Estoy hasta los mismísimos... Creo que voy a tener que pedir una baja por depresión. Veréis: ayer a última hora, el encargado de nuestra empresa nos reunió a todos los trabajadores de una sección, con objeto de echarnos una perorata de carácter reprobatorio por una serie de rumores sobre la calidad de nuestro trabajo que, extendidos por uno de nosotros (!), han llegado a oídos del director.
La primera reacción de los presentes fue mirarnos con perplejidad los unos a los otros. Acto seguido, por orden, fuimos explicando todos y cada uno de los procesos que, en la línea de trabajo, se siguen a pies juntillas, para alcanzar el nivel exigido por la empresa.
Pero claro, la duda ya estaba empezando a hacer estragos...

El caso es que el encargado, minutos más tarde, nos llamó, única y exclusivamente a la secretaria y a mí, a su despacho para contarnos -a modo confidencial- que los comentarios difamatorios han sido obra de un compañero, con quien, a título personal, he pasado buenos y malos momentos.
He de reconocer que mi colega e algo ladino, siendo capaz de difundir una calumnia con objeto de ascender en el escalón jerárquico de la empresa. Ahora bien, ¿merece la pena seguir manteniendo su amistad, aun cuando sea un trepa sin escrúpulos? ¿Querrá el encargado sembrar la semilla de la cizaña?
La incertidumbre se ha apropiado de mi mente... ¿Qué haríais vosotros en mi lugar?
Un saludo,
Loup




