Perdonad el aire de misterio. Es una treta para despertar vuestra curiosidad. Jejeje, soy un artero, lo reconozco. Pues veréis: lo confieso, el Taichi Chuan no ha logrado cambiar, si siquiera atenuar mi carácter. Practico éste arte marcial interno desde hace unos cuantos años, a razón de cuatro horas diarias (en la actualidad), comprendiendo ejercicios de Chi Kung, forma, tui shou, aplicaciones con compañero y combate libre (san shou).
Pensé que con su práctica lograría extirpar, de forma progresiva, mis demonios interiores, causantes en cierta medida de mi vena maligna -súbitos prontos de mal genio-, pero hoy he descubierto que, casi sin saberlo, otra vez la mala uva volvía a brotar de forma espontánea.
Fue a raíz de una llamada de una chica responsable del Departamento de RR.HH. de una empresa en la cual trabajé en el pasado, y de la cual conservo unos recuerdos negativos. Me telefoneó al móvil, pero la falta de cobertura le obligó a dejarme un mensaje en el buzón de voz. Cuando lo oí no podía dar crédito a sus palabras: se ponía en contacto conmigo para ofrecerme un puesto de trabajo. ¡Me cago en la "$%&! Después de haberme dado una puñalada por la espalda -fue la responsable de que el encargado me comunicara mi extinción de contrato indefinido por falta de trabajo-, y, a sabiendas del daño causado, fingir en su momento que no sabía nada de nada, se atreve a fastidiarme la mañana ofreciéndome un puesto de trabajo.
Antes de ponerme en contacto con ella, juré y perjuré que le diría cuatro verdades: primera, estoy contento en la empresa en la que trabajo hoy en día; segunda, el ambiente laboral de aquella empresa que tuve que dejar era insufrible; tercera, a consecuencia de la segunda verdad, no pienso volver a poner un pie en esa empresa, cuarta, no me gusta que me molesten (especialmente para reírse de mí en la cara).
Evidentemente, respiré profundamente dos veces antes de llamar, realicé unos ejercicios de Chi Kung y ¡ale hop! cogí el móvil y llamé a la citada. Le dije que sabía quién era, L., por el tono de voz del mensaje del buzón de voz -nunca olvido el timbre de voz de una @=$%-, y cuál era la razón por la cuál se ponía en contacto conmigo. Me respondió que tenía un puesto para mí. Repuse que ahora me encontraba trabajando. Y, tras unas cuantas frases hechas, terminó aquí nuestra conversación. Jejeje... ni una blasfemia brotó de mis labios.
Ni siquiera me interesó el puesto que ofrecía: por mí como si era de director general. Me importa un comino. Lo curioso del caso es que el Taichi Chuan no cambia el carácter (sigo siendo el mismo), pero si nos prepara para no perder los papeles.
Un saludo,
Fer

