Está claro que ni siquiera los gimnasios se libran de las comidillas de las mentes biempensantes, que, a diestro y siniestro, critican las actitudes y formas de los compañeros, cuando estos no están presentes. Ayer, justo al terminar la clase de Taichi Chuan, me acerqué a la sala de musculación, con objeto de entrenar con algunos los aparatos, y, ¡hala!, dos monitoras de Step y Body Balance respectivamente, con un grupito de alumnos, se deshacían en críticas destructivas contra un chaval -que en honor a la verdad tiene un comportamiento rarito en sus clases; habla demasiado-, sin temor a que cualquiera de los presentes pudiera ir a contárselo... Patético, de verdad, patético. Está claro que aquellas personas que presumen de buen rollito son las primeras en crucificar al prójimo. Desconfiad, amigos, desconfiad... La verdad está ahí fuera...

Un saludo,
Loup


