El cine de Hong Kong nunca, repito, nunca dejará de sorprenderme con su multiplicidad de recursos narrativos que combinan diversos géneros para elaborar películas de primera categoría, que si bien nunca figurarán en el hit parade de las manidas listas de éxitos de taquilla de EE.UU. o Europa, constituyen referencias inexcusables para los amantes de los plantemientos estéticos innovadores, que fusionan lo mejor de las historias tradicionales que, año tras año, se dejan ver en las pantallas de la antigua colonia británica.
Por todos los adeptos al cine marcial de Hong Kong es conocida la existencia del Wuxia Pian, esto es, películas inspiradas en la añeja literatura china de los siglos XV y XVI que versan sobre las aventuras y desventuras de nobles héroes (homólogos a nuestros caballeros andantes del Medioevo), avezados en el dominio de las armas tradicionales, que luchan contra la injusticia de un grupo de tiranos que tratan de explotar, con sus leyes draconianas, a inocentes ciudadanos o campesionos. No obstante, las cualidades atléticas estos valientes guerreros alcanzan tal nivel de perfección, que son capaces de desarrollar auténticas proezas físicas, como volar entre bosques de bambú, rebasar de un salto los muros de una fortaleza, escalar paredes sin utilizar arneses, destrozar órganos internos con un solo golpe, etc., lo cual les permitirá combatir la iniquidad social que asola su mundo. Quien desee familiarizarse con el Wuxia Pian le recomiendo encarecidamente el visionado de la paradigmática Come Drink With Me (1966), la brutal One-Armed Swordsman (1967), la poética película taiwanesa A Touch of Zen (1971), la fascinante The Magic Blade (1976), la imprescindible Secret Service of the Imperial Court (1984), o, para facilitar las cosas, las recientes Hero (2002) y La Casa de las Dagas Voladoras (House of Flying Daggers, 2004)
Pues bien, este fin de semana, uno de mis tantos amigos, contagiado por la enfermedad del coleccionismo de títulos made in Hong Kong, me agasajó con una copia de Slave Of The Sword (1993), una cinta sui generis que, a primera vista, rompe con el estereotipo del Wuxia Pian ortodoxo, pues, un servidor -sin ánimo de sentar cátedra, claro está- la enmarcaría sin ningún género de dudas en la Categoría III (clasificación impuesta a aquellos títulos prohibidos a los menores de 16 años por su alto contenido en escenas de sexo, gore o violencia), aunque es imposible desligarla de los cánones más clasistas, genuinos y deudores del Wuxia Pian.

Slave Of The Sword es una producción de Hui Poi Yung, dirigida por el atrevido Chu Yen Ping, cineasta de origen taiwanés con un estilo marcadamente personal, que durante cierto tiempo gozó de la confianza de figuras señeras del cine de Hong Kong como Jimmy Wang Yu, Brigitte Lin Ching Hsia o Jackie Chan. No olvidemos sus excelentes trabajos de la década de los ochenta, Fantasy Mission Force (1982), Golden Queen Commando (1984), Burning Snow (1988), que marcaron escuela en el género de la acción moderna. A Yen Ping también se le atribuye la creación de la saga de Kung Fu Kids (1986), que con el paso del tiempo fue decayendo en calidad.
Pues bien, en 1993, tras dirigir la laureda Requital (1992), decidió embarcarse en un proyecto de presupuesto modesto, con objeto de descubrir nuevos horizontes que lo alejasen de las historias de acción trepidante. Fue así como tomó la batuta de Slave of the Sword, dirigiendo a un fabuloso elenco de actores que pertenecían al vivero más granado del campo artístico de Hong Kong. Para el papel principal escogió a la exuberante e hiperbólica Pauline Chan Bo Lin, una actriz oriunda de Shanghai, con una arrebatadora mirada lánguida e increíble físico voluptuoso, que siempre ha estado ligada a las producciones soft porn de Categoría III, pese a sus fallidos intentos por cambiar de imagen en From Beijing with Love (1994), con la estrella del momento, el Rey de la Comedia Stephen Chow, o el Wuxia Pien ortodoxo Flying Dagger (1993) -también de Chu Yen Ping, pero posterior a Slave of the Sword-; lamentablemente el 31 de julio de 2002, Pauline encontró la muerte al lanzarse desde el piso del inmueble, en el que residía con su madre y su bebé de un mes. Tenía solo 29 años.

Le acompañan Jackson Lau Hok Yin, un actor hongkonés de carácter a la par que magnífico artista marcial (ha practicado Wing Chun, Taekwondo y Kárate-Do), que es conocido dentro de nuestras fronteras por sus papeles de maestro japonés en Jet Li es el Mejor Luchador (Fist of Legend, 1994) y espía secreto en Impacto Inminente (Police Story 4: First Strike, 1996); Joyce Ngai Suk Kwan, actriz de origen taiwanés, que comenzó su carrera con Ringo Lam, en Esprit D’Amour (1983), alcanzando cierta notoriedad con Amazing Stories (1994); Max Mok Siu Chung, una de las estrellas más apreciadas en la cantera de nuevos talentos del cine de Hong Kong, que, al igual que Joyce Ngai, hizo su debú en 1983 con Holy Flame of the Martial World -su experiencia en Choy Li Fut y Kickboxing ha sabido aprovecharla a lo largo de su carrera- y Usurpers of the Emperor's Throne, siendo su capacidad versátil para dar vida a diversos personajes lo que le ha llevado a aparecer en Cristal Mágico Magic Crystal (1986), Pedicab Driver (1989), Erase una Vez en China II (Once Upon a Time in China II, 1992), Fire Dragon (1994), Star Runner (2003)...

Pero quizá el actor que más recuerdos entrañables me trae sea el inefable Chan Wai Lau, que con esta película puso punto final a una filmografía plagada de títulos como The Shaolin Avengers (1976), World Of The Drunken Master (1979), Hiena Salvaje (The Fearless Hyena, 1979), ¡quién no olvidará al maestro cojo de Jackie Chan!

Ambientada en la gloriosa Dinastía Ming, Slave of the Sword relata la historia de una exótica bailarina, Mou Lin (Pauline Chan), que tras la muerte de su padre (Chan Wai Lau), un respetado maestro de AA.MM., cae en desgracia, teniendo que mendigar por las calles para conseguir un poco de comida. En su deambular por una ciudad conoce a un temible asesino a sueldo, Yun (Jackson Lau), que, en un arrebato de piedad, le da parte de su comida.
No obstante, Mou Lin es capturada por los sicarios que mataron a su progenitor con objeto de humillarla hasta extremos infrahumanos, obligándola a prostituirse en un famoso burdel, White Villa, regentado por una madam (Joyce Ngai Suk Kwan) experta en el arte de la seducción que, sin nigún reparo en mantener relaciones sexuales con ambos sexos, inculcará a su pupila todos los trucos para volver locos de placer a todos los clientes. Sin embargo, Mou Lin logrará escapar de las garras de perversión de la dueña del prostíbulo, Hung-Yin, quien, rabiosa ante la pérdida de su mejor chica, no duda en contrartar los servicios del eunuco Jung (Max Mok Siu Chung), para que la atrape y la devuelva a White Villa. En su huida, la protagonista vuelve a coincidir con el adusto mercenario Yun, con quien mantendrá una tórrida escena de amor. Lo que no saben ambos es que son ¡hermanos! Una señal de nacimiento les revelará el terrible secreto. Pero lo peor está todavía por venir: el terrible Jung los encuentra... y tiene un trabajo que cumplir...

Slave of the Sword no es solamente una filme de Category III versión Wuxia Pian erótico. A pesar de las abundantes escenas de sexo, que incluyen números bixesuales y heterosexuales, así como torturas durante el proceso de instrucción de las jóvenes meretrices, detrás del consabido destape existe una historia melodramática teñida por el amor, sazonada por interludios de frenética violencia, coreografíada con gran maestría por el veterano Lam Man Cheung (Death Duel Of The Mantis, 1978; The Battle For The Republic Of China, 1981, Isla de Fuego, Island of Fire, 1991), que desembocan en final violento, a la altura de los mejores Wuxia Pian.
En definitiva, una película para disfrutar, en una tarde de domingo ociosa, para familiarizarse con géneros tan dispares como el Wuxia Pian y la Categoría III.
Un saludo,
Fer






