Quiero compartir una experiencia con vosotros acaecida en el día de ayer: cuando salía del cibercafé desde donde acostumbro a acceder a Internet, descubrí un ordenador vacío con un saldo suficiente para 12 minutos. Me sorprendió que algún usuario hubiese abandonado su sitio con tanta premura, así que esperé unos minutos. Visto que no había nadie, opté por sentarme y aprovechar el tiempo que otro cliente había dejado al albur de las circunstancias. Me sorprendió encontrar una ventana del Messenger abierta -que cerré inmediatamente, sin curiosear-, así como un ventana con una página dedicada a la psiquiatría. Pensé para mis adentros, que la persona que había estado minutos antes en el ordenador debía tener inquietudes médicas.
No obstante, cuando me disponía a acceder a una página web, oí una voz estentórea que exclamaba:
-Oye, pringao, pero ahí estaba yo.
-Uy, no pasa nada-respondí al instante, levántandome del sitio, y cediéndole el asiento.
Quien me interpelaba de una manera tan poco decorosa era un joven de aspecto moderno -gafas de sol, camiseta de surf, bermudas y deportivos- que continuó con su discurso:
-Como me hayas metido un virus de vas a enterar... ¿Quién c**o te mada a ti meter las narices donde nadie te manda? Voy al servicio cinco minutos y ya viene el listillo a quitarme el sitio -prosiguió con su retahía de provocaciones- ¿Fisgando en mis secretos, mamón? Di algo por ahí que te como vivo.
No respondí. Simplemente, me marché con paso seguro. Me despedí del propietario del local y marché para casa. Por el camino, iba reflexionando sobre mi actitud ante su, cuando menos, curiosa llamada de atención. Había cedido, cual resorte automático. No cabe duda que mi oportunismo no fue una buena elección. Pero ¿qué hubiera pasado en caso de que las cosas se hubieran calentado? Aquel chico parecía estar quemado -y no por circunstancias de la vida, sino por sustancias nocivas para el cuerpo-, y, en una situación de suficiente presión, hubiera llegado a las manos conmigo. ¿Actúe de forma cobarde? Creo que no. Mas exigir un trato más educado no estaría de más por mi parte en su momento.

Siempre he optado por evitar los problemas. Aunque a veces... tu ego parece salir burlado por pequeños dardos que parecen quebrar tu autoestima. Espero, en todo caso, que el sujeto no vuelva a darme problemas la próxima vez que vuelva al cibercafé.
Un saludo,
Fer




