Por cierto, que nadie se sienta ofendido, (incluso algun catalan puede esbozar alguna sonrisilla), al fin de al cabo, todos sabemos como opina el autor del texto
Creo que lo pueblerino y lo cursi no pueden convertirse en escándalo. Me refiero a la placa conmemorativa del Foro Barcelona con el nombre del Rey escrito en Catalán. «Rei Joan Carles». A mí, personalmente, me hizo gracia. Nada más divertido que la cursilería de dirección única. De haber inaugurado algún centro catalán en Madrid Jordi Pujol y figurase en la placa «Jorge Pujol», las lágrimas del victimismo habrían desbordado el cauce del Manzanares. Claro que Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, tiene una avenida en la Ciudad Condal con el nombre de «Joan de Borbó». Los apellidos son inmutables en cualquier idioma excepto en catalán. Si Plácido Domingo canta en el Liceo, lo hace «Plácid Doménec». Si Carod-Rovira no prohíbe las corridas de toros y la plaza de Barcelona contrata a César Rincón, será el colombiano «César Rincó» el que haga el paseíllo sobre el albero barcelonés. Y si el célebre jugador de canicas Iñaki Gaztelu ofrece una exhibición en cualquier playa del litoral catalán, lo hará «Ignasi Castell».
Cuando el nacionalismo se resume tanto que hasta su propio ombligo adquiere dimensiones de horizonte, suceden estas cosas. Insisto en recomendar más sonrisas y menos enfados. Si a los de «Esquerra Republicana» les desahoga referirse al Rey como «Rei Joan Carles», son muy dueños de hacerlo. Reconocen al Rey y cumplen escrupulosamente con su pueblerina cursilería. En el fondo, hay mucha ingenuidad desparramada en este tipo de decisiones. Me figuro una reunión en la cumbre con Clos, Maragall, Carod-Rovira, los hermanos de ambos y el autor de la placa, discutiendo durante horas la fórmula de la inscripción. Esa pérdida de tiempo sólo la procura el nacionalismo aldeano. ¿Indignante? Nada de eso. Ridículamente divertido.
Porque ellos realmente se lo creen, y eso es lo que concede al nacionalismo radical la ambrosía de lo pueril. Se leía en una pancarta en el estadio del Fútbol Club Barcelona: «Ronaldinho es catalá», y parecía gente seria y formal la que sostenía el trapo con tan extraño mensaje. Hombre, cada uno es de donde quiere, pero mucho me temo que a Ronaldinho no se le ha pasado por la cabeza dejar de ser barasileño. Otra cosa es que le guste vivir en Barcelona y ganar un pastón en Cataluña y España. Pero creerse que por jugar con la camiseta del «Barça» Ronaldinho es catalán sólo puede ser consecuencia de una enfermedad mental de nacionalismo agudo.
¿Conclusión? Que los del Foro son más cursis que un álbum de firmas con flores secas entre sus páginas. Que los del Foro son más aldeanos que el protagonista del «Caserío» de Guridi. Y que no hay que concederle importancia a lo que no se acerca ni a motivo de pequeña queja. Y menos mal que la Reina se llama Sofía, que se escribe y pronuncia igual en español que en catalán. De haberse llamado Leonor, tendrían que haber escrito «Elionora» y eso sí que no. Con ese nombre, la placa se les habría quedado pequeña.
Alfonso Ussia


