guerrero. Y en ese momento recuerda todo su orgullo y todo su dolor.

-No puedo hacerlo, pero lo voy a hacer. Tú vendrás conmigo.

3.

El otro seguía sobre la mesa. Se ha salvado... las tres balas ensangrentadas brillaban sobre una pequeña bandeja de metal.

-Ya está, saldrá adelante. Menos mal que lo pudimos hacer pronto, y he podido parar la hemorragia. Lo llegan a coger cinco minutos más tarde, y habría sido inútil.
-El plasma se está terminando. Necesitamos traer mas, cuanto antes.
-Lo peor ha sido su compañero, el que iba con él en la primera escuadra. Se cruzó delante para cubrirle, y le han volado la cabeza.
-Le salvó la vida.
-Si... era el mejor de los nuestros.

Y quedaron atrás las calles arruinadas, y el sótano, donde yacía su cadáver con el cráneo destrozado por una bala.
La mensajera iba junto a él, y ya no lloraba. Lo miró con una sonrisa cruzando su cara, llena de orgullo...

-Estarán satisfechos de tí. Has muerto con las armas en la mano, y por ayudar a uno de los tuyos. Eres la honra de nuestro pueblo.
-Mi compañero... habría querido despedirme de él.
-Le has dado la vida. Es el mejor recuerdo que podías ofrecerle.

Se alejaron lentamente, y las luces de la ciudad quedaron atrás.

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AKITA
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Mensaje por AKITA »

Hola buenas tardes,

LA CAMPANILLA DE PLATA
En aquel tiempo vivía en el campo, en los alrededores de EDO (hoy Toquio), un viejo momje de una gran sabiduría. Era conocido hasta en las más lejanas provincias del imperio del Sol Naciente por su gran piedad y su constante buen humor. Toshibu sonreía a todos y a todo. Aceptaba las vicisitudes de la existencia con una perfecta ecuanimidad. Un día uno de sus discípulos más asiduos se atrevió a preguntarle:

- Maestro, ¿qué es lo que hace que tengáis el corazón tan alegre, que nada parece afectaros, ni el frío, ni la sed, ni el hambre, y ni siquiera la maldad de los hombres?

- Voy a confiarte mi secreto - dijo Toshibu -. Cada vez que suena la campanilla de plata que ves suspendida en mi puerta, tengo que contenerme para no ponerme a bailar, de tan vivo como es mi placer y grande mi alegría...

Ahora bien, este discípulo, a pesar de sus demostraciones de piedad, tenía mal corazón. Era envidioso y estaba celoso de la felicidad de los demás. Decidió robar la campanilla de plata para conocer a su vez la alegría perpetua. Una noche se apoderó de la campanilla del maestro Toshibu, la escondió bajo su manto y corrió hasta su casa. Al día siguiente la suspendió en la puerta de entrada y se dispuso a gozar de una felicidad inefable. Esperó. En vano.

La campanilla tintineaba diez veces al día bajo el efecto del viento o cuando un visitante penetraba en la casa. NADA. No ocurría nada, y el discípulo no sentía ninguna alegría. Ese tintineo del que estaba pendiente incesantemente acabó incluso por crisparle. Creía oírlo de noche. Le hizo perder el gusto por la comida y la bebida, se volvía irritable. Hasta el punto de que decidió arrojarse a los pies de su maestro, implorar su perdón y devolverle la campanilla de plata.

Una mañana llevó la campanilla a Toshibu y se desizo en lágrimas de arrepentimiento. El maestro volvió a colocar tranquilamente la campanilla encima de la puerta de entrada y le concedió el perdón. Cuando el discípulo estuvo seguro de haber obtenido de nuevo el favor de su maestro, le preguntó:

- Maestro, quisiera comprender por qué esta campanilla, que os procura tal felicidad que tenéis que contener las ganas de bailar y que nada altera vuestra alegría, fue para mí una fuente de pesares.

- El ciprés en el patio - dijo Toshibu.

Aludía así a la célebre anécdota que conocen todos los discípulos del Zen:

- ¿Qué es el Zen? - pregunta el discípulo.

- El ciprés en el patio - responde el maestro.

El Zen, en efecto, es el "ciprés en el patio", y también el "bastón" del mendigo, es la "escudilla" y el "bol de arroz", o la campanilla de plata. El Zen es todo esto, y no es esto. Está aquí y allá, y n o está aquí mi allá. El Zen es una evidencia completamente simple, inmediata, y es un misterio impenetrable.

"La campana del templo se ha callado.
Al anochecer, el perfume de las flores
Prolonga su tañido."
Matsuo Bashô (1644-1694)

Los maestros Zen, a lo largo de los siglos,
no han enseñado quizá más que una cosa:
¡¡¡ NO OLVIDÉIS SER FELICES !!!

Un saludo
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porky
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tras las montañas

Mensaje por porky »

TRAS LAS MONTAÑAS

1.

Y las luces de la ciudad quedaron atrás...
El visitante había cogido el tren en medio de la noche, la madrugada del viernes, con destino a aquella estación perdida al pie de la Sierra.
Y ya era como un rumor, lejano y turbio... los bares de Huertas y Malasaña, y las interminables conversaciones de las noches opacas y tediosas.
Citas de seguridad, reuniones, y Madrid con sus problemas banales. La claudicación estéril de la "movida", los conciertos, el marco de la represión y la droga, y las barreras que no se ven... El visitante se quiso alejar por unos días, por unas pocas horas tan solo. Pero así... sin conocer a nadie, sin acompañarle nadie, y sin ir a nada concreto...
Se sentía feliz al bajar del andén y caminar hacia la pequeña población, en la suave falda del monte. Un amigo, hace tiempo le habló de de aquel lugar, sus encinares, sus cumbres nevadas y sus aldeas de piedra. Y el visitante sentía nostalgia, aunque no había estado antes en aquel lugar.
El sol de la mañana brillaba con fuerza sobre el aire fresco y tranquilo... se sentía feliz.
En la cafetería de la plaza conoció a cuatro vecinos, y al poco le dijeron que que un pastor tenía que subir al mediodía, a uno de los pastos de arriba, donde estaban su hijo y su sobrino con el ganado. Si quería dar un buen paseo, podía acompañarle.

2.

Aquel lugar era maravilloso, y muchos hombres habían preferido quedarse: cuando no puedes ver el horizonte, las luces de la ciudad te queman los ojos, y la cerveza te hace llorar.
El pastor caminaba delante, monte arriba, apretando el paso. El visitante siempre se quedaba atrás...

-Ese chico... -pensó el pastor- no sé yo lo que hace. Va siempre mirando el paisaje, y no mira bien adónde pisa... ¡Va a tropezar y se va a caer!

El pastor caminaba sin decir nada, pero el visitante se paraba a cada momento...

-¡Qué montaña tan hermosa, allá a lo lejos...!

El pastor le miró sin responder. El visitante se acordaba de Horacio y de Virgilio, mas el pastor recordaba cuántas veces tuvo que ascender a la cumbre, en medio de la nieve.

-¡Qué arroyo más hermoso, de agua limpia y cristalina!

El pastor siguió caminando sin responder. Se acordaba de tantas veces que tuvo que cruzarlo, y calarse de agua helada.
El pastor y el visitante llegaron al prado, donde esperaban el hijo y el sobrino con el ganado. Comieron en silencio... no tenían nada que contar. Al poco rato, el pastor se despidió...

-Bueno, yo me voy a quedar con mi sobrino, y mi hijo va a bajar al pueblo; así es que tú te vuelves con él. Daos prisa, no se os eche la noche encima, pero tú ten cuidado, que al bajar es más fácil tropezar. No te entretengas, y sobre todo... ¡mira donde pisas, o te vas a romper la cabeza...! Bueno, con Dios.
-Muchas gracias por todo.
-Con Dios, padre.

El visitante emprendió el regreso, recordando a los clásicos. El pastor nunca leyó a Fray Luis de León, pero sintió muchas veces la presencia de Dios en medio del silencio.
Para el visitante, aquella tierra es toda sólo belleza.
Para el pastor... aquella tierra es la fatiga, el silencio de la nada, la soledad y el frío que quema.
Sin embargo... ¿cuál es el que siente más amor por esa tierra? ¿Cuál es el que daría la vida por ella...?

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AKITA
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Mensaje por AKITA »

Hola buenos días,

Me voy de curso, Gotonpo & orientación, desde aquí deseo que continues escribiendo mas textos como hasta ahora lo hemos hecho, y seguir entrenando que es lo importante.

También dar las gracias a porky, Albar,tetsuenkai, y atodos los foreros de hispagimnasios por echarle un vistazo a este post.

Un estudiante le preguntó a Jigoro Kano:
- ¿Cuál es el secreto del yudo?.
Kano contestó:
- No dejar de entrenar nunca.

LA FILOSOFIA DEL BUDO
Todas las cosas tienen una esencia dívina interior y una maravillosa manifestación exterior. La esencia de una árbol se manifiesta en sus preciosas flores y en su foll*** abundante.

La esencia de un àrbol no se podría apreciar si no hubiera flores y hojas. Los seres humanos tienen una esencia interior dívina que no se puede ver pero se manifiesta por medio de las maravillosas técnicas de budo.

Heiho jikansho, de la escuela Kajima Shinto

¡ Qué cerca está la verdad,
y sin embargo se busca lejos!
Como el que está en el agua grita: ¡Tengo sed!
Como el hijo del rico que vaga en la indigencia.

Hakuin Ekaku Zenji (1685-1768)

¡Qué tarde empecé a amaros, oh belleza tan antigua y tan nueva!
¡Qué tarde empecé a amaros! Estabáis dentro de mí, pero ¡ay! yo mismo estaba fuera de mí, y era en ese fuera donde os buscaba.

San Agustín


"Se vive en el olvido, se vive en el sueño",
decían los antiguos. El Zen trae la luz a nuestra existencia. Nos ayuda a ver a nuestro ser verdadero, y al Infinito en nosotros...

Sentencia Zen

Un saludo a todos :wink:
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AKITA
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Mensaje por AKITA »

Hola buenos días,

Me voy de curso, Gotonpo & orientación, desde aquí deseo que continues escribiendo mas textos como hasta ahora lo hemos hecho, y seguir entrenando que es lo importante.

También dar las gracias a porky, Albar,tetsuenkai, y atodos los foreros de hispagimnasios por echarle un vistazo a este post.

Un estudiante le preguntó a Jigoro Kano:
- ¿Cuál es el secreto del yudo?.
Kano contestó:
- No dejar de entrenar nunca.

LA FILOSOFIA DEL BUDO
Todas las cosas tienen una esencia dívina interior y una maravillosa manifestación exterior. La esencia de una árbol se manifiesta en sus preciosas flores y en su foll*** abundante.

La esencia de un àrbol no se podría apreciar si no hubiera flores y hojas. Los seres humanos tienen una esencia interior dívina que no se puede ver pero se manifiesta por medio de las maravillosas técnicas de budo.

Heiho jikansho, de la escuela Kajima Shinto

¡ Qué cerca está la verdad,
y sin embargo se busca lejos!
Como el que está en el agua grita: ¡Tengo sed!
Como el hijo del rico que vaga en la indigencia.

Hakuin Ekaku Zenji (1685-1768)

¡Qué tarde empecé a amaros, oh belleza tan antigua y tan nueva!
¡Qué tarde empecé a amaros! Estabáis dentro de mí, pero ¡ay! yo mismo estaba fuera de mí, y era en ese fuera donde os buscaba.

San Agustín


"Se vive en el olvido, se vive en el sueño",
decían los antiguos. El Zen trae la luz a nuestra existencia. Nos ayuda a ver a nuestro ser verdadero, y al Infinito en nosotros...

Sentencia Zen

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porky
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el aspid

Mensaje por porky »

EL ÁSPID Y LA ESFINGE


1: EL ÁSPID

Los preparativos de la expedición ya están casi terminados, y la nave real, grande y negra, con la vela cuadrada teñida de púrpura, ya aguarda aparejada en el puerto. En el fondo de sangre de la vela, se despliega su Emblema... un gran Áspid Negro con las fauces abiertas.

-Todos te estamos esperando, sólo quedas tú y los tuyos. Tu nave ya está armada y dispuesta, con el Áspid Negro en la vela.
-Sé que no he de volver. Nuestra empresa está maldita por el Destino.
-Tu pueblo te ha nombrado Rey para la guerra, y debes ir al frente de todos... ¿acaso tienes miedo?
-Nunca he tenido miedo, no es eso...
-Te hicieron Rey y te cubriste de gloria en el sitio de Tebas. ¿Acaso preferirías vivir oculto e ignorado...-?
-Está escrito que debo partir, pero está también escrito que no voy a regresar. No tengo miedo, pero sé que voy a morir y mi corazón está lleno de tristeza.


Odiseo era uno de los pocos hombres en quien el joven Akiles podía confiar.
Un combatiente experto. Cínico y cruel, pero lleno de afecto y sinceridad con sus allegados.

-Todos vamos a morir, antes o después.
-Yo soy inmortal, llevo la sangre de los dioses.
-Eso te han dicho. Aunque también han dicho que vas a morir, luego alguien se equivoca. Siempre será incierto el Futuro... pues el Presente es lo único que tú puedes tener como real. Todos, incluso los dioses, están en las manos del fatal Destino. Olvida tu tristeza, lo que tenga que ocurrir, ocurrirá.
-Pero... ¿por qué tengo yo que morir, y por qué tienen que morir mis hombres?
-Esta guerra la empezaron los Pueblos del Mar, ellos y no nosotros. Han atacado nuestras aldeas y nuestras naves, y nos impiden el paso a los puertos del Este.
-¿Por quién hemos de morir....? ¿por el Rey Agamenón, ese borracho fanfarrón y cobarde-? Yo no le elegí como jefe de toda la expedición.
-Vamos, eso ya se decidió en su momento.
-No veo qué gloria hemos de conseguir. Sobre todo, por ese Menelao, ese miserable cornudo, indigno de llamarse hombre, y por esa mala mujer...
-Yo no voy a luchar por una mujer de mala fama, sino por todas las mujeres de mi pueblo, por las mujeres de las aldeas que ellos han atacado en nuestras costas. Violadas, asesinadas, vendidas... ¡nunca lo olvides, Akiles!


A la tarde celebraron en el campamento un encuentro de lucha. El último combate fué aparentemente desigual: la lucha entre un Áspid y un León...
El primer atleta era un joven ágil y rápido, auriga de uno de los carros. Su contrario era un hombre grueso y brutal, capitán de un escuadrón de hoplitas, que le doblaba ampliamente en años y peso.
El León intentó coger al Áspid varias veces, pero el Áspid se zafaba siempre en el último instante.
Al final, el hoplita sujetó fuertemente al auriga por la espalda, pasando los brazos bajo los del otro y juntando las manos en la nuca de su oponente. La llave mortal. El gigante presionó brutalmente hacia abajo, y las vértebras del joven crujieron a punto de romperse.
Pero en el último momento, el auriga cedió ante la fuerza y se agachó hincando una rodilla en tierra... así proyectó limpiamente sobre los hombros a la enorme mole.
El hoplita voló pesadamente, golpeó con todo su dorso en la tierra y perdió el sentido.
Todos los presentes aplaudieron el triunfo del joven auriga. Todos menos Akiles, que le contemplaba fascinado.
¡El Áspid ha vencido al León!
Sí, el valor de un hombre puede enfrentarse al Destino: puede romper la maldición, y burlar el lazo de las sombras.
Ya ha vencido su miedo...

-Decidle a ese joven, que antes de la cena se presente a mí. Esta noche está invitado a compartir nuestra mesa.

Al llegar la noche, antes del banquete, Akiles pasó revista a sus tropas.
Los ágiles marineros, los pesados hoplitas cubiertos de bronce, los arqueros bárbaros, y los carros... sobre todo sus carros, con los ejes armados de cuchillas afiladas.
Se llenó de confianza al ver sus naves negras perfectamente aparejadas, y sobre todas ellas la nave real, con su vela cuadrada de púrpura, color de la sangre... y sobre el fondo de sangre, su Emblema, su enorme Áspid Negro con las fauces abiertas...
Sí, el valor de un hombre puede enfrentarse al Destino: puede romper la maldición, y burlar el lazo de las sombras.
Ya ha vencido su miedo...

-No moriré. Llevo la sangre de los dioses, y fuí bañado en las aguas del Estigia. La Parca ya no podrá cortar a su antojo el hilo de mi vida... ¡No moriré...!

Mas las olas del mar ahogaron la respuesta:

-¡Ay de tí, mortal! ¡Ay de tu soberbia...!

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porky
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Mensaje por porky »

EL ÁSPID Y LA ESFINGE

2: LA ESFINGE


Ya ha vencido su miedo, y sólo le resta vencer su soberbia.
Se han apagado las hogueras y los cantos, y Akiles reposa en la oscuridad de su tienda.

-¡Eh, escúchame...!
--¿Qué quieres de mí? ¿Quién eres tú?
-No puedes verme... sólo escúchame: soy la Esfinge.
--No puede ser... ¡tú estás muerta! Edipo ya te mató.
-Edipo sólo mató a su propia Esfinge... Yo soy la Tuya. Soy tu propia Esfinge, la Esfinge de Akiles.
--¿Y qué quieres de mí?
-Soy Tu Pregunta, la pregunta que hay que responder antes de atravesar los distintos niveles de la existencia. Yo soy la pregunta que se hacen todos los hombres, la pregunta más angustiosa... la pregunta de la propia Identidad. ¿Qué es el Hombre? ¿Quién eres Tú?
--El Hombre... El ser que primero camina con cuatro piernas, luego con dos, y luego con tres. Edipo ya contestó a esa pregunta.
-Edipo acertó sólo el objeto de la respuesta, pero no supo explicar el motivo de su respuesta. Edipo dijo que el niño camina a cuatro patas, el hombre con dos piernas, y el anciano con tres, contando el bastón; es cierto... Mas las Edades del Hombre son tan sólo una forma superficial, un mero aspecto temporal, y no la Identidad profunda del Hombre. Edipo creyó responder bien a la pregunta, pues dio la respuesta correcta, pero se engañó a sí mismo con una explicación falsa.
--¡Yo ya conozco quien soy!
-El Destino del Hombre está escrito en su propia Identidad. Edipo no conocía su propia Identidad, y por eso su Destino se volvió contra él. La Esfinge de Edipo le dio la Pregunta, mas yo te daré la Respuesta... El Hombre tiene cuatro piernas, pues nace de los cuatro elementos de la Tierra. Tiene luego dos piernas, cuando elige entre el Bien y el Mal, entre su deber y su ambición. Y por último, tiene tres piernas, pues al final de su vida recibe su retribución: puede alcanzar la inmortalidad, puede volver a nacer, o puede regresar a la nada.
--¡Yo ya soy inmortal, llevo la sangre de los dioses!
-Tu Destino es morir en la guerra. No olvides que hasta los mismos dioses están sujetos al Destino...
--Fui bañado en el Río del Olvido, y las armas de metal no pueden cortarme.
-Debes afrontar tu Destino, pues ya está escrito que debes morir. Debes recordar que tu Identidad es tu pueblo.
--¡Es tan absurdo, morir para no sacar nada...!
-Olvida tu ambición y cumple con tu deber, pues tú te debes a ellos. Son tu pueblo y te han aceptado como si fueras de su sangre; llevas sangre de dioses, pero tu pueblo es tu orgullo. Hasta hoy les has sido fiel, te hicieron Rey y luchaste en el sitio de Tebas... al volver de la guerra, muchos de tus hombres no volvieron, y en los ojos de sus familiares había un reproche para tí cuando volviste vivo y lleno de gloria. Cuando mueras por ellos, serás entonces uno más de ellos.
--Es cierto...
-Vas a morir para ser inmortal, pues tu nombre vivirá para siempre. Los hombres deben vivir cuando hay que vivir, y deben morir cuando hay que morir. El mayor valor es el de seguir viviendo cuando la vida sea espantosa. Tú serás inmortal, porque tu recuerdo siempre les infundirá valor a los hombres.


Ya ha vencido su miedo, y ya ha vencido su soberbia.
El día siguiente, la nave real desplegó la vela púrpura con el Áspid Negro, y partió con la marea.

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Raidex
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Mensaje por Raidex »

sólo 2 cosas:
Akita:estas historias son tuyas todas?
porky:has escrito un libro no?por lo tanto tambien son tuyas no?
me descubro.seguid escribiendo.llevo toda mi vida escribiendo y me encanta ver cómo alguien transmite la sabiduria que ha obtenido y la aplica para que la obtengan los demas.es un ejemplo
gracias,raidex 8)
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AKITA
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Mensaje por AKITA »

Hola buenas tardes,

RAIDEX; Solo 2 cosas:
1ª.- Qué importa si son nuestras o no ? Lo importante es que desde hace mucho, mucho tiempo que los antiguos maestros ya escribian estos textos para transmitirlos a sus discípulos.

2º.- Estos textos no son mios, son de gente que se preocuparan en escribir libros sobre estos antiguos maestros. Y lo que le pertoca a PORKY, él sí ha escrito un libro o más no los se, de su propia cosecha.

LA PERLA DEL VIENTO
Esta historia es ahora del pasado. Hace muchísimos siglos, el rey de un minúsculo estado tenía un solo hijo. HA-XIN era un príncipe hermoso y bien plantado, valiente, servicial y de carácter amable, pero tenía un grave defecto. Era lento, indolente, indeciso. Siempre era el último en las carreras, las justas, los torneos y las fiestas de la corte. Cuando el gran chambelán, el padre de la muchacha a la que amaba, organizaba todos los años el baile de la cosecha, dejaba que sus rivales se le adelantaran. Y la deliciosa LING-FANG, de cabello negro de azabache, nuca de leche y ojos llenos de estrellas, danzaba toda la noche con otros.

Todo esto a la larga entristeció tanto a HA-XIN que éste decidió ir a pedir ayuda al dios de la montaña. Partió a caballo y viajó largo tiempo. Pasó por mil peligro y atravesó noventa y ocho montañas.Finalmente llegó ante la montaña que hacía noventa y nueve. Sus laderas eran tan escarpadas que tuvo que bajar del caballo y trepar asiéndolo de la brida. Al llegar a la cumbre descrubrió a una anciana que hilaba bajo un inmenso pino:

-¿Qué buscas, extranjero?- le preguntó la anciana.

-Vengo de muy lejos, honorable anciana- dijo con su cortesía habitual- para consultar al dios de la montaña y solicitar su ayuda.

-Ve hasta la cascada, grita tres veces el nombre de Yuta y el dios aparecerá.

HA-XIN obedeció, se situó frente a la cascada y gritó tres veces:

-¡Yuta,Yuta, Yuta!

-¿Qué quieres de mi?- rugió una voz potente, y un anciano colosal se materializó delante de él; su cráneo tocaba las nubes y su barba blanca descendía hasta el fondo del valle. Ante esa visión, HA-XIN tembló de espanto, pero habló con valor:

-Oh noble Yuta, me aflige un grave defecto: soy lento, indeciso e indolente. Y todos los años, en el baile de la cosecha, mis rivales se me adelantan. Mi amada, la incomparable LIN-FANG siempre danza con otros.

-Príncipe HA-XIN- dijo el dios de la montaña- veo que tu corazón es sincero, voy a concederte lo que pides, pero procura hacer buen uso de ello.

Diciendo estas palabras sacó de debajo de su vestido un grano muy pequeño, no más grande que un grano de arroz:

-Esto es la "perla del viento", bastará con que te la pongas en la boca y correrás tan rápido como el céfiro más veloz.
Y el dios de la montaña se disipó por los aires como una humareda.

El príncipe HA-XIN regresó a su reino con el corazón lleno de esperanza. Guardaba celosamente la "perla del viento" en un saquito oculto en su pecho. Finalmente llegó el otoño, y con él el gran baile de la cosecha...

Continuará...

Un saludo
Buffu ikkan
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albar
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Mensaje por albar »

BUSHIDO


Jin (Compasión)


Los pétalos del cerezo caían lentamente sobre el mantillo verde del
césped en el jardín del señor Yoshinaga Takeda, quien caminaba a sus cincuenta y siete años de edad por el paseo de pizarra negra que le llevaba hasta las puertas interiores de su titánico castillo en Shizuoka. A su lado derecho Ume, su joven ahijada, quien tras la muerte del hermano mayor de ésta había quedado al cuidado del daimyo , sujetaba un quitasol sobre las rasuradas cabezas de los samurai a los que acompañaban en silencio. A la izquierda de Yoshinaga un samurai experto esgrimista, el Kensei personal del daimyo se agachaba para recoger un sakura, una de las flores de cerezo sobre el césped. Este joven había entrado al servicio de Yoshinaga hacía casi quince años y desde el tercer año de estancia, se había ganado a pulso el cargo de maestro espadero y entrenaba a los hombres de Yoshinaga a diario.

- Dime, Daisuke Tomomori- preguntaba el daimyo a su Kensei y consejero- ¿qué es para ti el Bushido ?

- Yoshinaga- tono - respondía el joven Tomomori, apoyando su brazo derecho en una rodilla y mirando a la chiquilla- el Bushido no se explica. Se vive y se siente.

Yoshinaga sonrió complacido. Ume se sonrojó con la mirada de Daisuke y apartó la suya ocultándola tras un abanico rosa pálido con el kanji de Ola escrito en él. El señor feudal se volvió y se agachó junto a su mejor amigo. Tocó el pomo de su sable con gesto intranquilo.

- ¿Qué os aflige, mi señor?- preguntó Daisuke- ¿Hay noticias del Shogun?

- Las hay, amigo mío. Las hay.- respondió algo sombrío- Tengo una tarea de importancia suma para tí. El shogun ha pedido a los daimyos que le demos su apoyo abiertamente y así derrocar definitivamente al Mikado .

- No hay problema, Tono- contestó con calma Daisuke- Siempre hemos apoyado al Shogun Tokugawa y deberíamos demostrárselo. ¿Cuál es el problema?

Yoshinaga levantó la mirada y la clavó en los ojos de Daisuke.

- Él quiere que Ume y tu vayáis a la corte de este invierno... y que permanezcáis allí hasta nueva orden- concluyó fugazmente Yoshinaga.

Por un instante, los ojos de Daisuke se crisparon en un estallido de su corazón. El Shogun había pedido su presencia en la ciudad de Edo, y él estaría complacido de demostrarle lo que sabía hacer por su señor... pero separarse para siempre de su amo le partiría el corazón. Sobre todo porque sabía que no había otra salida. Y también sabía que el amor de su señor por Ume iba a romperle el corazón. En seguida, la respuesta de Daisuke fue ejemplar:

- Tono- sama, Ume y yo haremos lo que nos ordenéis- el tono de su voz era firme y sereno, como un buen samurai debe demostrar. Ume sollozó una sola vez...


Continuará...
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AKITA
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Mensaje por AKITA »

Hola de nuevo,

Siento no haber podido acabar la istoria, pero yo también he de comer,JAJAJAJAJAJAJAJA... :wink:

La continuación aquí llega:

LA PERLA DEL VIENTO
E l príncipe estaba preparado. En cuanto sonaron los primeros compases, se puso en la boca la "perla del viento" y se lanzó hacia el estrado en el que se encontraba la deliciosa LIN-FANG, al lado de su padre. Pero corrió tan rápido, tan rápido... que pasó de largo y no consiguió detenerse hasta llegar en medio de un campo, lejos de la fiesta. Entonces volvió sobre sus pasos, pero la deliciosa LIN-FANG ya estaba danzando con un rival.
Se casó con él en la primavera siguiente. HA-XIN cayó en la melancolía y sintió que ya no le quedaba ninguna razón para vivir. Un día, desesperado, fue a refugiarse junto a un monje zen que vivía en una cueva situada a varios lis del palacio.

-Oh monje- le dijo-, no podía acercarme a mi amada porque era demasiado lento, indolente y siempre llegaba el último. Realicé un viaje peligroso, subí a noventa y nueve montañas y me enfrenté al dios Yuta.

-Éste me ofreció la "perla del viento", que me hacía más rápido que el céfiro, y tampoco pude acercarme a LIN-FANG, mi amada, de cabello negro azabache, nuca como la leche y ojos llenos de estrellas...

Tras decir estas palabras, el príncipe heredero del trono se puso a llorar...

-Noble príncipe- dijo el ermitaño-, el Zen nos enseña que no hay que comer demasiado ni demasiado poco, ni beber demasiado ni demasiado poco, ni dormir demasiado ni demasiado poco. En cada segundo de nuestras vidas hay que dar la respuesta JUSTA, todo el resto es ilusión.

El príncipe HA-XIN accedió al trono y reinó durante largo tiempo. Fue el rey más sabio que el reino conoció durante milenios. Y todavía se habla de él, en las viejas leyendas, en el corazón secreto de la China.

Un saludo
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porky
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Mensaje por porky »

Tened cuidado... a veces podemos llegar a creernos nuestras propias historias.

EL ESCALÓN

La casa de mi padre, en mi pueblo, había sido una casa de labranza con un palomar, hasta que mi padre la convirtió en un chalet. En otros tiempos nos juntábamos en el verano todos los de la familia, y llegábamos a estar hasta más de diez personas en la casa, una casa de piedra, sombría y solitaria...

-¡No piséis nunca el tercer Escalón...!
-CUANDO PISAS EL ESCALÓN CRUJEN LOS HUESOS DE LA BRUJA.
-...hace cientos de años, existió una bruja en la población, ¡la Bruja María...!


La condenaron a la hoguera, y así fue quemada viva y murió.
Pero antes de que su cuerpo se consumiera del todo, estalló una tormenta repentina, aunque el cielo brillaba sin una sola nube. Se descargó una enorme cortina de agua, que apagó toda la pira, empapando aquel cadáver medio carbonizado.
Fue imposible volverla a quemar.
Todos se llenaron de horror, porque la costumbre ordenaba arrojar las cenizas de los réprobos al viento, y los huesos calcinados y machacados al río.
No se la podía enterrar en Sagrado, ni en ningún otro sitio, pues los demás brujos estaban esperando para desenterrar sus restos, y así obtener con ellos mucho poder.

-Ni siquiera los peregrinos leprosos, que oraban en el atrio sin poder entrar en el templo...
-Ni siquiera los cuerpos de los ahorcados, que colgaban del puente y de las murallas...
-Ni siquiera las mujeres pecadoras, la adúlteras emparedadas en la cripta... tuvieron jamás un rostro tan espantoso.


El fuego habia consumido sus labios, y mostraba dos hileras de dientes negros y brillantes, entreabiertas en una horrible sonrisa. En sus ojos vacíos y abrasados brillaba todo el fuego de la maldición...
Mirar su rostro hacía perder la razón. Cuando movía sus labios carbonizados, su sonrisa traía el pánico y la locura, y los guardias que vigilaban sus restos temblaban de miedo...
Al principio les pareció que se movía, luego dijeron que intentó levantarse, llamaron al herrero y la encadenaron a la mesa donde reposaba... ¡pero las cadenas se quebraron dos veces!
La solución la encontró el Capitán de los Guardias Reales, quien ordenó que le dieran sepultura en el patio del cuartel de sus guardias. Allá enterraron a la mujer maldita, sin una lápida ni señal que indicara su tumba.
Pasaron los siglos, y de la casa del Capitán sólo nos queda una torre, que luego fue el palomar de esta casa. Nuestra torre.
Cuando hicieron esta casa, rellenaron las escaleras con escombros de la casa antigua y de su patio, y hay que tener mucho cuidado de no pisar nunca el tercer Escalón del segundo tramo.
Algunas noches, han visto a la Bruja María sacar sus brazos quemados entre los escalones... ¡para coger a quien perturbe su descanso y llevárselo!

-Incluso algunos dicen haberla visto, hace ya muchos años, andando por la escalera y los pasillos de la casa, envuelta en un sudario podrido y con toda la carne quemada hasta el hueso.
-¡No piséis nunca el Escalón...!
-CUANDO PISAS EL ESCALÓN CRUJEN LOS HUESOS DE LA BRUJA.


Mis sobrinos no se lo creían.
Una vez, SI que la vieron a la Bruja María... aunque se lo tomaron todo a cachondeo, porque decían de que era yo mismo con una colcha y una linterna.

-¡No piséis nunca el Escalón...!!!
-CUANDO PISAS EL ESCALÓN CRUJEN LOS HUESOS DE LA BRUJA.


Han pasado más de veinte años y sigo yendo allí.
Vivo en Madrid casi todo el año, pero cuando puedo me vuelvo a mi casa. Mi pueblo es el único sitio donde tengo colegas de cuando era crío.
Sobre todo voy para escribir, pues mi casa tiene aislamiento y silencio, y puedo saborear el vino junto al fuego.
Pero nunca me podré olvidar del ESCALÓN, y siempre vuelvo a sentir un estremecimiento en el silencio de la noche al pasar por ese lugar...

-¡No piséis nunca el Escalón...!!!
-CUANDO PISAS EL ESCALÓN CRUJEN LOS HUESOS DE LA BRUJA.


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albar
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Mensaje por albar »

Makoto (Sinceridad)

Daisuke instruía a los niños en el arte de la espada tras el entrenamiento al que se entregaba él todos los días a primera hora de la mañana. Los chiquillos ejecutaban los golpes con una precisión casi milimétrica pero al ver a Ume acercarse a la entrada del dojo muchos se detuvieron y otros sonrieron con ligeras y subrepticias risitas nerviosas.

- Shisei- o Tadashite! - gritó Daisuke con gesto serio.- Chudan- no Kamae! - A su orden los chavales se cuadraron en guardia media, con una rectitud envidiable. Tras unos segundos, Daisuke volvió a hablar- Seiza !- todos se sentaron sobre sus talones, en completo silencio- Jiro, acaba la clase por mi.

El chico que se encontraba en el lado más alejado de la entrada se inclinó hasta casi tocar el suelo con la frente y de forma marcial y a la vez algo cómica comenzó el ritual de finalización. Mientras los niños acababan la clase, Daisuke se acercó a la puerta para hablar con Ume.

- Konnichi-wa, Daisuke- sama- comenzó ella, inclinando su cuerpo como saludo

- Konnichi-wa, Ume-chan- sonrió el maestro- ¿Qué hacéis en el dojo ? Este no es sitio para cortesanas. - Ella sonrió avergonzada.

- Nuestro señor quiere que partamos cuanto antes y... - tuvo que dejar de hablar. Un nudo en la garganta le impedía continuar. Ninguno de los dos quería dejar a su señor y la amargura brotaba fácilmente en la joven.

Caminaron en silencio de regreso a la casa principal, donde se separarían. Él tenía que bañarse para la ceremonia del té de la tarde de primavera y ella había de preparar el cenador donde se celebraría. En esa ceremonia, Yoshinaga haría pública su decisión de dar su apoyo al shogunato, con lo que ello implicaba.

Antes de separarse, Daisuke sintió la necesidad imperiosa de decir una última frase antes de saber la resolución del señor. Se detuvieron en el porche de la casa, sobre la madera barnizada en ocre. Él miraba hacia la ladera de la montaña que asomaba al sur:

- Ume- comenzó a hablar- haciendo honor a la verdad, puede ser lo mejor para ambos, ir a vivir a la capital.

- Pero, ¿realmente te lo planteas, Dai- chan?- respondió ella con lágrimas en los ojos.

- Por supuesto. Es una gran oportunidad para ambos- concluyó, dándose la vuelta y tomando la dirección de los baños. De espaldas su figura antes orgullosa era ahora triste y grisácea. Apocada. Ume le siguió durante un rato hasta que desapareció dentro de un edificio de poca altura. ‘Está desoladamente dividido', pensaba la chica, ‘Sabe que ha de obedecer a su señor para respetar el Bushido y aún así traiciona una de sus virtudes mintiendo por él. Sufre como sólo un samurai lo haría'. Enjugando una lágrima, Ume entró en la casa de techo negro y paredes blancas y comenzó a ordenar los juegos de tazas para el Cha-no- Yu .
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