Una amiga mía tiene una vecina que termina de incorporarse al gimnasio al cual acudo semanalmente. Le ha comentado que yo también entreno en el mismo centro, aunque seamos practicantes de distintas disciplinas. Su profesor imparte Kárate-Do y el mío Taichi Chuan. No sé por qué razón los dos profesionales no son precisamente uña y carne; de ahí que le haya rogado que se abstuviese de comentarle ciertas impresiones sobre mi instructor que le he revelado en algunas ocasiones.
Como la mar de fondo está últimamente bastante agitada, por razón de ciertas rivalidades, le he enviado varios SMS recordándole que mantuviese la máxima confidencialidad con respecto a nuestra relación, pues podría soltar -las mujeres tienen facilidad para hacer confesiones entre ellas- algo de lo que le he contado, perjudicando mi relación con mi profesor si su amiguita se va de la lengua. ¿Quién no ha criticado algún aspecto de las clases de su profesor? Los tiempos han cambiado... y ningún profesional debe estar endiosado en los tiempos que corren...
Pues hete aquí que la chica se ha puesto como un basilisco, dando a entender que desconfiaba de ella, sin razón para ello, pues según sus palabras jamás había dado lugar a ninguna duda sobre su confianza, y que no se dedicaba a difundir ningún rumor sobre mí.
En fin, después de las consabidas disculpas por mi parte, ha dado por zanjado el asunto... ¿Por qué tanta susceptibilidad femenina?
Loup



