Parece como si el espectro del suicidio gravitase sobre mi existencia. Hoy he recibido una llamada al móvil de una amiga del trabajo, que me pidió que nuestra conversación fuese estrictamente confidencial. Está atravesando, desde enero del presente año, un momento delicado: fue descubierta por la familia en una relación extraconyugal con el encargado del trabajo (!) -según sus palabras, cuando lo contó a sus círculo de amigos, mantenían un romance desde hace un año-, lo cual ha propiciado que una depresión se haya adueñado de su vida. Acaba de separarse de su marido, permaneciendo de baja por esa razón; asiste a una consulta de un psicólogo para superar el bache sentimental.
De momento, ésta amiga -¿podría denominarla así?, esperad y juzgad por vosotros mismos- ha decidido irse a vivir sola, lejos de su marido y dos hijos. Pues bien, hoy me ha confesado, vía telefónica, que desea quitarse la vida con una sobredosis de medicamentos (ansiolíticos, antidepresivos, etc.) para librase del dolor que le aflige. Como sabe que perdí a mi hermano mayor por culpa de un suicidio, se ha atrevido a preguntarme si la familia sufre mucho cuando pierde a un familiar por éste tipo de muerte. Ella lo planteó de una forma sutil: ¿Puedo hacerte una pregunta personal?. Acto seguido, entre sollozos, comenzó a describir el sufrimiento que le induce a tener ideas negras.
A éstas alturas de mi exposición, supongo que os habréis percatado que mi indignación es palpable. Mi respuesta fue humanitaria: le aconsejé que hablase con su familia -aseguró que si le comentaba a su madre su deseo de suicidarse, la mataba de un susto-; que pidiese asesoramiento técnico con su psicólogo -perjuró que el psicólogo le aconsejó que una persona que hubiera pasado por el percal podría ayudarle (?)-; que pensase en su hijo menor de edad... Me tuvo una hora al otro lado del aparato...
Es obvio que después de la conversación, mi mente se quedase enturbiada por un cúmulo de contrariedades: ¿he obrado bien en mis consejos? ¿Debería llamar a su familia? ¿Será todo un medio para llamar la atención? Estoy en una tesitura: por un lado, puedo meterme en un problema, pues nadie me obliga a meterme donde nadie me llama (con tal de ignorar la conversación, ya está zanjado el asunto); por otro, en el plano legal, si llegase a cometer el suicido, la familia quizá pensase -si ve en su móvil una llamada a mi móvil- que incurrí en una omisión del deber de auxilio, pudiendo interponer una denuncia contra mí. ¿Qué opináis al respecto?
Un saludo,
Fer

