No resulta nada fácil para mí atravesar las Navidades con el talante sereno. En la empresa donde presto mis servicios, se están produciendo una serie de cambios, que, a priori, me conducen a una situación de constante crispación. Jefes déspotas, encargados ladinos, compañeros chivatos... Me cago en la mar salada. No puedes fiarte de las sombras. Por ello, en mi carta a los Reyes Magos les pediré kilos de paciencia, mucha paciencia... ¿Por qué tanto odio?
Un saludo,
Fer


